Papa Francisco pide un México sin emigrantes ni “traficantes de muerte”

El papa Francisco pidió construir un México donde no se tenga que emigrar para buscar una vida mejor o se muera a manos de los "traficantes de la muerte", en su mensaje tras el rezo del Ángelus en la localidad mexicana Ecatepec.

El papa Francisco durante la celebración de la misa en la localidad de Ecatepec, México.l LA PRENSA/AFP/ALFREDO ESTRELLA

El papa Francisco pidió construir un México donde no se tenga que emigrar para buscar una vida mejor o se muera a manos de los «traficantes de la muerte», en su mensaje tras el rezo del Ángelus en la localidad mexicana Ecatepec.

Desde la explanada del Centro de Estudios de este municipio, donde existe un alto nivel de marginación y violencia, Francisco invitó a los mexicanos a «estar en primera línea y participar en todas las iniciativas que ayuden a hacer de esta bendita tierra mexicana una tierra de oportunidad».

Una tierra, «donde no haya necesidad de emigrar para soñar; donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar; donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos», dijo el papa.

«Una tierra que no tenga que llorar a hombres y mujeres, a jóvenes y niños que terminan destruidos en las manos de los traficantes de la muerte», clamó Francisco ante las más de 300.000 personas que acudieron a la misa.

En este mensaje, el primero dirigido al pueblo mexicano, Francisco les instó a que pidan a la Virgen de Guadalupe que les ayude «a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres».

Y para que «ninguna periferia se prive de su luz», agregó.

También, Francisco les instó a dar gracias por sus culturas, por sus lenguas y tradiciones.

Y les invitó a poder mirar a sus hijos sabiendo «que heredarán no sólo una tierra, una lengua, una cultura y una tradición, sino que heredarán el fruto vivo de la fe que recuerda el paso seguro de Dios por esta tierra».

Uno de los momentos más emocionantes de su intervención fue , cuando aseguró: «esta tierra tiene sabor gaudalupano», un mensaje que propició unos espontáneos aplausos de la multitud.

Ubicado en la periferia de la capital mexicana, Ecatepec es el municipio más poblado de México y uno de los más pobres y más violentos.

En 2014, triplicó, con una cifra de 35.9 homicidios por cada 100,000 habitantes, la media nacional, y se situó entre las primeras posiciones de los municipios con mayor número de extorsiones, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

Asimismo, el año pasado se declaró la Alerta de Violencia de Género (AVG) por la preocupante escalada de feminicidios.

 

El papa Francisco en su recorrido rumbo a la misa en Ecatepec, México. LA PRENSA/AP/Enric Marti

“CON EL DIABLO NO SE DIALOGA”

“Con el demonio no se puede dialogar. Solo la palabra de Dios lo puede derrotar” dijo en su homilía el pontífice, ante los miles de feligreses católicos, donde también denunció cómo el comportamiento del hombre crea «una sociedad de pocos y para pocos», en la multitudinaria misa que celebra en Ecatepec, un municipio mexicano con un alto nivel de marginación y de violencia.

En el área campestre del centro estudios de Ecatepec se concentraron cerca 300,000 personas para escuchar al pontífice, quien habló en su homilía de que el sueño de Dios «está continuamente amenazado por el padre de la mentira, por aquel que busca separarnos, generando una sociedad dividida y enfrentada».

Lo que crea, dijo, «una sociedad de pocos y para pocos».

Comenzó su sermón recordando que ha comenzado el tiempo de Cuaresma, que precede la Pascua, y que «es un tiempo especial para recordar el regalo de nuestro bautismo, cuando fuimos hechos hijos de Dios».

«La Iglesia nos invita a reavivar el don que se nos ha obsequiado para no dejarlo dormido como algo del pasado o en algún cajón de los recuerdos e invitó a en este periodo a «recuperar la alegría y la esperanza que hace sentirnos hijos amados del Padre».

Por eso el papa también se refirió al sufrimiento de cuando «experimentamos en nuestra propia carne, o en la de nuestra familia, en la de nuestros amigos o vecinos, el dolor que nace de no sentir reconocida esa dignidad que todos llevamos dentro».

«Cuántas veces hemos tenido que llorar y arrepentirnos por darnos cuenta que no hemos reconocido esa dignidad en otros», exclamó.

Y agregó: «Cuántas veces -y con dolor lo digo- somos ciegos e inmunes ante la falta del reconocimiento de la dignidad propia y ajena».

Por ello, indicó que la «Cuaresma es tiempo para ajustar los sentidos, abrir los ojos frente a tantas injusticias que atentan directamente contra el sueño y proyecto de Dios».

También citó las tres tentaciones que rompen, dividen la imagen de Dios: La riqueza, la vanidad y el orgullo.

 

Miles de personas se reúnen en el Centro de Estudios Superiores en el municipio mexicano de Ecatepec, donde el papa Francisco oficiará una misa multitudinaria. LA PRENSA/EFE/José Méndez

Sobre la riqueza dijo que «adueñándonos de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan sólo para mí». «Es tener el pan a base del sudor del otro, o hasta de su propia vida. Esa riqueza que es el pan con sabor a dolor, amargura, a sufrimiento».

Y añadió: «En una familia o en una sociedad corrupta es el pan que se le da de comer a los propios hijos».

Mientras que también criticó «la búsqueda de prestigio con base en la descalificación continua y constante de los que no son como uno».

«La búsqueda exacerbada de esos cinco minutos de fama que no perdona la fama de los demás, haciendo leña del árbol caído», lamentó.

La tercera tentación que nombró fue «el orgullo», el «ponerse en un plano de superioridad del tipo que fuese, sintiendo que no se comparte la vida común de los mortales».

Por ello, Francisco recordó a los fieles que los católicos han «optado por Jesús y no por el demonio», aunque «no es fácil».

«Nos lo tenemos que meter en la cabeza con el demonio no se dialoga porque sólo la fuerza de la palabra de Dios le puede derrotar», agregó improvisando sobre el discurso escrito.

«Sabemos lo que significa ser seducidos por el dinero, la fama y el poder. Por eso, la Iglesia nos regala este tiempo, nos invita a la conversión con una sola certeza».

Y a la multitud que se concentró en Ecatepec les invitó a repetir tres veces: «Tú eres mi Dios y en ti confío».

El pontífice llegó a la localidad de unos 1.6 millón de habitantes un día después de lanzar críticas contra los caminos que llevan al narcotráfico y la corrupción y demandar a la jerarquía católica que se involucre más con la gente para enfrentar las tentaciones del crimen organizado y no quedarse en condenas «genéricas».

La visita del papa Francisco en Ecatepec inaugurará el segundo día de visita del pontífice en México. LA PRENSA/EFE/José Méndez

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