El despertar de los volcanes

Por primera vez desde que existen registros, en Nicaragua hay cuatro volcanes activos simultáneamente. El suceso intriga a expertos, atemoriza a vecinos y plantea varios escenarios posibles.

Volcán Momotombo, Momotombo, volcanes de Nicaragua

El volcán Momotombo, entró en erupción el dos de diciembre de 2015. LA PRENSA/Oscar Navarrete

Entre el volcán Telica y el Masaya hay 120 kilómetros, cuatro departamentos, la capital Managua, la excapital León, docenas de carreteras y poblados, y si no de desasosiego, al menos un sentimiento generalizado de asombro, acompañado por una que otra pregunta. Y es que los volcanes mencionados, además del cerro Negro y del Momotombo —ubicados entre los dos primeros—, presentan actividad de forma simultánea desde hace una semana. Un fenómeno raro para la cuenta del tiempo de los humanos pero no tanto para la cuenta del tiempo del planeta, según afirman expertos, y que solo podría afectar gravemente a la población nicaragüense si el peor escenario posible acontece.

Comencemos justamente por ahí: la Laguna de Apoyo es un atractivo turístico que comparten los departamentos de Granada y Masaya. Es un laguito redondo de unos seis kilómetros de diámetro y de abundante belleza natural. Sin embargo, hace 23 mil años para el hombre, equivalentes a un santiamén para la Tierra, Apoyo era un volcán. Uno que erupcionó tan, pero tan violentamente, que dejó esa laguna cratérica donde ahora miles vacacionan. Los científicos, entre ellos el geofísico nicaragüense Roderick Cano, creen que se trató de una erupción freatomagmática. Y si el volcán Telica, el cerro Negro, el Momotombo, del departamento de León; o el Masaya, del departamento homónimo, hicieran erupción con una explosión similar, las consecuencias serían cataclísmicas para muchas personas. Si no siguieran los pasos del llamado volcán Pre-Apoyo, por el contrario, nadie tendría mucho que lamentar.

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Los volcanes son una abertura en la tierra por la que salen, de cuando en cuando, humo, llamas o materias encendidas o derretidas. Y Nicaragua tiene muchos. Los hay de diferentes formas y colores, y de acuerdo con estos criterios se conoce más o menos qué tipos de erupciones pueden esperarse de cada uno. No obstante, un volcán puede tener varias estructuras y más de un tipo de erupción, y aunque su perfil de actividad se haya conformado con su historial registrado y con estudios, no significa que no puede mostrar comportamientos nuevos. De ahí que sean tan impredecibles.

LA PRENSA/Infografía: Luis González.
LA PRENSA/Infografía: Luis González.
LOS CUATRO ACTIVOS

El primero de los cuatro colosos que acaparó las portadas de los periódicos nacionales y de paso las fotogalerías de diarios como el New York Times o de revistas como National Geographic, fue el Momotombo. El 1 de diciembre de 2015, el volcán ubicado 40 kilómetros al noroeste de Managua y 35 al este de la ciudad de León, hizo erupción tras una inactividad de 110 años. Ese día emanó gases, ceniza y lava.

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El día 21 del mismo mes, los volcanes Telica y Masaya también se suscribieron a la hoja de actividad. El primero, 100 kilómetros al noroeste de Managua y 19 al norte de León, registró “un pequeño ascenso de magma y de lava visible desde el borde del cráter”, según reportó a medios oficialistas Rosario Murillo, primera dama del país y vocera del Gobierno para todo tipo de desastres naturales. Y del segundo, localizado 6.5 kilómetros al oeste de la ciudad de Masaya y 20 al sureste de Managua, la misma fuente dijo que mantenía un “fuerte sonido de retumbos en el lago de lava, en la boca suroeste (intercráter) del cráter Santiago”.

El volcán Masaya, uno de los cuatro volcanes de Nicaragua que ha registrado actividad en los últimos días. LA PRENSA/Jorge Torres.
El cráter Santiago del volcán Masaya, uno de los cuatro volcanes de Nicaragua que ha registrado actividad en los últimos días. LA PRENSA/Jorge Torres.

El trío se convirtió en cuarteto para el día de San Valentín. Recién el pasado 14 de febrero el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), informó que el Telica y el Momotombo “expulsaban ceniza y gases” y “por una nueva inyección de magma debajo de la caldera del volcán Masaya” se produjeron ocho sismos en la zona de Masaya-Nindirí-Ticuantepe. 24 horas más tarde, a raíz de un sismo detectado in situ, el sistema de mitigación de desastres del Gobierno recomendó a turistas y a la población en general, no subir al Cerro Negro, un célebre foco de visitas desde el cual todas las semanas se practica surf sobre su arena negra del cono volcánico o “volcano-surf”.

Los cuatro volcanes estaban despiertos. A excepción del Cerro Negro, todos con tremor o microsismicidad notable, y el Momotombo con erupciones de material incandescente hasta el pasado viernes 19 de febrero.
El máster en geofísica nicaragüense, Eduardo Mayorga, lo corrobora. “Actualmente tenemos la activación del Momotombo, del Telica, del Masaya con sus lagos de lava y su microsismicidad; y se está uniendo el Cerro Negro con una sismicidad bastante intensa. Sería el cuarto que se anexa”, describe.

“Nicaragua es un territorio altamente volcánico y la simultánea actividad de cuatro volcanes es normal”, apunta el doctor en Geociencias, Esteban Gazel, profesor en el Virginia Tech, Estados Unidos. “Tal vez para el ser humano es un poco extraño, pero estos volcanes tienen más de 250,000 años y por lo tanto la actividad simultánea es posible”.

LA PRENSA/Infografía: Luis González.
LA PRENSA/Infografía: Luis González.
¿CÓMO SE FORMAN LOS VOLCANES?

El geofísico Eduardo Mayorga explica que cuando hay subducción de placas tectónicas, la placa que se subduce se mete debajo de la otra a una profundidad debida, bajo determinadas condiciones físicas y mecánicas como presión y temperatura. Entonces, la roca de la placa que se está subduciendo comienza a fundirse y una vez fundida busca por dónde ascender.

En esa búsqueda por ascender encuentra zonas de debilidades estructurales y por ahí sube como pequeñas burbujas de lava. En un momento se detiene cerca de la superficie y esquemáticamente se dibuja como una cámara de magma, cuyo material que después seguirá subiendo hasta hacer erupciones de distintos tipos según la geología y geografía del lugar.

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LA PRENSA/Infografía: Luis González.
CUESTIÓN DE PLACAS Y TENDENCIA MUNDIAL

Mayorga admite que acerca de la simultaneidad no se tienen anotaciones científicas ni de ningún tipo desde las crónicas de La Conquista, pero subraya que esta intensa actividad volcánica y sísmica no solo acontece en Nicaragua. “Ni siquiera es una cuestión regional. Es mundial”, dice, y descarta la versión que ha circulado en la que se sugiere que el terremoto de abril de 2014 de Nagarote pudo “despertar” el fenómeno.

“En Guatemala tenemos a dos volcanes que están haciendo erupciones desde hace dos años: el Santiago y el Fuego. Y hasta ahí no llegaron los efectos del terremoto de Nagarote. En El Salvador está el Chaparrastique con actividad también. Y si nos vamos a Chile, el volcán Calbuco y el Villarrica también, en Suramérica. Si nos vamos al este asiático, en la península rusa de Kamchatka, varios volcanes han estado activos desde hace dos años. Si nos vamos un poco más abajo, está Japón y ahí tenemos varias erupciones que han ocurrido en estos dos años. Más abajo está la placa tectónica de Filipinas y ahí han habido muchas erupciones también”, enumera el experto.

“Hemos tenido actividad sísmica muy intensa en todo el mundo. Principalmente a lo largo del cinturón de fuego circumpacífico. Es el cinturón que circunda todo el perímetro del océano Pacífico. Es la placa tectónica más grande del planeta y la actividad volcánica se debe a la subducción de placas. En el caso de Nicaragua a la subducción de las placas Cocos y Caribe”, explica.

LA PRENSA/Infografía: Luis González.
LA PRENSA/Infografía: Luis González.

 

EL PELIGRO DEL MASAYA

De los cuatro volcanes activos, los que más preocupan son el estratovolcán Momotombo, por su actividad más agresiva con material incandescente visible desde muy lejos, y el volcán tipo caldera Masaya, por su cercanía a varios centros poblados de importancia.

En el caso del Masaya, Mayorga revela que el peligro depende del tipo de erupción. Históricamente el volcán se ha caracterizado por hacer erupciones de tipo hawaiano o efusivas, en las cuales la lava que sale del intercráter debe llenar primero el cráter Santiago para salir por las laderas. En este caso, asegura el experto, difícilmente llegue más allá de un radio de unos 2 kilómetros, y “ahí no hay centros poblados importantes, de difícil evacuación”, puntualiza.

Según el geofísico, ese tipo de erupción es la más probable para el Masaya, pero también puede desatar una explosión de tipo pliniana o subpliniana, que sería el peor escenario pero el menos probable.

“Ya ha sucedido con el Masaya y son megaerupciones. Nosotros esto lo sabemos por estudios pero pasaron hace miles de años”, comenta Mayorga.

Este tipo de erupción es como la que hizo el volcán Vesubio, en Italia, en el 79 d.C. A raíz de ella la ciudad de Pompeya quedó sepultada bajo ceniza y piedras volcánicas y centenares de personas murieron.

El geólogo y geofísico Eduardo Mayorga, en su oficina de la Universidad Nacional de Ingeniería, Managua. LA PRENSA/Maynor Valenzuela.
El geólogo y geofísico Eduardo Mayorga, en su oficina de la Universidad Nacional de Ingeniería, Managua. LA PRENSA/Maynor Valenzuela.
EL PELIGRO DEL MOMOTOMBO

Por su parte, el volcán Momotombo suele hacer erupciones estrambolianas (puede o no presentar emisión de lava fluida, pero sí eyección de piroclastos o material sólido a través de la columna eruptiva) y puede hacer también erupciones freatomagmáticas, aunque son menos frecuentes.

Roderick Cano, geofísico y especialista en gestión de riesgos, explica que es difícil anticipar la actividad volcánica porque “toda la corteza terrestre donde estamos parados está, por decirlo así, sobre un mar de magma fundido en un estado espeso, y su salida es por los volcanes. Pero este magma se está moviendo, no es estático, y los tipos de magma pueden cambiar. En el caso del Masaya es una lava bastante fluida, oscura, pero en el caso del Momotombo es una lava más espesa”.

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Cano revela además que lo peligroso no es tanto la lava sino el tipo de erupción. “La lava es destructiva, por supuesto, pero en cuanto a causar víctimas humanas es muy poco frecuente. Es lenta y hasta un viejito caminando se le puede correr”, dice.

Advierte, eso sí, que si el magma, al subir por la chimenea al interior del volcán, entra en contacto con aguas subterráneas, pueden producirse “explosiones enormes, como la que dio origen a la Laguna de Apoyo. Estas son las erupciones freatomagmáticas”.

LA PRENSA/Infografía: Luis González.
LA PRENSA/Infografía: Luis González.

Según Cano, los gases que expele este tipo de erupción, así como las cenizas que emana, van a gran velocidad y a una temperatura de unos mil grados celsius que quema todo lo que toca instantáneamente.
Una explosión como esa sería el peor y menos probable escenario para el Momotombo, donde el único centro poblado importante que corre peligro aún con las erupciones actuales es la planta geotérmica Patricio Argüello Ryan, ubicada a 3.5 kilómetros al sur del cráter.

Sin embargo, Eduardo Mayorga sostiene que, aparte de muertes por sustos y ataques cardíacos, en tiempos modernos “nadie ha perdido la vida en Nicaragua por una erupción volcánica”.

“No sabemos por qué hay mucha actividad sísmica y volcánica en estos momentos. Es inusual para nosotros y va a tomar tiempo saberlo. No es probable que ocurra una megaerupción en estos volcanes, pero nosotros los expertos nos basamos en datos. En los medios de comunicación han dicho que el volcán Masaya no hace erupciones plinianas o subplinianas y esa es una apreciación errada. Así como alguien dijo que los cuatro volcanes están interconectados. Es otra percepción errada. ¿Decirte qué va a pasar? Eso te lo podría decir alguien que quisiera adivinar”, dice Mayorga sin apartar la mirada de su ordenador, revisando la última actividad sismológica disponible del Momotombo.

LA PRENSA/Infografía: Luis González.

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