A propósito de zancudos

En Nicaragua se les llama zancudos a los políticos que chupan la sangre del pueblo colocándose en puestos públicos solo para lucrarse del presupuesto nacional.

El zancudo, se dice en el Diccionario del Español de Nicaragua del académico Francisco Arellano Oviedo, es “el diputado conservador surgido en las elecciones de 1957”. Se refiere a que en 1955, después de que el Partido Conservador rompió el pacto que tenía con el partido liberal somocista, la oposición formó una alianza llamada Frente Defensor de la República para participar en las elecciones de 1957. Pero en septiembre de 1956 el dictador Anastasio Somoza García fue asesinado y la oposición decidió abstenerse en vista de que la sangrienta represión somocista hizo desaparecer las escasas garantías electorales.

Entonces, animado por la dictadura surgió un grupo conservador colaboracionista que propuso a Edmundo Amador como candidato presidencial, y a los diputados que la dictadura le dio como premio la gente los llamó “zancudos”. Desde entonces así son calificados aquellos políticos que participan en elecciones amañadas solo para hacerle el juego a la dictadura de turno, recibiendo como premio algunas diputaciones y otras prebendas.

Pero no todos los que participan en elecciones que no son justas y limpias, y que consiguen diputados, merecen ser llamados zancudos. Esto lo puso en claro el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, a quien nadie puede acusar y ni siquiera insinuar que fuera un pactista, colaboracionista con la dictadura o político zancudo.

El hecho histórico es que la oposición agrupada en la UNO, participó en las elecciones del 5 de febrero de 1967 a pesar de la represión que siguió a la matanza del 22 de enero y que no habían garantías electorales ni derechos políticos en general. El general Anastasio Somoza Debayle se impuso mediante el fraude electoral pero la oposición obtuvo varios diputados y senadores: conservadores, socialcristianos y liberales independientes.

Hubo quienes calificaran injustamente como zancudos a los legisladores conseguidos por la oposición, por lo cual el doctor Chamorro Cardenal publicó el 1 de abril de 1967 un editorial de LA PRENSA en el cual aclaró que “los diputados y senadores de la Oposición no pueden ser llamados curuleros ni zancudos, porque fueron verdaderamente y legítimamente electos por el pueblo en las elecciones del 5 de febrero”.

Los zancudos —dijo el Mártir de las Libertades Públicas—, eran los diputados liberales que ocupaban curules que pertenecían a la oposición pero le fueron arrebatadas por el fraude electoral somocista.

Trasladado a la situación actual eso significa que los diputados de la oposición, del PLI y el MRS, no son zancudos como les dicen algunos. Ellos fueron elegidos por el pueblo en las votaciones de 2011 en la cual debido al fraude la oposición perdió por lo menos otros 15 diputados. De manera que los zancudos son realmente los diputados orteguistas que ocupan las curules que le robaron a la oposición. Zancudismo no es participar en una elección aunque no sea justa ni limpia. Zancudismo es participar solo para hacer el juego a la dictadura. Zancudismo es ir al parlamento no para denunciar a la dictadura, sino para apañarla a cambio de prebendas.

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