“No debe olvidarse que muchos sufrimos”, dice cubano varado que ya está en EE.UU.

El recuerdo sobre la crisis migratoria y humanitaria de los migrantes cubanos varados en Costa Rica ha quedado en cifras.

LA PRENSA/EFE

El recuerdo sobre la crisis migratoria y humanitaria de los migrantes cubanos varados en Costa Rica ha quedado en cifras. El martes 15 de marzo parte el último grupo, que en total forman parte de los más de 4,400 que salieron de este país producto de un plan piloto regional. Los cerca de 3,500 restantes de los 7,802 que ingresaron en el contexto de este problema con visa costarricense, se fueron con coyotes.

Cifras frías como los anteriores abundan al momento de analizar el problema. Los números finales opacan el drama humano que los migrantes vivieron desde que han decidido abandonar su país, sumido en una permanente crisis de libertad y economía debido al régimen de los Castro.

Esdrey Roura Olivera, cubano ya viviendo en Florida, Estados Unidos, y que durante su estadía de más de tres meses en el norte de Costa Rica ejerció beligerancia a favor de sus connacionales en uno de los albergues, alza la voz en redes sociales una vez que se pellizca la piel, queriendo volver a la realidad una vez que recuerda la tragedia de miles como si aquello fuera un sueño.

“Es cierto que hasta parece un sueño todo lo sucedido y reconocer que forma parte del pasado, pero no debe olvidarse que muchos sufrimos, soñamos y luchamos. Creo que ha sido un momento glorioso haber estado involucrado en una causa como esta. Primero el haber partido con tantos hermanos de un régimen represivo y abusador como el cubano, después de haber recibido la solidaridad de tantas personas a lo largo de todos los países que atravesamos”, recuerda desde Florida este cubano originario de Camagüey.

“Incluyo a todos aquellos desconocidos que nos regalaban agua cuando regresábamos de Nicaragua (a fuerza del Ejército), esperar tanto tiempo en Costa Rica para partir y ver a un pueblo y un gobierno interesado en que llegáramos a nuestro destino, aunque cuando hubo fricciones en los albergues y personas con segunda so terceras intenciones, siempre predominó el bien sobre el mal y aquí estamos ahora, en tierra de libertad”, añade.

En el norte de Costa Rica ya son pocos quienes piensan como Roura Olivera. Esa nostalgia de quienes colaboraron con los cubanos varados durante cuatro meses aún vive en el corazón de algunos habitantes de La Cruz, quienes hasta acogieron a sus casas a decenas de estos migrantes que solo lucharon por una oportunidad para mejorar sus vidas.

Aún recordado la crisis humanitaria como un hecho histórico, Elvira Guido, señala que no se debe olvidar por qué los cubanos emigran, algo que ella aprendió en su labor y contacto con cubanos a quienes ayudó en albergues de este cantón fronterizo con Nicaragua, el más impactado con el problema.

“Vienen huyendo de un régimen que no les da libertad. En mi familia ayudamos con lo que teníamos y no de lo que nos sobraba. Ropa, zapatos, comida y con cuanto se pudo se compartió con ellos. Hoy quedan bonitos recuerdos de una rica cultura, de un bonito intercambio y sólidas amistades que deben perdurar con el tiempo aunque ellos ya estén en Estados Unidos”, dijo Guido, quien forma parte de la cámara de turismo y comercio de La Cruz.

En medio de tanta nostalgia aún se rescatan historias como las de “Obama”, un migrante cubano de contextura y color parecido del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

La familia de Guido lo bautizó de esta manera, y él prefiere ocultar su nombre porque en Cuba aún queda su familia que puede recibir represalias si el gobernó de los Castro se entera de alguna frase mal pronunciada contra el sistema.

“Entre mis planes no estaba emigrar a Estados Unidos, pero en Ecuador la situación de los cubanos se complicó, hay mucha tensión y rechazo de los ecuatorianos hacia nosotros porque nos ven como competencia laboral cuando llegamos a su país. Yo trabajaba bien pero la situación se nos puso difícil para nosotros el año pasado”, dice este abogado y técnico en electricidad, quien fue el último cubano en abandonar el albergue Shekinah, en La Cruz, para viajar a Estados Unidos.

En ese contexto de vejaciones sufridas en Ecuador,con una mochila a cuestas emprendió la ruta que incluyó Colombia y Panamá, hasta llegar a Costa Rica el pasado mes de agosto. Él dejó en su país a su esposa e hija, con la intención de que en algún momento de su vida ambas puedan viajar a Estados Unidos para reunificar a la familia.

“Es nuestra intención, primero tendré que actualizar mis estudios de electricidad que me permitan mejorar mis opciones laborales, que a la vez me de los recursos para que ellas viajen. Todo lleva un tiempo, es un proceso, no será de la noche a la mañana”, calcula.

A simple vista pareciera que “Obama” es uno más de las cifras que hoy se analizan en frío, pero es el testigo del drama humano que aún no se sabe si con la salida masiva de ellos desde este país, se podrá terminar.

«La crisis habrá terminado cuando llegue a EE.UU el último cubano que esté en Costa Rica. Solo queda honrar a aquellos involucrados en este feliz final con actos responsables encaminados a alcanzar en este país esa vida digna a la que todos aspiramos, la cual no alcanzamos en nuestra tierra que nos ve nacer y también parir», añade Roura Oliivera.

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