Los Doce autógrafos existentes de Cervantes contienen “el ADN” del escritor

Miguel de Cervantes era un hombre apasionado, inteligente, impulsivo, con gran agilidad mental y poco amante de las rutinas, como refleja el análisis grafológico de los doce autógrafos encontrados del autor del “Quijote”, reunidos ahora en una edición facsimilar.

La profesora de Paleografía, Elisa Ruiz García junto a Darío Villanueva durante la presentación de «Autógrafos de Miguel de Cervantes Saavedra», una edición facsímil conmemorativa del IV centenario de su muerte (1616-2016).LA PRENSA/EFE/Luca Piergiovanni

Miguel de Cervantes era un hombre apasionado, inteligente, impulsivo, con gran agilidad mental y poco amante de las rutinas, como refleja el análisis grafológico de los doce autógrafos encontrados del autor del “Quijote”, reunidos ahora en una edición facsimilar.

Dado que no hay manuscritos, de las obras literarias de Cervantes, la importancia de estos doce autógrafos es aún mayor porque reflejan “el ADN del Cervantes hombre”, afirmó José Manuel Lucía Megías, presidente de la Asociación de Cervantistas.

Las doce piezas, de las cuales ocho son totalmente autógrafas, mientras que las restantes lo son de forma parcial o exclusivamente por la firma, apenas “permiten entrar en los entresijos vitales o literarios de Cervantes”, pero sí muestran “la trayectoria excepcional de un hombre al que acompañó tenazmente el fracaso y que al fin de sus días, después de haberse desgastado en afanes indignos de su talento, dio a luz una obra genial”.

EDICIÓN LIMITADA
La Real Academia Española (RAE) ha presentado hoy "Autógrafos de Miguel de Cervantes Saavedra", una edición facsímil conmemorativa del IV centenario de su muerte (1616-2016). LA PRENSA/EFE/Luca Piergiovanni
La Real Academia Española (RAE) ha presentado hoy «Autógrafos de Miguel de Cervantes Saavedra», una edición facsímil conmemorativa del IV centenario de su muerte (1616-2016). LA PRENSA/EFE/Luca Piergiovanni

Esas palabras corresponden al prólogo que el director de la RAE, Darío Villanueva, ha escrito para esta edición internacional limitada de 1,616 ejemplares, autenticada con acta notarial, cuya publicación constituye “el pistoletazo de salida” de la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Cervantes.

Los doce autógrafos aparecen fechados entre 1582, el primero de ellos, y 1604, el último, y se publican ahora juntos y acompañados de un exhaustivo estudio de la escritura cervantina.

El primer documento es una carta dirigida al secretario del Consejo de Indias de Lisboa, en la que Cervantes confiesa su “decepción” por no haber visto “atendida su solicitud de un puesto en la Administración de las Indias”.

En los diez documentos que siguen, se habla “de las fatigas, de los sinsabores e, incluso, de las miserias que, entre 1588 y 1591, Miguel de Cervantes hubo de sufrir por tierras andaluzas como comisario real para el aprovisionamiento de las galeras de Su Majestad”, añade Villanueva.

Y en el último, fechado en Valladolid, en julio de 1604, Cervantes solicita al rey “licencia y privilegio por veinte años para poder publicar El ingenioso hidalgo de la Mancha”, según el título que figura en dicho texto.

Los tres autógrafos que hay en Filadelfia (EE.UU.) desaparecieron de España en el siglo XIX, probablemente sustraídos de Simancas en la invasión francesa o “desgajados” de ese archivo, como decía hoy con prudencia Elisa Ruiz García, catedrática emérita de paleografía.

Para preparar la edición facsímil, Elisa Ruiz se desplazó a Filadelfia y allí comprobó que uno de los autógrafos estaba incompleto. Al volver a España, la paleógrafa encontró en Simancas, “por un golpe de suerte”, el fragmento que faltaba.

LA PRENSA/EFE
Edición facsímil conmemorativa del IV centenario de su muerte (1616-2016).LA PRENSA/EFE/Luca Piergiovanni

Si José Manuel Lucía hablaba con emoción de «las huellas cervantinas» que hay en estos doce autógrafos, Ruiz García explicaba el tipo de escritura «pausada, cuidada y elegante» de Cervantes, que escribía en «letra bastarda», la preferida de la época, y que salpicaba el texto de «mayúsculas inmotivadas».

El académico Juan Gil ha estudiado a fondo la ortografía de Cervantes en estos autógrafos, de los que se desprende «la llaneza» con que escribía.