El rechazo de la candidatura don Fabio

Don Fabio Gadea rechazó ser el candidato presidencial por la coalición del Partido Liberal Independiente (PLI) para las elecciones del 2016. Su principal argumento para rechazar su candidatura fue que después de haber vivido la experiencia del fraude electoral en las elecciones del 2011 no se había “producido hasta hoy ningún cambio favorable en el Consejo Supremo Electoral (CSE)”.

Don Fabio Gadea rechazó ser el candidato presidencial por la coalición del Partido Liberal Independiente (PLI) para las elecciones del 2016. Su principal argumento para rechazar su candidatura fue que después de haber vivido la experiencia del fraude electoral en las elecciones del 2011 no se había “producido hasta hoy ningún cambio favorable en el Consejo Supremo Electoral (CSE)”.

A pesar de lo anterior, afirmó que continuará apoyando “a la coalición en la permanente lucha porque se generen las condiciones apropiadas que garanticen el respeto a la voluntad popular”.

A pesar de la contundencia del argumento esgrimido por don Fabio, considero que en la Nicaragua de hoy es uno de los elementos menos sustanciosos. No hay duda, que si los votos no se cuentan bien, cualquier democracia está herida en sus cimientos. Es más, si no es posible votar y contar bien los votos, no hay democracia posible. Es el elemento central para empezar a distinguir un régimen democrático de uno autoritario o totalitario.

Dicho lo anterior, entonces, por qué yo afirmo que hoy ese argumento no es el más importante. Por una simple razón, este no es un régimen democrático desde 2008, ya el Centro Carter había confirmado “como los estándares democráticos y electorales en Nicaragua decayeron significativamente tras el fraude comprobado en las elecciones municipales de 2008”. Al desaparecer la democracia, con una débil protesta nacional e internacional, los métodos de lucha deben cambiar. Ante las elecciones del 2016, la actitud de los partidos políticos y ciudadanos debería ser:

Cualquier plataforma electoral que quiera desafiar a Ortega debe aspirar a derrotarlo, no solo a obtener unos cuantos curules. Debe tener claridad que deberá enfrentarlo cara a cara en cada una de las Juntas Receptoras de Votos (JRV). Especialmente, donde el régimen siempre ha perdido. El desafío debe darse sobre las rutas que conforman el tendido electoral.
La observación o el acompañamiento (como quieran llamarle) será fundamental para registrar, fundamentar y, finalmente, denunciar las anomalías electorales, no para evitar los fraudes. Estos ya se han presentado desde 2008 con observación electoral y parte sin novedad. Por tanto, no participar en la contienda por la falta de condiciones es un argumento débil, porque ya se ha participado sin condiciones.

En esta coyuntura, únicamente, don Fabio podía representar un desafío al FSLN. Él podía hacer ese llamado a defender cada voto en cada JRV. Ser un símbolo de la resistencia, algo que debió hacer en el 2011. Lo más importante es tener un partido fuerte, disciplinado y con voluntad férrea para defender el voto y la democracia, aún a costa de la seguridad personal de fiscales y candidatos.

Por principio, en la vida y menos en política, no se rehúye la lucha; lo que sí pueden cambiar son los métodos de lucha. Al proyecto totalitario hay que enfrentarlo en todos los estamentos. Pero definitivamente, el PLI no tiene el hambre de poder para proteger la democracia, defendiendo hasta el último voto. En el PLC hace mucho tiempo que desapareció esa convicción.

El argumento de don Fabio es válido en una sociedad con ambigüedad democrática. Nicaragua desde 2008 no es una sociedad democrática. Desde luego, que hay muchos otros argumentos válidos para no participar en esta contienda. Estoy seguro que don Fabio los tiene, pero no los dijo.

Nadie desconoce mi tenaz empeño por conseguir la unidad de todos los partidos y de otros sectores sociales democráticos con el objeto de lograr la recomposición del CSE y de sus estructuras, convertidas por el régimen en productoras de escandalosos fraudes electorales.

El autor es politólogo.