Nueva época

Esencia de la fantasía o de la vanidad es lloriquear “las peras al olmo”. Pero esta vez la petición fue humanista. El tema circulando por todos los pasillos del mundo donde haya ojos para ver a la suprema claridad. Resulta inevitable referirme al pronunciamiento que el presidente Barack Obama hizo en La Habana, Cuba, en […]

Esencia de la fantasía o de la vanidad es lloriquear “las peras al olmo”. Pero esta vez la petición fue humanista. El tema circulando por todos los pasillos del mundo donde haya ojos para ver a la suprema claridad. Resulta inevitable referirme al pronunciamiento que el presidente Barack Obama hizo en La Habana, Cuba, en cuya superficie le dio la vuelta al calcetín, en la propia tierra sacudida por la opresión sin que se conozca ningún límite para que llegue la libertad, porque así lo ha advertido el gobierno cubano renuente a prender las luces de la esperanza.

Con esa advertencia preliminar Obama no perdió el equilibrio aunque sea regida por los moldes de la teoría. Yo creía que al cristalizarse el viaje en la escalerilla impregnada de los saludos protocolarios, Obama iba a ser humillado con solo el hecho de ser recibido con un funcionario lejano de su categoría y ahí comenzarían los ultrajes. Pero el aspecto formal no tuvo ninguna trascendencia. El tiempo se llevó a la hipocresía que normalmente aparece en esos actos. A partir de ahí lo que prevaleció fue el fondo, la imperiosa y valiente necesidad de llegar a una conclusión determinada, susceptible de ser llevada por los oleadas de la pertinente reflexión. Aprovechar desde el despegue que se había inaugurado una nueva época, un proceso que congeló a la guerra fría, el testimonio visto desde otros ángulos de las relaciones entre Estados Unidos (EE. UU.) y Cuba. Aquellas dejaron de ser huesos helados. Solo se trataba de dar el primer paso para continuar con la marcha, emprendida con todo y el sonido de los clarines.

No fueron las de Obama las cartas del niño Dios en Navidad y por supuesto la tentación de la compra venta, lejos de ser sugerida aunque Fidel Castro posteriormente la hubiera vislumbrado.

Prevaleció la verdad ante la plana mayor del poder —rostro frente a rostro— siendo eso un tesoro que tiene valores. Basta con mencionar una frase que debe repetirse: “El futuro de Cuba debe estar en manos del pueblo cubano”. Obama se vistió de humildad histórica al señalar sus orígenes, las raíces nutricias que lo hicieron escalar a la posición más importante de EE. UU. Estuvo presente en el homenaje al dolor. Creo que Obama con los errores que pudo haber cometido rompió el silencio equívoco, estrenó a una nueva época. Reitero la admiración que siento por todos los cubanos. Él será el gran protagonista del cambio. Volver al pasado es un recurso reflexivo pero no será siempre una manera frecuente de ver la vida como la que públicamente ha sido expuesta. Obama estuvo acompañado por un pretérito vivencial, no solo pulsado por los recuerdos de la infancia cuando pulsó la frase que desnudó a su ayer. Empero la ilustración levantó muros, aportó credenciales cómo la injusticia ha roto las barreras del racismo, aunque estas presenten el panorama de la separación

El viaje explicación hecha de su contenido, de su franqueza, estuvo conectado con los ribetes oportunos respecto de la actual situación de la izquierda en decadencia en América Latina. La puntualidad con Argentina, salvo cierta liviandad en el ambiente, puntualizó la transformación en América Latina y en ese aspecto un útil provecho. Florece una nueva época. El preámbulo es bueno, hay los síntomas de una sana rehabilitación en el sistema democrático del subcontinente.

El autor es periodista.

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