Profetas en tierra ajena

¿Qué habría sido de Rubén Darío si se hubiese quedado a vivir en Nicaragua? ¿Qué habría sido del futbolista Oscar Duarte? ¿O el timbalero “Chepito” Areas? Estos son algunos nicaragüenses que brillaron en otras patrias.

Nicaragüenses con éxito en el extranjero. LA PRENSA/Dibujo de Jorge Luis Moreno Luna

Nicaragüenses con éxito en el extranjero. LA PRENSA/Dibujo de Jorge Luis Moreno Luna

Si Rubén Darío se hubiese quedado en Nicaragua, a lo sumo habría tenido un puñado de admiradores locales. “No hubiera sido más que un versificador”, precisa el escritor Sergio Ramírez. Pero después de cumplir 19 años el poeta partió a Chile. Los horizontes de su destino se ensancharon y el camino de su leyenda comenzó a trazarse. Guardando todas las distancias, otros nicaragüenses ejemplifican ese mismo viaje hacia el éxito: Salomón de la Selva, Ernesto Mejía Sánchez, “Chepito” Areas, Hernaldo Zúñiga, Luis Enrique Mejía, Michele Richardson y Oscar Duarte son algunos de ellos. Ellos también protagonizan esa ida de descubrimiento y trabajo sin la cual sus sueños seguirían siendo etéreos y no reales.

Cada uno enraizado en su disciplina y momento histórico, los mencionados hacen efectivo —al igual que Darío—, el dicho: “Nadie es profeta en su tierra”. Un refrán tan antiguo como veraz que, tal vez, le va mejor a los nicaragüenses que a los oriundos de cualquier otra nación del continente, dada la aparente incapacidad del nica para valorar lo propio, lo nacional, o, según el escritor y periodista Pablo Antonio Cuadra, de reconocer el talento vecino hasta que este triunfa en el extranjero.

“El nicaragüense es el tipo (…) que fácilmente reacciona con la hosquedad contra lo suyo propio y llega —en extremo— hasta ser un renegado, un antipaisano (ama su patria, cariño a golpes: —‘¡Este país de mierda!’— es la frase, la exclamación corriente en los de arriba y en los de abajo)”, apuntaba Cuadra en su obra El nicaragüense (1967).

Bajo esa lupa a algunos nicas rebosantes de talento no les serían dados los honores que merecen por cometer el “delito” de ser vecinos. Por haber gateado en la misma cuadra, haber recorrido la misma calle de tierra para ir a la venta o haberse sentado en la misma hilera de bancas en la iglesia.

Otros difieren, eso sí. Sergio Ramírez no cree que esa sea una característica particular de los nicaragüenses, sino del ser humano en general, pues la idea de ser profeta en tierra ajena proviene del evangelio.

“‘Un profeta solo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio’, dice Jesús cuando todos se extrañan de que el hijo de un carpintero, al que conocen desde niño, sea capaz de prodigios”, recuerda Ramírez. Y apunta: “De modo que sería una antiquísima tendencia del ser humano el no reconocer lo propio”.

El sociólogo Cirilo Otero, por su parte, cree que la actitud es más bien sociocultural y que está relacionada directamente con la herencia colonial. “Los nicaragüenses aún cargamos con ese estigma de sorpresa ante lo extranjero, sean objetos materiales o personas. Generalmente podemos decir que vemos con más atención lo que llega de afuera que lo que tenemos dentro. Esa es herencia de la colonización española”.

SALOMÓN DE LA SELVA, POETA (1893-1959)
Salomón de la Selva (i) con el poeta Fernando Silva en París. LA PRENSA/Archivo
Salomón de la Selva (i) con el poeta Fernando Silva en París. LA PRENSA/Archivo

A los 12 años tenía a su padre preso y el presidente venía a la ciudad. La oportunidad de oro para una miniinsubordinación. Salomón de la Selva se armó de coraje y leyó con su voz infantil un discurso de hombres. De su boca salieron palabras sobre derechos humanos que, según el escritor Carlos Tünnermann, ablandaron el corazón del entonces presidente de Nicaragua, José Santos Zelaya. El mandatario ordenó liberar al padre de Salomón y le ofreció al pequeño una beca para estudiar en los Estados Unidos. Un año más tarde, en 1906, el pequeño cambió su natal León por el Estado de Massachusetts.

Mucho más tarde al nica lo aclamarían Pablo Neruda y Octavio Paz. El primero, chileno y Nobel de Literatura en 1971, lo admiraría “en grado sumo”; y el segundo, mexicano y ganador del mismo galardón en 1990, diría del nicaragüense: “Fue el primero en lengua castellana que aprovechó las experiencias de la poesía norteamericana; no solo introdujo en el poema los giros coloquiales y el prosaísmo, sino que el tema mismo de su libro único —El Soldado Desconocido (1922)— también fue novedoso en nuestra lírica”.

En el frío noreste de los Estados Unidos Salomón se transformó social y académicamente. En 1915, siendo ya profesor, conoció en persona a Rubén Darío en la ciudad de Nueva York y le hizo compañía en un recital poético de invierno. Tres años después publicó su primer poemario, Tropical Town and Other Poems —enteramente en inglés—; y unos meses más tarde se enlistó en las tropas británicas de una agonizante Primera Guerra Mundial. Allí conoció la humedad, el frío y el lodo de las trincheras de los campos de Flandes, en Bélgica, y cual esponja absorbió el material para su “chef d’oeuvre”: El Soldado Desconocido, ilustrado por el prominente pintor mexicano Diego Rivera.

De la Selva es considerado como uno de los más grandes del verso nicaragüense después de Rubén Darío. El historiador Jorge Eduardo Arellano declara que el poeta poseyó el “valor intelectual más consistente de Nicaragua después de aquel (Darío)”.

La muerte lo sorprendió un 5 de febrero de 1959, cuando era embajador de Nicaragua en París. Antes ya se había adentrado en el mundo político al unirse a movimientos sindicalistas y cuando vivió en la Ciudad de México fue consejero y «ghost writer» (o escritor que no recibe créditos) del presidente azteca del momento, Miguel Alemán Valdés, según Arellano.

ERNESTO MEJÍA SÁNCHEZ, ESCRITOR (1923-1985)
Ernesto Mejía Sánchez. LA PRENSA/Archivo
Ernesto Mejía Sánchez. LA PRENSA/Archivo

Ernesto Mejía Sánchez dedicó gran parte de su tiempo y saber a la enseñanza superior de las Letras y a “empujar” a talentosos escritores. Editó y tejió el prólogo para un centenar de obras hispanoamericanas, y creó el género literario denominado “prosema”: que usaba prosas poéticas cortas que no dejan de ser poesía y coquetean con la narrativa.

Junto con Rubén Darío y Salomón de la Selva, Mejía Sánchez es otro ejemplo de un escritor y académico nicaragüense que encontró el éxito fuera de casa.

El masayense partió desde joven a México y en el Distrito Federal obtuvo su licenciatura en Letras, en la prestigiosa Universidad Nacional Autónoma de México, y siguió escalando peldaños hasta obtener un doctorado en Madrid.

Fue miembro de la Generación de 1940 o Generación de los Ernestos, con Carlos Martínez Rivas y Ernesto Cardenal; y al igual que Salomón de la Selva, fue embajador de Nicaragua. Ocupó ese cargo en Madrid y en Buenos Aires y murió en la ciudad de Mérida, en la península mexicana de Yucatán.

Sus tres obras más importantes son Ensalmos Conjuros (1947), La carne contigua (1948) y Recolección al mediodía (1972).

JOSÉ “CHEPITO” AREAS, MÚSICO PERCUSIONISTA (1946)
José "Chepito" Areas. LA PRENSA
José «Chepito» Areas. LA PRENSA

“Chepito” nació en 1946, en la ciudad de León, y desde 1998 su nombre se lee en la placa de un edificio de Cleveland, Ohio. Más precisamente en un museo llamado The Rock and Roll Hall of Fame (o Salón de la Fama del Rock), un recinto de peregrinaje para miles de fanáticos del género musical alrededor del mundo. ¿Que cómo llegó el nombre del nica hasta allí? Por ser percusionista del grupo Santana, liderado por el virtuoso guitarrista mexicano de Jalisco, Carlos Santana.

“No hay nadie como yo en el mundo”, dijo en 2010 José “Chepito” Areas Dávila, desde su retiro, para un reportaje de LA PRENSA. Con su metro y 52 centímetros de estatura se aventuró: “Ni en Puerto Rico ni en Cuba hay alguien como yo. Yo vergueé a Tito Puente (Ernesto Antonio Puente) y a ‘Changuito’ (José Luis Quintana), el rey de Cuba. Les gané con una sola mano. ¡Con una mano!”

Aunque su discurso puede pasar por exagerado, no se pueden poner en duda sus habilidades. El escritor Simon Leng, en su biografía de Carlos Santana, Soul Sacrifice: The Santana Story (2000), y en referencia al disco más conocido del grupo, anotó: “El miembro clave de la banda en este momento fue ‘Chepito’ Areas, quien de muchas formas fue el responsable del sonido de Abraxas”.

El álbum Abraxas, el segundo de la banda, obtuvo cinco estrellas en la clasificación de la revista especializada The Rolling Stone Album Guide y vendió más de cinco millones de copias en los Estados Unidos. La canción más emblemática, tal vez, fue Black Magic Woman y en ella se escuchan nítidos los “cueros” o tambores que el nica percutó con sus manos desnudas.

“Chepito” viajó con visa en mano a California cuando tenía 17 años. Ya había acumulado experiencia en los bongos y timbales de su tierra natal y llevaba un ritmo tropical a Norteamérica, donde su proyecto debut era tocar con grupos de jazz. Lo desmotivó saber que no era fácil obtener solvencia económica dentro de ese estilo de música y probó suerte en otro. Un día un colega percusionista llamado Mike Caravelo lo vio tocar en San Francisco y se lo recomendó a un amigo suyo que probablemente estaría interesado en esa melodía novedosa. El amigo era Santana.

“Santana era un guitarrista mediocre que iba a ver a los grandotes como Jimi Hendrix y Led Zepellin. Yo fui quien lo puso arriba”, dijo “Chepito” para un reportaje de El Nuevo Diario.

A sus 69 años la innegable joya nica del rock latino está retirada y ha vivido sus últimos años entre Estados Unidos y Nicaragua. Y si le preguntan mucho sobre su quehacer musical, es susceptible de “estallar” y exclamar: “¡Ustedes son retardados, no me entienden! Yo me inspiro escuchando, he estado con los mejores músicos del mundo, en jazz, latino y rock. ¡Los mejores del mundo!”

El 16 de agosto de 1969, en White Lake, Nueva York, el nica subió a la tarima del festival de música Woodstock con su banda y tocó para las decenas de miles de personas que atestiguaron uno de los conciertos más importantes en la historia de la música.

HERNALDO ZÚÑIGA, CANTAUTOR (1955)
Hernaldo Zúñiga. LA PRENSA
Hernaldo Zúñiga. LA PRENSA

Casi se puede decir que por designios del destino la vida y carrera de Hernaldo Zúñiga se catapultó a raíz del terremoto de 1972 que destruyó Managua. Hernaldo comenzaba sus estudios universitarios de Derecho y al destruirse la facultad se mudó 5,300 kilómetros al sur, al país más largo y angosto de América.

En Santiago, capital de Chile, el masayense estudió y atendió una joven preocupación artística que traía consigo: componer música. Su primer título se llamó Ventanillas y estaba inspirado en el poema Ventana, del nicaragüense Alfonso Cortés. En medio de sus estudios de Leyes en la Universidad de Chile, en 1974, Hernaldo probó suerte con su tema y lo metió a concursar en el XV Festival de Viña del Mar. No pudo tomar una mejor decisión.

“Mi carrera es una concatenación de casualidades, eso que se conoce como la fuerza del destino, justo el título de una ópera de Verdi, que es un compositor con el que me identifico mucho”, responde amable el cantautor a la pregunta de qué tanto le ayudó salir de Nicaragua a su carrera artística.

Ventanillas obtuvo el tercer lugar en la competencia por la mejor canción de Viña, y aún mejor que eso, se convirtió en una especie de himno para la juventud chilena. Desde ese entonces, y a pesar de que Hernaldo siempre continuó con sus estudios —de los que se graduó en España—, tanto su talento para escribir canciones como su habilidad para el canto y la música se encarrilaron en la vías del éxito internacional.

En 2016, al hablar de sus orígenes en Masaya, Hernaldo Zúñiga recuerda lo pintoresco de su infancia y reconoce la influencia de esa ciudad-pueblo en su quehacer como artista.

—Con el éxito cosechado en su carrera, ¿qué siente cuando echa un vistazo a su pasado y da con Masaya?

—He ido atesorando con cierto romanticismo lo bueno que se acuñó de mi niñez y adolescencia en Masaya. Sobreviven recuerdos de tradiciones coloridas, eventos transversales, como las fiestas de San Jerónimo, lo que entonces llamábamos El Tope, que entiendo hoy se llama La Hípica; también las festividades de La Purísima, Semana Santa, Los Diablitos… Y en un plano más íntimo, viajes a la finca rural familiar y la impronta de mi abuelo Hernaldo, sumado a la alegría que supo atraer a la casa mi madre, fiel cómplice de mi papá… Tuve la fortuna de crecer en un entorno de gente buena.

Entre 12 producciones selectas como cantautor de baladas y canciones de trova, Hernaldo Zúñiga ha vendido más de tres millones de copias y solo contabilizando sus trabajos de autor que otros artistas han interpretado, las ventas ascienden a nueve millones, según su sitio web oficial. Su último álbum de estudio se llama Nómada, salió a la venta en 2007 y entonces Hernaldo dijo a LA PRENSA, a propósito del nombre: “Tiene que ver con lo que yo soy, es decir, cómo ha sido mi vida, que ha sido una vida nómada”.

“Mucha de la simplicidad que observamos en el nicaragüense podría adjudicarse a su índole nómada, itinerante o vagabunda que he llamado ‘exódica’ —como la israelita— porque responde a inquietudes e impulsos milenarios de su historia transeúnte y de su geografÍa pontifical”. Pablo Antonio Cuadra, El nicaragüense (1967).

LUIS ENRIQUE MEJÍA, CANTAUTOR (1962)
Luis Enrique Mejia. LA PRENSA
Luis Enrique Mejia. LA PRENSA/Agencias

Su historia es la de un migrante latino sin papeles que fue a Estados Unidos, luchó contra las adversidades y alcanzó sus sueños. Pero el 5 de noviembre de 2009 muchos nicaragüenses le reclamaron a Luis Enrique Mejía por no mencionar o dedicar a Nicaragua su premio Latin Grammy por Mejor Álbum Tropical. Esa noche el salsero nacido en Somoto ganó dos gramófonos dorados de las cuatro categorías en las que estaba nominado y agradeció “únicamente” a las personas que le ayudaron en la cosecha del triunfo. Como resultado, las redes sociales estallaron.

“Se afrenta de sus raíces”. “Es un matamama”. Las acusaciones variaron en internet y la respuesta del “Príncipe de la salsa” —apodo que le dio un locutor de radio de Miami en 1987— no se hizo esperar.

En un reportaje de Domingo para LA PRENSA, el cantante dijo: “Yo soy nicaragüense y lo seguiré siendo hasta el día en que me muera. Todo el mundo en la industria de la música sabe de dónde soy y nadie tiene por qué juzgarme porque no haya dicho ‘Nicaragua’. Dejame recordate algo: en el comienzo de mi carrera yo tuve que emigrar a otro país para lograr hacer algo y me fui a Puerto Rico. Sin el apoyo de ese país nada de lo que ustedes están viendo sería posible”.

Sobrino de los célebres músicos nicas Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, el salsero tuvo que lidiar con la idea de ser un hombre “ilegal” desde los 15 años. La sombra de la guerra amenazaba Nicaragua en 1978 y sus padres lo enviaron a él y a su hermano a los Estados Unidos.

“Eso me marcó emocionalmente. Yo me preguntaba una y otra vez cuándo me reencontraría con mi familia y cómo me iría en un país extraño. Además no sabía qué significaba el término ‘ilegal’”, reveló para el reportaje.

Diez años después de pisar suelo norteamericano, sin saber inglés, Luis Enrique se mudó a Puerto Rico. Y fue ahí donde se adentró en el mundo de la salsa. Él ha dicho que se considera un “ciudadano del mundo” y que todas las personas “deberían realizarse como tal”. Ganó dos Latin Grammy a finales del 2009, un Grammy a comienzos de 2010 y numerosos premios Lo Nuestro al comienzo de su carrera, entre muchas otras distinciones.

 

“Porque Jesús mismo dio testimonio de que un profeta no tiene honra en su propia tierra”. La Biblia, edición Reina Valera, capítulo 4 de Juan, versículo 44.

MICHELE RICHARDSON, NADADORA (1969)
Michele Richardson. LA PRENSA
Michele Richardson. LA PRENSA

Nicaragua no tiene una sola medalla olímpica partida por la mitad. No hay siquiera una presea de bronce nica en la historia del medallero de los Juegos Olímpicos de verano y por obviedades climáticas, también escasean glorias deportivas pinoleras en las competencias de invierno. En 1984, sin embargo, la talentosa nadadora nicaragüense Michele Richardson pidió participar en los Juegos veraniegos de Los Ángeles con pasaporte azul y blanco, pero el gobierno sandinista de Nicaragua le negó la petición porque ella representaba a “la burguesía”, según un reportaje de The Nicaraguan Dispatch. En esas Olimpiadas la nicaragüense ganó medalla de plata representando a los Estados Unidos.

Para ser más exactos fue el papá de Michele quien solicitó a Nicaragua que dejaran competir a su hija con su país de origen. Hizo la petición cuando ella tenía 12 años para los Juegos Panamericanos y volvió a intentarlo cuando ella cumplió 14 y ostentaba el récord mundial de los 1,500 metros estilo libre, es decir, cuando era todo un prodigio de la natación. Las dos veces rechazaron su iniciativa.

Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles se aproximaban y no se podía perder más tiempo. El padre de Michele preguntó al Comité Olímpico de los Estados Unidos, país donde se habían mudado, si ellos deseaban admitir a su niña y apegados al rigor y pese a los credenciales de la menor, el Comité decidió hacerle una prueba. La nica la pasó.

El viernes 3 de agosto de 1984, en Los Ángeles, hacía no más de 25 grados Celsius y el viento no superaba los 15 kilómetros por hora. Condiciones ideales para nadar. El Estadio Olímpico de Natación McDonald’s era la sede al aire libre para esa disciplina y estaba atiborrado de un bullicioso público que apoyaba a las competidoras locales. Entre ellas, las dos favoritas: Michele, quinceañera, y Tiffany Cohen, de 18 años.
Cuando la prueba final de los 800 metros estilo libre comenzó los vítores de la gente lo ensordecieron todo. Luego de una ardua lucha que duró 8 minutos, 24 segundos y 96 décimas de segundo, Tiffany Cohen llegó a la meta y se hizo con la medalla de oro. Con un tiempo de 8:30:73, su compañera de Managua se adjudicó la distinción de plata y Sarah Hardcastle, de Reino Unido, llegó casi dos segundos después para obtener el tercer lugar y la presea de bronce.

Michele Richardson nació en Managua el 28 de abril de 1969. Vivió diez años en el país y cuando estalló la revolución, de acuerdo con la publicación de The Nicaraguan Dispatch, sus padres decidieron marcharse a los Estados Unidos.

Cabe recordar que en el mundo de la natación también salieron de Nicaragua las hermanas Sylvia y Claudia Poll. De padres alemanes, ambas nacieron en Managua, pero desde muy pequeñas se fueron a Costa Rica. En ese país se nacionalizaron, aprendieron la natación y se convirtieron en grandes atletas. Sylvia ganó medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988 y Claudia ganó una de oro —fue la primera latinoamericana en ganar oro en natación olímpica— en Atlanta 1996 y logró dos de bronce en Sydney 2000.

OSCAR DUARTE, FUTBOLISTA (1989)
Óscar Duarte. LA PRENSA/Agencias
Oscar Duarte. LA PRENSA/Agencias

Minuto 57 del segundo tiempo. Primer partido de la fase de grupos del Mundial Brasil 2014. Uruguay, dos veces campeón del mundo, se enfrenta a Costa Rica, que participa apenas por cuarta vez en el máximo certamen futbolístico. El marcador está 1-1 y el árbitro alemán pita un tiro libre para los ticos a unos treinta metros del arco rival. Christian Bolaños se alista para cobrarlo. Alza la mirada, toma un poco de impulso y envía un balón elevado al segundo poste. Oscar Duarte busca la trayectoria del esférico y al mismo tiempo se libera del defensor charrúa que le hace marca personal. Acelera, logra separarse de su escolta y se lanza de “palomita” para impactar la pelota con su cabeza. El remate altera drásticamente la dirección del centro, que ya casi salía por la banda, y logra enviar la pelota al fondo de la red, al otro lado del arquero uruguayo. Gran gol y 2-1 a favor del equipo pequeño.

Costa Rica explotó de júbilo y, cosa rara, también Nicaragua. Los países limítrofes que han conocido pugnas sociales, políticas y territoriales corearon en una sola voz el nombre del anotador. “¡Duarte! ¡Duarte!”

Oscar Duarte nació en el pueblo nicaragüense de Catarina, Masaya, el 3 de junio de 1989. Su madre, Walkiria Gaitán, lo dejó en custodia de una tía y de su abuela desde muy temprano porque emigró a Costa Rica en busca de un mejor futuro económico.

Los familiares de Oscar, que todavía residen en el pueblo artesano, recuerdan que nunca se veía al niño sin una pelota de futbol. Andar con la bola de arriba abajo era todo su mundo antes de cumplir 6 años, y al cumplirlos, caminar con un balón comenzó a convertirse en su vida.

Duarte viajó a esa edad a San José y se reencontró con su mamá después de completar un lustro separados. Su talento con la pelota le dio éxito en la academia de uno de los dos clubes más grandes del país, el Deportivo Saprissa, y no pasó mucho tiempo antes de que fuera titular en las filas del “Monstruo Morado”, como llaman al equipo sus aficionados.

Actualmente Duarte es defensor del club Espanyol de Cataluña, rival por antonomasia del todopoderoso Barcelona. Ya anotó un gol en la máxima categoría del futbol de España y lo dedicó a su abuela, como hace con todos sus goles. Ella murió en 2012, en Nicaragua, y él estaba en su país natal cuando sucedió. Sus familiares han comentado en medios lo duro que fue para él esa pérdida, pues ella orientó sus primeros pasos, gateando al inicio y luego de pie, con un balón.

En 2013 Oscar Esaú Duarte Gaitán fichó con el Club Brujas de Bélgica. En tres años en el país francófono disputó 117 partidos de liga y anotó nueve goles. Nada mal para un zaguero central. Y a comienzos de este año fichó con el club catalán.

A sus 26 años es uno de los costarricenses con más éxito en el futbol del Viejo Continente… ¿O es uno de los nicaragüenses con más éxito? A él le sientan bien las dos banderas. Después del histórico paso de Costa Rica en Brasil 2014 —los eliminó Holanda en cuartos de final en tanda de penaltis, por lo que no perdieron la condición de invictos—, Oscar regresó a Nicaragua y fue recibido por un aeropuerto rebosante de sonrisas y felicitaciones. Por sus otros aficionados centroamericanos.

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