El Niño y el despale en el Cocibolca

En un lugar llamado La Tijereta, un idílico remanso de apacibles aguas cercano a San Ramón, Isla de Ometepe, donde se registra la mayor profundidad de las aguas del Cocibolca

En un lugar llamado La Tijereta, un idílico remanso de apacibles aguas cercano a San Ramón, Isla de Ometepe, donde se registra la mayor profundidad de las aguas del Cocibolca, que es de apenas 150 pies, se encuentra un testimonio, tallado en dura roca, de que alguna vez el fenómeno El Niño provocó sequías mayores o peores, que la actual.

Se trata de una serie de petroglifos tallados en grandes rocas de la costa con figuras de niños y que en muy raras ocasiones se dejan ver por completo. Es decir, ni aún en lo más seco del verano, como aquel 30 de mayo del 2013 que visité el lugar y tomé fotos con el doctor Jaime Incer, cuando medíamos las profundidades del Lago en la ruta del Canal.

Las fotos muestran que parte de los petroglifos estaban sumergidos bajo las calmas aguas, evidencia irrefutable de que los indios náhuatl los tallaron en una época que el lago tenía un nivel más bajo. No he ido al sitio en este año, pero me atrevería a decir que a mediados o fines de mayo, todos los petroglifos serán visibles en su totalidad, como cuando fueron tallados.

Los indios que allí habitaban no tenían mayor problema con alcanzar las aguas del lago, a lo sumo caminaban dos o tres metros más por sus inclinadas pendientes, pero hay zonas en la actualidad, de la costa de Chontales y Río San Juan, que las aguas se han retirado entre 300 y 500 metros.

Esto se debe a la combinación de un fenómeno natural que es El Niño en su punto más bajo del ciclo seco, combinado con la depredación de los bosques en la extensa cuenca del lago. Esto provoca que en el invierno los ríos como el Mayales, el Ochomogo, el Tule y el Sapoá arrastren miles de toneladas de sedimentos que se depositan cerca de sus bocanas.

Dichos sedimentos transportados por las corrientes del invierno y depositados en el lago, de hecho han ido mermando la profundidad del Cocibolca cerca de las bocanas y cuando su nivel baja a consecuencia de dos o tres malos inviernos como resultado de El Niño, tenemos enormes potreros donde antes había agua.

¿Qué podemos hacer para evitar esto o para que no tengamos que ir como los indios nahuatl a calar en la piedra dura nuevos petroglifos para alertar a las futuras generaciones de lo mal que se pueden poner las cosas? ¿Cómo aprovechar esta sequía para hacer algo proactivo para el futuro?

Comencemos por lo más sencillo: los veranos más crueles se aprovechan para extender o mejorar los muelles porque es la época ideal para dicha infraestructura. ¿Lo están haciendo? …obviamente no. Los muelles del lago datan de la época de Somoza, cuando navegaban lanchas de madera de escaso calado y ahora hay ferris que transportan furgones y no se han mejorado ni extendido. Sí se han hecho parques para niños y facilidades para los turistas, pero muy poco o nada en infraestructura náutica lacustre.
Dragado: ahorita es cuando deberían de estar las dragas haciendo canales de acceso a los puertos lacustres y ampliando las áreas de maniobras.

Plantar árboles: si se siembra hoy, los árboles tardarán muchos años en cubrir nuevamente la gran cuenca del Cocibolca, pero hay que comenzar por algo y ciertamente no se comienza despalando más de lo que aún nos queda de bosques.

Turismo: es cierto de que las lanchas en Las Isletas tienen dificultad circulando en sus canales y atracando en su cada día más secos canales de acceso a los puertos de ambos extremos de la Península de Asese. Pero a nadie se le ha ocurrido la posibilidad que se presenta ahora y muy raras veces en nuestras vidas, de poder ir y caminar sobre lo que un día fue el histórico muelle de La Virgen.

Sí, el mismo muelle construido por Cornelius Vanderbilt que se tomó William Walker en 1857 durante la Guerra Nacional, el mismo donde pasaron más de 56,000 turistas de un océano a otro durante la época de oro de La Ruta del Tránsito, hoy por una de esas vueltas del destino, sus cimientos y lo que queda de aquel muelle están ahora a la

vista. La última vez fue en el verano del 2007 y antes que eso en el verano de 1998.

El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y Presidente de la Comisión de Turismo.

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