Zona de Strikes: Alexis Argüello y Román «Chocolatito» González

No era difícil sentir afecto por Alexis Argüello. Se había ganado nuestra admiración por su compromiso, pero sobre todo por la fuerza y fuego que exhibía en el ring, mientras devastaba oponentes.

No era difícil sentir afecto por Alexis Argüello. Se había ganado nuestra admiración por su compromiso, pero sobre todo por la fuerza y fuego que exhibía en el ring, mientras devastaba oponentes.

Disponía de un gran despliegue atlético, que le permitió ir de una división a otra sin contratiempos, mostrando siempre un imponente espíritu competitivo y una determinación de acero.

Aun con la velocidad de sus disparos y su potencia estremecedora, su cintura era rígida y sus piernas no se movían con la elegancia artística que exhibía arriba, mientras causaba destrozos.

Sin embargo, eso resultó secundario en el corazón de sus seguidores, que llegaron a apreciarlo por su habilidad deportiva, pero también por su sencillez y porque siempre les resultó cercano.

A Alexis la gente lo podía tocar. Lo sentía suyo. Jamás se andaba con protocolos y formalidades. Rápido entraba en contacto hasta con el más sencillo, como él lo era. Y eso lo hizo grande.

Argüello abrió el camino hacia la grandeza. Nos enseñó a ganar. Hasta antes de él no se había conseguido nada significativo en el deporte pinolero. Él es nuestro punto de inflexión.

Ahora es el momento de Román “Chocolatito” González, el brillante pugilista que parece tener un boxeo sin fisuras, brillante y prometedor. Con un gran futuro y también un gran presente.

A la sombra de Argüello, González escribe su propia historia y con buena letra. Es técnicamente impresionante. Boxísticamente completo, con la dosis adecuada de coraje y una valentía firme.

El presente de Román se está forjando. De las comparaciones con Alexis se encargará el futuro.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: