Humberto Castilla-Toledo

FDN: el nuevo partido de la Contra

Para nadie es un secreto que el año 2015 fue de grandes movilizaciones para nuestros campesinos —llamados despectivamente por algunos medios oficialistas como los “botas de hule”—, quienes, ante la amenaza de ser de nuevo confiscados masivamente por el señor Daniel Ortega, decidieron dirigirse hacia los cuatro puntos cardinales de nuestro territorio nacional gritando, al unísono, que aquí nadie tiene miedo y que la propiedad privada debe ser respetada.

Ello nos demuestra, una vez más, que en Nicaragua los habitantes de las zonas urbanas podrán proponer, pero que es la gente del campo la que verdaderamente dispone. Es decir, tal como sucede con los ancianos que encarnan los principios morales en una familia, históricamente han sido nuestros campesinos quienes han dado el ejemplo de dignidad que los demás nicaragüenses debemos seguir. Por ello es justo decir que, en nuestro país, al hablarse del campesinado, nos estamos refiriendo a los depositarios mismos de la “reserva moral” que ha resguardado, generación tras generación, nuestra esencia como nación.

Es por ello que, frente a los excesos del directorio nacional de FSLN durante los años ochenta, el “supremo recurso de la rebelión” (tal como lo denomina el Preámbulo de la Declaración Universal de los DD. HH.), se materializó mayoritariamente entre la clase campesina en los lugares más recónditos de Nicaragua. Dicho levantamiento fue el que dio origen a la Resistencia Nicaragüense.

Precisamente, si hubo un contraste entre los guerrilleros sandinistas de los años setenta y los comandos contras de los ochenta, es que los primeros existieron en números más reducidos, su naturaleza fue conspirativa y su frente de batalla eminentemente urbano; mientras que los segundos fueron mucho más abundantes en cantidad, su razón de ser defensiva y su presencia mayoritariamente rural.

Una vez terminada la guerra civil de la década de los años ochenta, la también llamada Contra renunció a las armas confiando en unos acuerdos internacionales que supuestamente garantizarían la seguridad personal de sus desarmados y además el establecimiento definitivo del Estado de Derecho en Nicaragua. Con tal propósito, el comandante Enrique Bermúdez, luego de liderar dicho ejército irregular, se separó de su máxima dirigencia militar como gesto que abonara a la paz entre los nicaragüenses y en vista de que él consideró que su misión había sido cumplida con la elección de la señora Violeta Barrios de Chamorro como presidenta de Nicaragua. Sin embargo, el ingeniero Bermúdez fue asesinado a mansalva el 16 de febrero de 1991, siendo un secreto a voces que los mismos enemigos suyos (que se habían comprometido a respetar la vida ajena y la paz entre los nicaragüenses) fueron los responsables de su vil ejecución.

Por ello, considerando que las dirigencias de los partidos políticos opositores carecen de la más mínima incidencia, que el modelo político está agotado y tomando en cuenta que la Contra jamás renunció a ser beligerante políticamente, hoy tanto antiguos miembros como nuevos simpatizantes estamos asumiendo la responsabilidad histórica de darle continuidad a la lucha por la democratización de Nicaragua, en esta ocasión a través de la vía cívica. Y precisamente se ha decidido hacerlo retomando el nombre de Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), que fue la denominación con que precisamente nació el otrora ejército campesino de la Resistencia Nicaragüense.

Por esto puedo asegurar, en el 25 aniversario de la muerte del comandante 3-80, que podrán haber matado su cuerpo pero jamás los ideales que lo guiaron en su lucha; y precisamente será de la mano de los “botas de hule” (nuestra reserva moral como nación) que estaremos iniciando, organizadamente, el rescate de la verdadera democracia que tan elusiva ha demostrado ser a la nación nicaragüense.

El autor es secretario Nacional de Juventud FDN.

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