Talos y la risa sardónica

Se dice que la risa sardónica es aquella que tiene un sentido de burla o de satisfacción malvada de quien se ríe. Pero la risa sardónica es también una enfermedad.

Se dice que la risa sardónica es aquella que tiene un sentido de burla o de satisfacción malvada de quien se ríe. Pero la risa sardónica es también una enfermedad. Se le llama así al cuadro de convulsiones y contracciones en los músculos del rostro de una persona, que aparentan ser una sonrisa forzada o más bien una mueca grotesca. En este caso dicen que la risa sardónica es provocada por una variedad del apio conocida como hierba sardonia, “que perturba los sentidos y retuerce los labios provocando un efecto que simula una sonrisa”.

También se asegura que el vocablo sardónico deriva de Cerdeña (Sardegna o Sardiña en idioma sardo), una isla del Mar Mediterráneo que pertenece a Italia con régimen especial de autonomía.

Según una antigua leyenda, los habitantes primitivos de Cerdeña tenían la brutal costumbre de que los hijos llevaban a los montes a sus padres ancianos donde los sacrificaban mientras reían a carcajadas. En otra versión de la misma leyenda se decía que los ancianos que iban a ser sacrificados eran obligados a tomar una bebida preparada a base de hierbas, que les hacía reír mientras eran golpeados. Aquella bebida causaba delirios, calambres, parálisis facial y estado de coma.

En la mitología griega también hay una explicación del origen de la risa sardónica, relacionada con el mito de Europa, la bella princesa fenicia que fue raptada por Zeus y dio su nombre al viejo Continente.

Cuando Zeus rapta a Europa para hacerla su amante, la lleva a través del mar hasta la isla de Creta, donde la deja al cuidado de Talos, un gigante de bronce con cabeza de toro.

Talos era invulnerable, solo podía ser herido en uno de los tobillos donde tenía una clavija que sellaba la única vena de su enorme cuerpo por la cual le circulaba la sangre.
Tres veces al día Talos daba la vuelta a la isla de Creta y cuando se acercaban naves extrañas subía a una loma desde donde les arrojaba grandes piedras, para hundirlas o ahuyentarlas. Y tres veces al año Talos recorría las aldeas de Creta llevando placas de bronce en las que estaban grabadas las leyes del rey Minos (hijo de Zeus y Europa), para que los cretenses las conocieran y no se olvidaran de cumplirlas.

Atraídos por las noticias de que en esa gran isla había muchas riquezas los sardos deciden invadir Creta. Los invasores logran evadir las piedras de Talos y desembarcan en las playas. Pero entonces Talos se arroja en una hoguera y permanece en ella hasta ponerse al rojo vivo y después mata a los sardos abrazando y calcinando a cada uno de ellos, mientras ríe ferozmente a carcajadas y el rostro convertido en una horrible mueca. De ese hecho legendario se deriva la sonrisa sardónica, escribe el mitólogo británico Robert Graves.

Pero Talos no tiene buen fin.Cuando Jasón y sus hombres —llamados Argonautas porque viajan en una nave llamada Argos—, pasan cerca de Creta, a su regreso de la Cólquide a donde fueron a apoderarse del Vellocino de Oro, deciden parar en la isla para abastecerse de agua y alimentos.

Con los Argonautas viaja Medea (cuyo nombre significa “la astuta”), la princesa hechicera de la Cólquide que traicionó a su padre para ayudar a Jasón a apoderarse del Vellocino de Oro, a cambio de que se la llevara y se casara con ella. Los Argonautas van hacia Yolcos, donde Jasón espera recuperar el reino que le corresponde por herencia, mas para eso debe entregar el Vellocino de Oro a su tío, Pelias, quien usurpa el trono desde que derrocó a su hermano Neleo, abuelo de Jasón.

Inmovilizado por la magia de Medea, Talos no puede arrojar sus grandes piedras contra los Argonautas cuando se acercan a las costas de Creta. Talos solo reacciona hasta que los extranjeros están en tierra firme, y trata de matarlos, pero es vencido por la astucia de Medea.

Hay dos versiones acerca de la muerte de Talos. En una se dice que Medea arranca la clavija del tobillo del gigante metálico, quien muere desangrado. En la otra se asegura que fue el arquero Peante, uno de los Argonautas, quien ayudado por la maga Medea logró con un certero flechazo arrancar la clavija que sellaba la vena del gigante de bronce.

Como quiera que fuese, Talos, cuando está muriendo ya no sonríe sardónicamente, como lo hizo cuando achicharró a los sardos. Ahora solo muestra una espantosa mueca de espanto y dolor, pero también de sorpresa al enfrentarse con la muerte que nunca creyó que le podía tocar.

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