Ante la falta de información debido a la política orteguista de manejar en secreto lo que es del interés público, se hacen diversas conjeturas acerca de por qué el Consejo Supremo Electoral (CSE) no ha convocado todavía a las elecciones de noviembre próximo.
La expectativa es porque si bien es cierto que la Ley Electoral no establece plazo de convocatoria, tradicionalmente las elecciones han sido convocadas en noviembre del año anterior
La Ley Electoral señala, en su artículo 3, que las elecciones “tendrán lugar el primer domingo del mes de noviembre del año anterior a la fecha en que de acuerdo con la Ley comience el período para el que fuesen electos”. O sea que los comicios de este año serán el domingo 6 de noviembre, dentro de 6 meses y 10 días.
Por otra parte, la misma Ley reconoce en su artículo 10 la atribución del CSE de convocar a elecciones y elaborar el calendario electoral, pero no señala cuándo se debe hacer la convocatoria. No obstante, en el artículo 86 se dice que la campaña electoral presidencial y de diputados tendrá una duración de 75 días, o sea que debe comenzar el 22 de septiembre.
Ahora bien, antes de que comience la campaña electoral se deben realizar algunos actos indispensables, como por ejemplo la verificación de que los partidos y alianzas participantes cumplen los requisitos de ley y la inscripción de candidatos. De allí que la convocatoria a las elecciones y la publicación del calendario electoral, se tengan que hacer con algún tiempo razonable previo al arranque de la campaña.
Pero en realidad no es el CSE el que decide sobre la convocatoria a las elecciones. Es Daniel Ortega. Desde que el caudillo sandinista puso fin de hecho a la separación e independencia de poderes, los magistrados del CSE solo ejecutan las decisiones de Ortega y se encargan de la carpintería electoral. Así funciona Nicaragua, que hasta 2007 era un Estado republicano, aunque defectuoso, pero ahora es una especie de monarquía absolutista con el nombre de república.
¿Y por qué Ortega todavía no ha ordenado al CSE que convoque a las elecciones? Algunos analistas suponen que es porque Ortega no ha terminado de ajustar las piezas de su juego electoral. Una de ellas es decidir si se hace otra vez fraude electoral, o no, considerando que según sus encuestas ahora no lo necesita para ganar las elecciones. Otra sería, de acuerdo con la decisión anterior, permitir o no la observación electoral internacional. Tercero, escoger a su candidato o candidata vicepresidencial, vinculado a la posible convocatoria posterior a una constituyente, a fin de cambiar el sistema político de presidencialista a semipresidencial. Y cuarto, decidir si se deja al PLI como partido opositor o se le convierte en satélite del FSLN
Todo eso —y más— es posible en Nicaragua. Daniel Ortega es prácticamente el dueño del país y mientras los nicaragüenses sigan permitiendo que lo sea, él podrá hacer lo que quiera.