Legumbres contra el cambio climático

Tras proclamar el 2016 como el Año Internacional de las Legumbres y de destacar la importancia de estas en la nutrición humana, las actuales condiciones climáticas las convierten también en una opción perfecta para enfrentar el cambio climático.

Según el último Plan Nacional de Producción en el país se dedican más de 400,000 manzanas a la producción de frijol. LA PRENSA/ ARCHIVO

Tras proclamar el 2016 como el Año Internacional de las Legumbres y de destacar la importancia de estas en la nutrición humana, las actuales condiciones climáticas las convierten también en una opción perfecta para enfrentar el cambio climático.

“Las legumbres son una de las pocas plantas capaces de fijar el nitrógeno del aire y convertirlo en amoniaco, enriqueciendo los suelos, a diferencia de la mayoría de las otras plantas que solo toman el nitrógeno del suelo y no lo reincorporan”, explica Raúl Benítez, representante regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés).

Según la organización, las legumbres no solo contribuyen a la alimentación sana, sino que son una fuente de ingresos para millones de agricultores familiares, que las producen en alternancia con otros cultivos por su capacidad de reponer el nitrógeno de la tierra, mejorando la sostenibilidad de la producción.

“Esto permite mitigar el cambio climático ya que reducen el uso de fertilizantes sintéticos, cuya fabricación conlleva un consumo intensivo de energía, la cual emite gases de efecto invernadero a la atmósfera”, detalla la FAO a través de un comunicado.

Benítez también destaca el rol de las legumbres en la generación de empleo rural en América Latina y el Caribe, “donde también son importantes, particularmente en el sector de la agricultura familiar, ya que son uno de los cultivos destacados de dicho sector”.

Además, según la organización “la gran diversidad de frijoles y otras legumbres en la región representan un tesoro genético para crear nuevas variedades que pueden ser necesarias para hacer frente al cambio climático”.

No obstante, Benítez advierte que “en muchas comunidades se están perdiendo estas variedades ancestrales por causa de la homogeneización global, que privilegia solo un puñado de cultivos y alimentos, desmereciendo otros”.

Esta práctica está provocando que “las dietas a nivel mundial se han vuelto cada vez más homogéneas y similares, y la alimentación global depende en su mayor parte del trigo, el maíz y la soya, junto con la carne y los productos lácteos”.

PRESERVAR LO CRIOLLO

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en inglés) América Latina y el Caribe tienen la distinción de ser la fuente originaria del frijol y otras legumbres. “La región es centro originario de muchas legumbres. Forman parte de nuestra cultura ancestral y son una piedra angular de nuestra alimentación actual”, asegura Raúl Benítez, representante regional de la FAO a través de un comunicado.

Teniendo en cuenta esto, la organización llamó a los países a hacer “un gran esfuerzo” durante este que ha sido declarado el Año Internacional de las Legumbres, por conservar los cientos de variedades de frijol y otras legumbres propias de cada país, ya que de estas se pueden obtener nuevas variedades que permitan enfrentar el cambio climático.