Buscan agua hasta debajo de las piedras en Boaco

Alrededor de cincuenta pozos en todo el trayecto del río Fonseca han sido abiertos por pobladores que en busca de agua escudriñan desesperados hasta por debajo de las piedras.

En la parte seca del río Fonseca los pobladores hacen huecos para buscar un poco de agua. LA PRENSA/MELVIN RODRÍGUEZ

Alrededor de cincuenta pozos en todo el trayecto del río Fonseca han sido abiertos por pobladores que en busca de agua escudriñan desesperados hasta por debajo de las piedras.

Según Javier Díaz, poblador del San Miguel, los hombres hacen estos pozos en el río para que sus familiares no se vayan muy lejos a lavar. “Nosotros buscamos lo más fácil y en este caso lo más fácil es buscar agua debajo de las piedras. Hacer uno de estos pozos lleva un día si lo hace uno solo, pero si son varios en medio día se termina. Solo hay que esperar una hora para que se llene”, explicó.

Díaz aseguró que se tienen que excavar entre tres y cuatro varas para encontrar agua y luego esperar una hora para que el pozo se llene.
“Hasta el momento llevo contabilizados unos cincuenta pozos en todo lo seco del río, solo ayer (lunes) cavaron como ocho (pozos) más”, agregó.

Parte del río Fonseca, cerca de la presa el Diamante está seco. Más abajo hay agua sucia, contaminada y putrefacta que se forma de las aguas negras que caen de la ciudad.

A BUSCAR AGUA PARA LAVAR

Flor Pérez y las mujeres de su familia tomaron sus sacos de ropa y empezaron el viaje en busca de un lugar donde lavar, puesto que en el barrio La Bombilla, donde habitan, desde hace ocho días no reciben una gota del líquido.

“Ya se nos había acumulado el ropajal y no nos han dado ni media hora de agua, para solucionar el problema tuvimos que venirnos a (la poza) Los Tanques, yo de pequeña venía a esta poza y el agua era abundante, pero ahora no, ahora está seca, según yo lo que nos está afectando es el despale”, dijo Pérez.

La poza Los Tanques está ubicada frente al asilo de ancianos, en el barrio San Nicolás, a menos de un kilómetro de la represa El Diamante.

Josefa López también tuvo que viajar desde el barrio Buenos Aires, puesto que el agua no llega a su casa desde hace cinco días.

“La situación está terrible y tuvimos que venir hasta aquí y un taxi nos cobra entre 50 y 60 córdobas solo por traernos, échele pluma en cuánto nos sale al mes en viajes para lavar la ropa”, detalló molesta.

NO HAY PROTECCIÓN

De acuerdo con Augusto Ingram, ingeniero en Ecología Agraria, especializado en Gestión Integrada en Recursos Hídricos, el despale ha dejado desprotegida parte del río y ha generado por un lado, evaporación de agua y, por otro, profundización de la misma.

“El agua se empieza a profundizar cuando no tiene ningún techo de árboles que la proteja, la gente ha descubierto que debajo de la arena y las piedras hay agua, pero cada vez se va a profundizar más”, agregó Ingram.
LA PRENSA buscó información en Enacal y la Alcaldía Municipal para saber si existe algún plan de mitigación por la sequía, pero ninguno de los encargados estaba disponible.