La comunicación entre los esposos (II entrega)

Necesitamos también mantener contacto con las responsabilidades y compromisos del otro para poder ser un respaldo para él o para ella. Y naturalmente hablar también de los hijos, de nuestras finanzas, de nuestras actividades.

Efectos de las pantallas

Necesitamos familiarizarnos con la vida diaria del otro. Algunos encuentran fácil el compartir lo que les sucedió durante el día. Otros lo encuentran difícil, porque vamos todos los días al mismo lugar a hacer las mismas cosas. O por otro lado, son tantas las cosas que suceden que compartirlas es cosa de nunca acabar. Sea como sea, debemos esforzarnos en compartir al menos selectivamente algunas de las cosas cotidianas… compartir las pequeñas cosas. Por no hacer esto algunas mujeres han sentido que para conversar con el marido necesitan hablar de cosas profundas. Es un error. Es algo que puede hacerse alguna vez, pero que no puede sustituir las pequeñas cosas que van construyendo el amor de cada día.

Necesitamos también mantener contacto con las responsabilidades y compromisos del otro para poder ser un respaldo para él o para ella. Y naturalmente hablar también de los hijos, de nuestras finanzas, de nuestras actividades.

Este tiempo debe ser una prioridad para nosotros, y significa que si tengo que dejar algo para hacerlo, pues tengo que dejarlo.

Decíamos antes que nuestra comunicación debe ser regular y estable. Para muchos esto significa que debe ser programada. Es decir que debemos tener un lugar y un tiempo especialmente separado para ello. La reunión semanal tiene sus ventajas y es un instrumento eficaz para no dejar acumular problemas, y para poder resolverlos en la medida que se presentan. Sobre todo, es una oportunidad para planificar cosas sin limitar nuestra vida a un ir “poniendo parches” a lo que la vida nos depara.

Como decía antes nuestras circunstancias cambian. No solo son distintas en cada familia, sino que cambian de un cónyuge a otro.

Uno de los ejemplos más claros es cuando sucede algo anormal. Un disgusto entre los esposos. Un problema urgente con los hijos, etc. Si encontramos a la esposa muerta en llanto no esperamos al jueves para saber que le pasa. De cara a estos sucesos anormales quisiera sugerir tres cosas en la comunicación entre los esposos que ha sido de gran utilidad para muchos matrimonios.

La primera es aquella frase de San Pablo que nos dice que no dejemos nunca ponerse el sol sobre nuestra ira. Lo que San Pablo quiere decir es que cuando tenemos un disgusto o resentimiento con el otro debemos buscar la reconciliación cuanto antes. Son muchos los que los ocultan o guardan por días, o declaran la guerra fría. El resultado es que cada día crecen, y se multiplican porque iniciamos entonces una interminable cadena de reacciones negativas y cada día la reconciliación se dificulta más porque ahora los resentimientos son tantos que ya ni siquiera recordamos que fue lo que provocó esta crisis.

El segundo consejo, por eso mismo, es el de no levantar un inventario total de agravios en cada pleito. Podemos tirarnos los trastos pero por lo que sucedió hoy. Pero no debemos permitirnos el aprovechar este disgusto para restregar en la cara del otro todas sus faltas de la vida pasada. Pensamos lo que nos sucedería si el Señor hiciera otro tanto con nosotros. O él o yo nos dejaríamos de amar. Pues lo mismo sucede entre los matrimonios. No se puede sembrar agravios y cosechar amor.

El tercer consejo está tomado también del ejemplo del Señor y es que cuando nos reconciliamos la falta no queda solo perdonada, sino que es también borrada. Es decir el pasado no existe. Si el asunto ha sido lo suficientemente aclarado y discutido y perdonado, no debe revivirse nunca más.

El AUTOR ES MIEMBRO DEL CONSEJO DE COORDINADORES DE LA CIUDAD DE DIOS.
reflexivo33@hotmail.com

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