Plegaria al santo de San Rafael

Los diputados que atendimos, el pasado sábado 4 de marzo, la sesión especial que la Asamblea Nacional celebró en San Rafael del Norte, en la víspera del 100 aniversario del natalicio del venerado sacerdote Odorico D’Andrea, fuimos impresionados por la marca imperecedera que dejó este sacerdote en este fresco, pintoresco e histórico poblado jinotegano.

Los diputados que atendimos, el pasado sábado 4 de marzo, la sesión especial que la Asamblea Nacional celebró en San Rafael del Norte, en la víspera del 100 aniversario del natalicio del venerado sacerdote Odorico D’Andrea, fuimos impresionados por la marca imperecedera que dejó este sacerdote en este fresco, pintoresco e histórico poblado jinotegano.

Todas las calles de esta bella y limpia ciudad, otrora escenario de las batallas de Sandino contra los marines a principios del siglo XX, o de los “cachorros” contra los Contra a finales del mismo siglo, estaban colmadas de banderas, fotos del padre Odorico y sonrisas de gente amable.

Eran los preparativos para el gran día del natalicio de este humilde sacerdote de la orden franciscana, el domingo 5, cuando miles de fieles provenientes de todo el país, se dieron cita en el campo de la Divina Providencia donde fray Damian Muratori, cura párroco de San Rafael, celebró una misa campal en honor al centenario de su natalicio.

Todo el país fue testigo. El magno evento contó con la presencia de dos personas que viajaron desde el pequeño pueblo de Italia Montorio Al Vomano, donde nació el padre Odorico. Se trata del alcalde Gianni Di Centa y de su sobrina nieta Elva Teresa D’Andrea. También participaron en la celebración de la eucaristía el nuncio apostólico Fortunato Nwachukwu y los obispos Carlos Enrique Herrera y Rolando Álvarez.

El padre Odorico D’Andrea es considerado un santo no solo en San Rafael, sino en muchos municipios del norte, es el “santo de la paz”, por las veces que intercedió durante los años de guerra para evitar mayor derramamiento de sangre. Los trámites formales para la canonización se iniciaron en 1995 y uno de los proponentes fue fray Damian Muratori.

No se sabe a ciencia cierta cuándo será canonizado este hombre humilde, considerado “un siervo de Dios”, que dedicó 36 años de su vida a trasformar San Rafael y que estuvo dispuesto a entregar su vida para que no mataran prisioneros en los años de la guerra, pero los hechos demuestran que ya lo es para miles de peregrinos que a diario suben la inclinada colina del Santuario del Tepeyac donde descansan sus restos mortales en un sarcófago, donde son venerados.

Hay muchos milagros que le son atribuidos al padre Odorico entre ellos el haberle devuelto la visión a un niño, en el ojo derecho, pero uno de los eventos más extraordinarios de su vocación pacifista, fue cuando la mañana del 3 de mayo de 1988, en plena guerra civil entre el EPS y la Resistencia Nicaragüense, ofició una misa campal en un lugar conocido como La Naranja e invitó a los jefes de ambas fuerzas a orar por la paz.

Mas tarde, en su momento, los invitó a darse el saludo de la paz y los soldados y guerrilleros pusieron el fusil y la mochila a un lado y se dieron el saludo de la paz. Cuando la misa hubo terminado, todo en orden, cada quien tomó sus armas y sus mochilas y se fueron a sus cerros, según cuentan los testigos.

El principal objetivo de aquella guerra fue que hubiera un proceso de elecciones libres y transparentes, que finalmente se dieron en 1990, poco antes de que el padre Odorico falleciera en un hospital matagalpino, un 22 de marzo del mismo año. Con las elecciones libres de 1990 y el advenimiento del gobierno de mi madre, Violeta Barrios de Chamorro, vino un período de paz y reconciliación para Nicaragua que aún disfrutamos.

Elecciones libres y transparentes son pues la garantía de la paz. Estamos a las puertas de un nuevo quinquenio y para honrar la memoria de este verdadero santo de la paz, todos los nicaragüenses debemos de comprometernos a que estas elecciones de noviembre sean libres y transparentes.

Los últimos procesos han estado plagados de fraude. Como parece ser tan difícil cambiar la mentalidad de los gobernantes de este simple hecho, y la paz solo se asegura con la legitimidad que emana de un proceso electoral libre y trasparente, elevaré una plegaria al padre Odorico D’Andrea para que nos haga el milagro de iluminarlos.

El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y presidente de la Comisión de Turismo.

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