Juan Villoro viaja en Palmeras de la brisa rápida a un Yucatán sentimental

El Yucatán, señala Villoro, es un “lugar separatista”, al que se refieren en México como “la hermana república de Yucatán” y configura en el autor, por tanto, un origen doblemente separatista: “Vengo de dos tradiciones separatistas, mi padre de Barcelona y mi madre de Yucatán”

El escritor y periodista mexicano Juan Villoro (i), recibió el Premio de Periodismo Diario Madrid, en su XIV edición, de manos del ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo. LA PRENSA/EFE

“México es un país del que frecuentemente se dice que tiene grandes riquezas y contrastes, que ha sido narrado por grandes viajeros extranjeros. Sin embargo, los propios mexicanos hemos hecho pocos libros de viaje, no hay esta tradición tan afianzada en la literatura anglosajona”, dijo  Villoro en la presentación en Barcelona (noreste de España) de Palmeras de la brisa rápida (Altar).

Villoro publicó esta particular obra hace 27 años en Alianza Editorial Mexicana, con el que inició una colección de libros de viajes y “aunque la idea inicial era ir a Acapulco, una ciudad internacionalmente conocida, que tenía un aura de glamour”, aunque finalmente lo rechazó y les convenció de ir a Yucatán porque su abuela y su madre eran yucatecas.

LAS DOS TRADICIONES

El Yucatán, señala Villoro, es un “lugar separatista”, al que se refieren en México como “la hermana república de Yucatán” y configura en el autor, por tanto, un origen doblemente separatista: “Vengo de dos tradiciones separatistas, mi padre de Barcelona y mi madre de Yucatán”.

Esta región es, a decir de Villoro, “una mezcla muy peculiar de tradiciones, que tiene mucho que ver con el Caribe y el Golfo, durante años estuvo muy relacionada con La Habana y Nueva Orleáns; que está marcada por el azote de la piratería; y también por sus orígenes mayas”.

Como su madre trabajaba en un hospital psiquiátrico y su padre prácticamente no estaba, el pequeño Villoro creció con su abuela, que era “mitómana, maledicente, chismosa, que aspiraba a ser vista como aristócrata y realzaba sus virtudes de forma inverosímil y denigraba a sus enemigos de la manera más dramática posible”.

La abuela de Villoro “vivía más en la representación de la realidad que en la realidad misma”.
Con estos antecedentes, creyendo en el Yucatán que su abuela le había narrado mil veces en clave fantástica, Villoro descubrió “ese mismo Yucatán, pero en el que intervenían otros factores como la música, el deporte, el boxeo, las pirámides”.

Es consciente de que ese viaje se produjo hace más de un cuarto de siglo, por tanto, es “un libro de viajes que ya comienza a ser un libro de historia”.