La chocante trama de “La Habitación” viene directamente de la novela de Emma Donoghue, pero también de las noticias. Aún tengo fresco en la memoria el caso de Ariel Castro, un hombre de Cleveland, Ohio. Por más de diez años mantuvo secuestradas a tres jóvenes, confinadas por separado en cdiferentes cuartos de su casa, sin que cada una supiera la existencia de las otras. Al menos, hasta que una de ellas escapó en mayo del 2013 y alertó a las autoridades.
Este escenario de pesadilla refleja el predicamento de Joy (Brie Larson). Ella vive encerrada en un pequeño cuarto, hermético y aislado acústicamente, con un pequeño tragaluz como única ventana. Es el único mundo que conoce su hijo Jack (Jacob Tremblay), de cinco años. Su edad delata la duración del encierro impuesto por “el viejo Nick” (Sean Bridgers), el secuestrador que también abusa de ella. Durante sus visitas diarias, Jack se esconde en el closet. De hecho, Nick no puede verlo. Es la única concesión del hombre con la cautiva.
El director Lenny Abrahamson asume el punto de vista de Jack para introducirnos en esta realidad aberrante. Eso sirve para limar las asperezas de la situación, y dejar que los parámetros del horror se manifiesten paulatinamente. Trabajando con el cinematógrafo Danny Cohen y el editor Nathan Nugentt, Abrahamson consigue construir un mundo virtual dentro de los confines de la habitación. Puede experimentar la claustrofobia de la madre, pero también el sentido de normalidad de la criatura que no conoce nada más que este espacio.
Las narraciones en off de Jack siempre están acompañadas de composiciones musicales de melosos arrebatos, con un piano insistente. Podría jurar que incluso le aplicaron un filtro de eco a la voz del niño. La idea es reconfortar al espectador, o no incomodarlo demasiado con los parámetros del suplicio de Joy, sometida a violencia física, sexual y psicológica. Jack nos habla seguro, desde una especie de futuro, para telegrafiarnos la idea de que todo va a salir bien.
Una vez que la acción se traslada fuera del cuarto, las circunstancias de los personajes cambian radicalmente. El balance de poder entre madre e hijo se desestabiliza. Joy no puede lidiar con el stress post-traumático, mientras que Jack lucha por entender como funciona el mundo real, y cual es su lugar en él. El niño se vuelve una especie de sabio emocional. Gana fortaleza a medida que la madre se desmorona. Larson es excelente en su papel. Me siento ligeramente estafado porque debe ceder escenario a Tremblay. Joan Allen y William H. Macy ofrecen sólidas actuaciones, como los padres que no saben lidiar con el regreso de su hija. Quizás la mejor escena delata como el padre no puede aceptar al nieto por ser el fruto de la violación a su hija. Todo eso, sin decir una sola palabra.
La cámara retrata con extrañeza los ambientes banales que Jack y Joy ocupan, en franca congruencia con la mente del niño que los encuentra por primera vez. El escenario de clase media es vívido y convincente. Pero la consideración de Abrahamson ante los sentimientos del público termina saboteando las posibilidades dramáticas. No puedo evitar pensar que había hecho con este material un director más ambicioso y despiadado, un Michael Haneke o un David Cronenberg. Probablemente resultados sería intolerable, pero más honesto. Pero ese filme no existe. “La Habitación”, a como es, merece atención por la revelación de Larson, merecidamente nominada a un Óscar. Por lo demás, se siente como una oportunidad perdida.
