Avenida Cloverfield 10

Antes de gobernar la galaxia del entretenimiento, sosteniendo las riendas de las franquicias de Star Wars y Star Trekk, el productor J.J. Abrams era conocido por su buena mano para las series de culto.

Antes de gobernar la galaxia del entretenimiento, sosteniendo las riendas de las franquicias de Star Wars y Star Trekk, el productor J.J. Abrams era conocido por su buena mano para las series de culto. Para el 2008, Felicity y Alias ya estaban fuera del aire; y Lost empezaba a colmar la paciencia de sus fans. Era el momento indicado para plantar pie, por primera vez, en la pantalla grande. Su primer crédito fue Cloverfield, una artera película de monstruos con un ingenioso gancho conceptual: la acción se desarrolla exclusivamente desde el punto de vista de los protagonistas, y es registrada en video digital. Era una pandilla de jóvenes aterrorizados que corren por sus vidas, mientras un misterioso ataque de gran escala estremece la noche de Manhattan. Los actores eran atractivos, desconocidos, e intercambiables entre sí. Lo más cerca que había de una estrella era Lizzie Kaplan, a años de destacarse en las series Party Down y Masters of Sex. El grupo se va reduciendo mortalmente, a medida que se descubre la naturaleza del evento.

Cloverfield fue dirigida por Matt Reeves, pero el sentido del espectáculo es puro Abrams, incluyendo el manejo —u ocultamiento— del proyecto. Una estrategia similar se aplica a Avenida Cloverfield 10, una secuela que nadie esperaba. Apartando la secretividad, la película se diferencia de su antecesora en aspectos importantes: recurre a estrellas reconocibles trabajando personajes específicos, confina la acción a pocos espacios, y reduce los elementos fantásticos lo más posible. Michelle (Mary Elizabeth Winstead) es una joven que decide abandonar a su pareja. Camino a ninguna parte, en la oscuridad de la noche y en medio de la nada, su auto se ve involucrado en una colisión. Cuando recupera el conocimiento, descubre que está encadenada en el sótano de Howard (John Goodman), un siniestro hombre que asegura haberla salvado de un evento apocalíptico. La audiencia asume el punto de vista de un único personaje, Michelle.

Lo más interesante es cómo el conocimiento o desconocimiento de la película anterior matiza su experiencia. La película funciona de dos maneras diferentes, y el efecto del “giro” final puede ser irónico o sorpresivo. En una cultura popular cada vez más dominada por sagas, secuelas, y series con arcos narrativos que se extienden durante varias temporadas, el desconocimiento del bagaje de un producto audiovisual puede sabotear el disfrute del espectador. Sin embargo, el guion de Avenida Cloverfield 10 se siente particularmente alerta a esta circunstancia, y se presenta como una experiencia de identidad mutables: es una secuela, pero también sirve como puerto de entrada en un “universo cinematográfico” que se constituye con su aparición.

También explota el contraste conceptual con su antecesora. Cloverfield asumía el estilo personalista de inicios de siglo XXI, con cámara de video mano y el espíritu de reality show. La dirección de Dan Tratchenberg refuta y contrasta, recurriendo a al lenguaje cinematográfico clásico y disciplinado.

No quisiera hacer que la película parezca un producto académico. En realidad, es una pieza de entretenimiento popular, un ejercicio de género, a medio camino entre el suspenso y el horror, con algunos elementos de ciencia ficción. Su arma secreta es una inquietante capacidad de observar a sus actores. Winstead y Goodman son excelentes en sus papeles. La modestia del producto no les quita mérito, más bien, ennoblece a toda la empresa. El desenlace abre camino para una secuela. Espero puedan torcer el concepto lo suficiente como para hacerle los honores a esta irresistible, inesperada sorpresa.