Opiniones

Recuerdo que en las elecciones de 2011, el propio día de la elección al mediodía, nos reunimos con el doctor Dante Caputo, personaje conocido en todo el continente y quien había sido enviado por la OEA como observador a las elecciones.

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Querida Nicaragua: quiero compartir con mi amigos y correligionarios algunas de las cartas que he recibido, luego de mi anuncio de renuncia a la candidatura presidencial que me ofreció la coalición encabezada por el PLI.

Lea aquí la carta completa de Fabio Gadea.

Algunos de mis amigos entusiastas con mi candidatura juran y rejuran que yo habría ganado la elección del 2016, que perdí una gran oportunidad. Ellos solamente piensan en la cantidad de simpatizantes que tengo en su localidad y en que todos votarían por mí. Eso probablemente es cierto, sin embargo, no han pensado que cada boleta, cada acta, habría sido inutilizada, como en efecto lo ha sido en el pasado, falseada en sus números para hacer ganar al partido del gobierno.

No han pensado que en la inmensa mayoría de esas juntas receptoras de votos hay comisarios especiales nombrados a la brava por el nunca bien ponderado Consejo Supremo Electoral (CSE), y que esos individuos son los encargados de preñar urnas, de expulsar a los fiscales de los partidos contrarios y de falsificar lo que tengan que falsificar porque tienen la orden de “ganar o ganar” pase lo que pase y asunto acabado.

Recuerdo que en las elecciones de 2011, el propio día de la elección al mediodía, nos reunimos con el doctor Dante Caputo, personaje conocido en todo el continente y quien había sido enviado por la OEA como observador a las elecciones. Aquí no lo dejaron observar nada, le permitieron ser “acompañante” y como tal en 20 mesas electorales no le permitieron entrar a observar cómo iban las elecciones. Otras tantas irregularidades encontraron los observadores o “acompañantes” de la Unión Europea.

Los informes de ambos organismos fueron presentados al público y no pasó nada, el gobierno y el Consejo Electoral ni vieron ni oyeron.

De modo que, nadie se entusiasme en el caso de que el Ministerio de Relaciones Exteriores a última hora invite a observadores como la OEA, Unión Europea o el Centro Carter. Correrán la misma suerte, vendrán como “acompañantes” y no se tomarán en cuenta sus informes.

Don Fabio, me dice la carta de un exaltado correligionario, usted ha perdido la oportunidad única de ganarle la presidencia a Ortega. Con tristeza la leo y me doy cuenta de la infinita ingenuidad de este amigo. Él piensa en los votos que seguramente habría conseguido y el entusiasmo que habría despertado, pero no piensa en la muralla de concreto que se interpone entre los votantes democráticos y el CSE. Votos tendríamos de sobra, amigo mío, dos o tres montañas de votos más grandes que las de 2011, pero se habrían estrellado contra la insolencia desvergonzada del CSE.

Por favor no se engañen, amigos míos. Gracias a Dios he recibido un 95 por ciento de felicitaciones por haber rechazado la nominación a la candidatura. Apenas un 5 por ciento opina y con mucho respeto, que yo debería haber aceptado el reto. Cada cabeza es un mundo y cada quien tiene derecho a pensar y a ejercer ese sagrado derecho de opinar y difundir sus opiniones libremente.

Pero no se crea que la renuncia a la candidatura es la renuncia a la lucha en contra de la dictadura y a favor de la democracia. Más de cincuenta años de permanente lucha son toda una vida en busca de la armonía social, del bienestar general, de un necesario programa nacional de educación que forme a los niños desde la primaria y los lleve a las aulas universitarias y a la tecnología. Una lucha por el medioambiente, por el bienestar campesino, por la conservación de nuestras bellezas naturales.

Para lograr esto y más se lucha por un gobierno democrático, sin trampas, mentiras ni corrupciones, por una nación donde los gobiernos respeten las leyes, y esta lucha comienza por conseguir elecciones libres para poder elegir a los hombres que puedan gobernar con amor a su país.

El autor es gerente de Radio Corporación y excandidato a la Presidencia de la República en 2011.