“Coyotes” siguen haciendo de las suyas con cubanos varados

“Como dato puedo decir que están cobrando hasta 900 dólares para cruzar hasta Nicaragua y entre 1300-1500 dólares por ponerlos en Tapachula, son datos que estamos manejando por acá”, dijo el pastor evangélico varado en Panamá.

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Cubanos varados en Costa Rica, esperan continuar su viaje a los Estados Unidos. LA PRENSA/J. Bravo/ARCHIVO

La desesperación o ansiedad por salir de Panamá y llegar pronto a Estados Unidos, el fin de la ruta migratoria, ha llevado a cientos de cubanos a continuar el viaje con ayuda de coyotes que cobran hasta 900 dólares por personas para cruzarlos por Costa Rica y Nicaragua.

El pastor evangélico varado en Panamá, Pável Fernández, explicó que después del 12 de abril, día en que se desarrolló sin frutos una reunión regional en San José para buscar una salida ordenada de unos 4 mil cubanos varados en territorio canalero, empezaron a salir diario desde los albergues con ayuda de traficantes de personas, grupos de entre 30 y 40 migrantes.

“Acá las personas están desesperadas. Aunque se escuche mal lo que voy a decir, los coyotes están haciendo eficientemente su trabajo y están llevando a las personas bien hasta el lugar de destino, prácticamente hasta Tapachula (México)”, explicó Fernández.

“Como dato puedo decir que están cobrando hasta 900 dólares para cruzar hasta Nicaragua y entre 1300-1500 dólares por ponerlos en Tapachula, son datos que estamos manejando por acá”, añadió el pastor.

El negocio de los traficantes de personas con cubanos varados no es nuevo. De hecho esta ruta migratoria desde que comienza en Ecuador, Venezuela o Colombia, la mayoría de cubanos hacen uso de ellos para hacer el recorrido hasta México o Estados Unidos.

Durante la crisis migratoria con cubanos en Costa Rica, entre noviembre de 2015 y marzo de este año, unos 3,500 migrantes hicieron uso del coyotaje para atravesar Nicaragua, a pesar que la frontera nicaragüense está militarizada, a un precio mínimo de 800 dólares por personas.

Lo hicieron en dos grandes oleadas en ese periodo, iniciadas también luego de fallidas reuniones regionales que en ese momento tampoco encontraron solución a la crisis.

“Los que conozco que se van, bordean la frontera terrestre (de Costa Rica y Nicaragua). Imagino que utilizan algunos lugares por donde evadir puntos de control. En menos de dos días logran pasar hasta Honduras. Parten de los albergues, de casas rentadas y otros entran a Panamá directamente con contactos (de coyotes) y ni siquiera se registran en los albergues”, explicó Fernández.

Dos días de travesía por estos dos países centroamericanos parece una aventura sencilla. No obstante, así como llegan rumores de viajes exitosos a sus destinos, aumentan rumores de muertes en el camino, sobre todo al momento de pasar por Nicaragua.

“El rumor es que murieron dos niños y que una mujer embarazada a punto de dar a luz perdió su bebé en un aborto. Lo más confirmado que tengo es que ocurrió en territorio nicaragüense. Todos estos rumores son muy volátiles, muy extraños, no se habla de cosas exactas”, cuenta Fernández.

Jani Durán, cubana de 46 años que abandonó su natal provincia de Cienfuegos en busca de libertad, piensa que el gobierno de Panamá debe poner un alto a la salida con coyotes, dado que personas inescrupulosas se aprovechan de la necesidad de los cubanos y en la travesía, se exponen la vida.

“La gente se ha ido, mucha gente está saliendo con coyotes, realmente el gobierno tiene que tomar una posición, hacer algo respecto a eso”, dijo Durán, una farmacéutica y dibujante de arquitectura y topografía que tiene dos meses de estar varada en Panamá, junto con su hija y una nieta de dos años.

Ella abandonó Cuba, donde ganaba entre 13 y 15 dólares al mes trabajando como farmacéutica al gobierno, en busca de libertad, sin saber que quedaría en condición de varada en Panamá donde su condición es desesperante.

“Corre el desespero, corre la ansiedad por salir, estamos aquí perdiendo el tiempo prácticamente. La mayoría de cubanos que estamos aquí tenemos familiares en Estados Unidos que nos están esperando, estamos aquí en un tempo prácticamente perdido y los niños no están siendo atendidos como se debe en el tema de la salud”, lamentó Durán.

“ESTAMOS EN CONDICIÓN DE VULNERABILIDAD”

A medida que pasa el tiempo, el desgaste físico, mental y económico crece entre los cubanos varados. La incertidumbre es total, dado que el gobierno panameño no les comunica oficialmente sobre las gestiones para buscar una salida ordenada de ellos.

La poca información que reciben proviene desde Costa Rica, a través de medios de comunicación. Este país sigue invariable en su postura de abrirles la frontera, pero ha incrementado gestiones diplomáticas y decidió elevar pronto el problema de la crisis con cubanos y africanos al seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC).

“Lo más importante es la vulnerabilidad de muchos que estamos acá, vulnerabilidad emocional y económica, nuestros recursos están agotados totalmente, ya no tenemos recursos, se está convirtiendo en un problema para las autoridades si no busca una solución inmediata a esto, porque ya las personas están agotando sus recursos que les han quedado”, dijo el pastor Fernández vía telefónica desde el norte de Panamá.

“Todos los días es la misma incertidumbre sin saber qué va pasar, no hay información, estamos sin saber nada y nos sentimos en el limbo, estamos abogando por una salida seguro y organizada”, añade Durán.

Ese sentimiento colectivo de angustia es consecuencia del entorno donde están varados. Hacinamientos en albergues y pequeños hoteles de alquiler, pernoctando debajo de improvisadas tiendas de campañas, sobre cartones o colchones de aire, compartiendo baños portables de plástico, mala alimentación y deficiente atención médica.

“Los baños son portátiles, todas las personas tienen que hacer necesidades ahí y no dan abasto. Las condiciones no son las mejores, a esto se suma que vienen tiempos de lluvia, personas que duermen en cartones o colchonetas guarecidos con carpas de nylon, cuando el agua corre se le moja todo lo que tienen y es crítica la situación”, cuenta Fernández.

“La alimentación corre por parte de Cruz Roja pero son limitados recursos, dan arroz y frijoles, arroz y codito (caracoles de pasta). Los cubanos en Panamá seguimos siendo 4 mil, porque así como se van a diario con coyotes, llegan hasta grupos de 60 a Puerto La Miel (sur de Panamá), añade el pastor.

A Durán le preocupa la deficiente atención en salud, sobre todo a menores de edad, embarazadas y personas de la tercera edad con padecimientos crónicos.

“La alimentación de la bebé (su nieta) no es la mejor, no hay recursos específicos para alimentar a los niños. Agradecemos a la Cruz Roja pero aunque hay leche para los niños, ellos necesitan otras cosas, no tienen alimentación balanceada, hay niños varados aquí desde hace cuatro meses ya, es un problema que se nos va de las manos, ya es bastante difícil, en este momento no tenemos capacidad ni el ánimo de salir con personas inescrupulosas que lucran con la vida de seres humanos (coyotes)”, lamentó Durán.

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