Asociación de mujeres presenta estudio “Vidas robadas”

Estudio Vidas robadas confirma que abusadores están en el entorno de las víctimas

Un estudio realizado por la Asociación de Mujeres Axayacalt sobre el impacto del embarazo producto de violación y estupro en niñas y adolescentes, concluyó que el delito sufrido provocó graves repercusiones en la salud, tanto física como psicológica y social.

La psicóloga María Eugenia Delgadillo indicó que las víctimas de violación sexual sufren estrés postraumáticos toda su vida. Y esto ha sido reafirmado con el estudio que tomó como muestra 30 casos de niñas y jóvenes en edades comprendidas entre 12 y 19 años, de siete departamentos del país, que sufrieron este tipo de violencia. El estudio abordó a víctimas que residen en Chinandega, Rivas, Estelí, Masaya, Granada, León y Madriz.

De ese total, 26 de las víctimas fueron violadas y cuatro víctimas de estupro.

El estudio denominado «Vidas robadas» confirmó que los abusadores «están en el entorno de las niñas y adolescentes, que son hombres cercanos a las víctimas, que ejercen autoridad, intimidación, coacción y engaño», dice otra de las investigadoras doctora Matilde Jirón, quien menciona que el parentesco sentimental de los abusadores muchas veces eran guías espirituales, educativos o de la vecindad, como también padres, abuelos, primos entre otros que forman parte de su núcleo familiar.

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Esto lleva a las víctimas, según Jirón, a «una condición de dependencia», sumado a la ingenuidad y ausencia de factores de protección que las hace más vulnerables.

El 100 por ciento de las víctimas en rango entre 10 y 14 años expuso que durante el embarazo experimentó toda clase de sentimientos «de aflicción, de tristeza, de angustia, emocional y económica…llanto sufrimiento, pesadillas, penas vergüenzas todos son efectos psicológicos producto de la violación, un acto no deseado», manifestó Jirón.

Delgadillo señaló, que muchas de las víctimas expresaron «intentos suicidas». Además ha cambiado su proyecto de vida y hasta se culpan de la situación que viven, dice Delgadillo, quien manifestó que con el estudio buscan sensibilizar a los tomadores de Justicia para que este tipo de casos no quede en impunidad.

Jirón por su parte, apuntó que la mayoría de las adolescentes dejaron o de estudiar o trabajar.
Por otra parte, en la mayoría de los casos ni las víctimas ni sus familias contaban con las mínimas condiciones para criar al niño resultado de la violación, indica el estudio.

Para Jirón Vidas robadas, evidencia un problema que se ha vuelto epidémico y que a veces las autoridades institucionales, de salud y de seguridad no toman las medidas.

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