Tortugas, redención y muerte en el Caribe

Por años, las tortugas carey fueron exterminadas en los Cayos Perlas para aprovechar su caparazón. Eso cambió en los últimos años. Pero la matanza de tortugas verdes continúa en los Cayos Miskitos.

Las tortugas son arrastradas y antes de ser sacrificadas pueden pasar varias semanas debajo de las casas de tambo. LA PRENSA/ O. NAVARRETE

Las tortugas son arrastradas y antes de ser sacrificadas pueden pasar varias semanas debajo de las casas de tambo. LA PRENSA/ O. NAVARRETE

De la abundancia de peces y tortugas que había alrededor de los paradisíacos islotes, de arena blanca, que forman los Cayos Perlas, sabe mucho William McCoy. “Fui pescador y pesqué un sin número de peces y tortugas con mis colegas allá afuera, en el mar”, dice McCoy, un hombre de 53 años, quien fue pescador por muchos años, pero que dejó de hacerlo y se ha convertido en un guardián de esta especie que está en peligro “crítico” de extinción.

McCoy es reconocido líder de la comunidad creole que habita en Laguna de Perlas. Para contar la historia de lucha a favor de la conservación de la tortuga carey, se sienta en un mullido sillón en la sala de su casa desde cuyo patio asoman las aguas de la Laguna de Perlas, la que surcó desde que era un adolescente.

Para entender lo que ha pasado, McCoy, de contextura delgada y fuerte, se remonta a la relación que durante décadas existió entre pescadores y tortugas. “Pescaba langosta con nasas y tortugas con redes. Atrapábamos toda clase de tortugas. La tora es la más grande. Puede pesar hasta 1,500 libras y medir hasta seis pies de largo. Es mucho más alta que el tamaño de un hombre adulto. Yo miraba que las cosas que hacíamos allá en los bancos de pesca no era lo adecuado. La red no definía ¿qué especie podía ser atrapada? Atrapábamos verdes, carey, las cabezonas que son muy agresivas y ¿qué hacían los pescadores? les golpeaban la cabeza para dejarlas inconscientes y luego las dejaban ir. A las carey la gente las llevaba para comer pero no mucho. Algunos botaban su carne porque no hacían un buen negocio con ella. Pero no solo eso. Todos los huevos que las tortugas ponían eran saqueados. Yo pensé que mis hijos no iban a morir de hambre si yo no sacaba huevos de tortuga y entonces ¿por qué los sacábamos? ¿Por qué lo hacíamos? Sabía que estaba mal lo que hacíamos pero, ¿qué podíamos hacer? estábamos matando a una especie que no usábamos, ¿por qué no buscábamos como liberarlo?”, reflexiona.

TORTUGA

“Recuerdo que estaba con otros dos colegas, pescando y subió una carey a anidar. Mi compañero la cazó y la mató al día siguiente. Yo no le dije nada porque era alguien mayor, que toda la vida se acostumbró a hacerlo. Yo pensé que nosotros veníamos aquí para pescar tortuga verde, pero a las carey las podíamos dejar para que se reproduzcan y en el futuro tendríamos carey. Una mujer tocó un día a la puerta de mi casa para preguntarme si podía tomar una muestra de los huevos. En ese momento había carne de tortugas carey y verde y huevos. Ella no venía a imponer nada, solo quería saber unos datos. Al final del día regresó y preguntó si no estaba interesado en recolectar datos de la pesca de tortuga y yo le dije que estaba interesado en la protección de la tortuga carey”.

Eso fue a finales de los noventa. En el 2000 McCoy dejó de pescar carey y comenzó a dedicarse a la protección y conservación de esta especie que anida varios meses en los Cayos Perlas, un conjuntos de islotes paradisíacos que están a una hora del muelle de Laguna de Perlas.

Wilbert Campbell pescó tortugas desde adolescente, ahora intenta sobrevivir con el turismo comunitario y alternativo en los Cayos Perlas. LA PRENSA/ L. VILLAGRA
Wilbert Campbell pescó tortugas desde adolescente, ahora intenta sobrevivir con el turismo comunitario y alternativo en los Cayos Perlas. LA PRENSA/ L. VILLAGRA
PELIGRO CRÍTICO DE EXTINCIÓN

El dato no es nada alentador: por cada mil tortuguillos que nacen, probablemente solo uno sobrevive y alcanza la madurez sexual a los 25 o 30 años. Todas las especies de tortugas, no solo tienen que enfrentar el asedio humano que aprovecha su carne y su concha, también deben sortear a otros depredadores marinos.

Rodolfo Chang, ecólogo y representante de la organización WCS (Wildlife Conservation Society), orientada a la conservación de la tortuga, explica que las costas del Caribe nicaragüense son atravesadas por cuatro especies de tortugas de las siete que se conocen en el mundo.

La carey desova en los Cayos Perlas mientras que la verde se alimenta en los Cayos Miskitos donde abunda el pasto marino, explica Chang.

En el 2000, cuando se comenzó a trabajar para proteger la carey en la zona de los Cayos Perlas “el 97 por ciento, casi la totalidad de los nidos, eran saqueados por los pescadores locales. Ahora se ha bajado a 10 y 15 por ciento”, explica el experto.

En los últimos años, en cada arribada se logran proteger poco más de 400 nidos.

Todavía de la carey se sigue aprovechando su concha para confeccionar artesanías que se venden en mercados, ferias y aeropuertos.

Pese a que existe una veda permanente a favor de este especie se sigue capturando, matando y elaborando y comercializando bisutería de carey. “Significa que se sigue matando pero en menor cantidad”, afirma Chang, quien no obstante valora que en el caso de Laguna de Perlas, “el tema de las tortugas carey es un tema de éxito”.

“El año pasado tuvimos 460 nidos”, afirma McCoy, supervisor del programa de protección de la carey.

Cuando va a comenzar la anidación en mayo, McCoy suspende todas las actividades y se recluye en los Cayos Perlas, que conoce como la palma de su mano. Durante los meses de anidación las organización WCS contrata personal para ayudar a monitorear y contar los nidos.

A pesar de la veda su carne se consigue en los mercados. LA PRENSA/ O. NAVARRETE
A pesar de la veda su carne se consigue en los mercados. LA PRENSA/ O. NAVARRETE

 

“Nosotros no podemos hacer nada, porque el gobierno debería poner mano dura. Toda esa información la tiene Marena (Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente), pero no hacen nada”. William McCoy, expescador y conservador de la tortuga carey en Los Cayos Perlas.

DEJAR PESCA POR TURISMO

La persistencia de McCoy, en la protección de los nidos, pero también de la organización WCS en la búsqueda de otras alternativas económicas para los pescadores de la zona, han dado sus frutos.

Wilbert Campbell fue pescador hasta hace dos años. Campbell ahora es motorista de Kabu Tours, una empresa turística compuesta por 10 hombres, entre ellos Campbell, que han decidido dejar la pesca y dedicarse a promover el turismo alternativo en los Cayos.

Y sus palabras son casi un calco de lo que ha dicho McCoy. “No quería que mis hijos crecieran sin conocer las tortugas”, dice este hombre de 37 años.

En el grupo de expescadores hay varios muy jóvenes como Roberto Rigby, originario de Kahkabila. Rigby se encarga de varias actividades dentro de la pequeña empresa de turismo que tiene su sede en Laguna de Perlas.

Kabu Tours ofrece varios circuitos turísticos: viajar a los Cayos para bañarse en sus playas vírgenes, bucear por arrecifes, pero también contemplan un recorrido histórico y cultural por las distintas comunidades que integran la cuenca de Laguna de Perlas.

En Kahkabila, de donde es oriundo Rigby, hace las veces de guía. Explica a los visitantes la historia y composición de la comunidad y sus rasgos más característicos.

Pero Rigby, de 25 años, también se encarga de la atención a los turistas que viajan a los Cayos, en otro de los circuitos que ofrece la agencia. Le toca organizar la provisión, cargarla, descargarla, arma las casas de campaña, apoyar en la cocina a Max, otro muchacho como él, y por las tardes, cuando se organiza el buceo al área de arrecifes, se tira al agua con los visitantes más novatos para evitar que golpeen los corales. Rigby, que luce incansable a lo largo de la faena turística, le gusta este trabajo. Lo mismo que a Max, el cocinero, originario de Marshall Point, quien aprendió a preparar los platos costeños, con leche de coco, en su casa. “No es difícil”, dice sonriente Max mientras prepara un rondón para un grupo de visitantes en uno de los Cayos. El cocinero ha sido capacitado en temas de higiene y manejo de alimentos. Los fines de semana va a la universidad y cuando no atiende a turistas, se desempeña como profesor en su comunidad.

Chang explica que Kabu Tours lleva dos años operando y la intención es explorar otras alternativas económicas para los pescadores.

 

“La tortuga carey es una especie en peligro crítico de extinción. Su población es bajísima. Todas las tortugas están en peligro de extinción. Por eso el trabajo prioritario es la recuperación de su población (carey) más aún porque anida en los Cayos Miskitos”. Rodolfo Chang, director enlace del WCS.

LA CAZA DE VERDES

“Tenemos un programa de intercambio, damos una camiseta por una tortuga y cuando suman 15 tortugas donadas, les damos un chaleco salvavidas”, dice Chang.

A pesar de la conciencia que se ha hecho con los pescadores acerca de la tortuga carey, aún falta camino que recorrer con la tortuga verde. McCoy dice que en un año, en esa zona —Laguna de Perlas— se pueden capturar 11,000 tortugas verdes. Los encargados de WCS no se atreven a imaginar cuántas tortugas verdes se pueden estar capturando y matando en el Caribe Norte, donde su población es mayor, porque ellas comen en los Cayos Miskitos, donde se concentran grandes cantidades de pasto marino.

“Yo sigo recolectando datos de la matanza. Nosotros no podemos hacer nada, porque el gobierno debería poner mano dura. Toda esa información la tiene Marena (Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente), pero no hacen nada”, explica McCoy quien en distintos momentos ha sentido tanta impotencia por la pesca indiscriminada de distintas especies que más de una vez ha pensado en renunciar.

McCoy, más conocido como Bill en su pueblo, reflexiona que la “conservación está en mí, pero también está en todos mis hijos (seis varones)”. Por eso vuelve cada año al monitoreo y protección de la carey.

“Yo les aconsejo a los muchachos que estudien y procuren como tener una profesión y buscar otro tipo de trabajo que no sea el de pescador, porque ya no hay que pescar”.

La caza y comercialización de la tortuga verde es parte de la cotidianidad en el muelle y mercados de Bilwi, cabecera del Caribe Norte. LA PRENSA/ O. NAVARRETE

Sobreexplotación de tortugas verdes

“Los miskitos son considerados un pueblo tortuguero”, afirma Rodolfo Chang, representante de WCS, la ONG que promueve la conservación de tortugas en el Caribe Sur. Por tradición, a las comunidades miskitas se les permite capturar para su alimentación la tortuga verde. Sin embargo, existe una sobreexplotación de los quelonios. Las tortugas son capturadas en la zona de los Cayos Miskitos, a tres horas en panga de Bilwi, y luego son llevadas hasta la cabecera regional para comercializarlas. Al muelle de Bilwi llegan embarcaciones de motor y de velas cargadas de tortugas verdes. Son bajadas y arrastradas por la arena del muelle, donde quien las captura las vende al mejor postor. Su comprador puede sacrificarla de inmediato o esperar unos días antes de matarla. Durante la espera, las tortugas que pesan alrededor de 150 libras son colocadas boca arriba. Así pasan hasta que las matan. Desde el primero de marzo está en veda la captura de la tortuga verde y de langosta en Bilwi.

Sin embargo, hasta febrero había una sobre oferta de carne de tortuga en los mercados y carnicerías de la ciudad. El precio de la libra oscilaba entre 30 y 35 córdobas más barata que la carne de pollo y res.

En este momento, en el mercado “negro”, a pesar de la veda, la carne de tortuga se consigue a 40 y 45 córdobas, según comenta un habitante de la zona.

“La cantidad que se captura no es sostenible para una especie en peligro de extinción”, afirma Chang y explica que “el problema de la tortuga verde es que es una pesca legal para fines de subsistencia, pero la captura sobrepasa los niveles de subsistencia. Se infringe la ley. Hay reglas pero no se cumplen”.

A pesar de la explotación, el consumo de la tortuga verde como la carey está en veda, pero existe la excepción para el pueblo miskito. “Aunque ellos la consuman deberían de pensar si quieren seguirlo aprovechando, se debería promover un consumo controlado”, agrega el ecólogo.

Protegidas en papel

Las tortugas marinas son especies protegidas a través de distintas resoluciones emitidas desde mediados de los noventa. Sin embargo, se reconoce y permite su aprovechamiento para consumo local, es el caso de las tortugas verde y paslama que se encuentran en el Pacífico. De la primera se aprovecha su carne y de la otra, sus huevos.

Desde comienzos del 2000 estudios y valoraciones, de distintos expertos, consideran que se requieren acciones urgentes para conservar estas especies en el país.

“Se necesitan acciones urgentes de manejo e investigación, debido a la presión a la que están sometidas por el comercio y el uso no racional en algunos casos”, escribió la bióloga Teresa Zúñiga, ya fallecida, sobre la necesidad de proteger a tortugas y reptiles en el documento sobre la biodiversidad.

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