Las catedrales de León y sus obispos

En 1534 por bula de Paulo III, la iglesia mayor de León dedicada a Nuestra Señora de la Piedad fue elevada a Catedral. La inauguró el primer obispo de Nicaragua, Diego Álvarez Osorio.

En 1534 por bula de Paulo III, la iglesia mayor de León dedicada a Nuestra Señora de la Piedad fue elevada a Catedral. La inauguró el primer obispo de Nicaragua, Diego Álvarez Osorio.

El 24 de noviembre de 1537, la reina ordenó su reconstrucción bajo la dirección del obispo Francisco de Mendavia quien duró 40 días, por lo que no pudo hacer nada hasta que llegó fray Antonio Valdivieso asesinado el 26 de febrero de 1550.

En 1581 la segunda Catedral no se había terminado.

En 1610 León se traslada y bajo la sombra de un guácimo, el alférez Munguía Mendiola clava un estandarte donde se erige la tercera Catedral que ya en 1615, con la advocación del apóstol Santiago y la bendición del obispo don Pedro Villarreal, estaba funcionando.

Benito Rodríguez de Baltodano obtuvo cédula de 1623 para reconstruirla y en 1624 la cuarta Catedral ya servía de culto divino.

El 15 de diciembre de 1680 se erige el Colegio Tridentino de León por Andrés de las Navas y Quevedo.

La cuarta Catedral fue quemada por Dampier en 1685. Con él llegó Mr. Smith.

La quinta Catedral fue construida en el mismo lugar donde se encuentra la actual por Mr. Smith, quien se quedó voluntariamente enamorado de una mulata que se reencuentra en León. Esta Catedral fue demolida para dar lugar a la sexta y actual Catedral.

Habían entonces —dice Pedro Agustín Morel de Santa Cruz—, nueve iglesias en León: la Catedral, San Francisco, La Merced, San Juan de Dios, San Juan, San Nicolás, el Calvario, San Sebastián y San Felipe. La actual Catedral de León se empezó a construir en 1747 bajo la dirección de Isidro Marín Bullón y Figueroa, obispo de la orden de Calatrava.

El obispo Morel de Santa Cruz (1749) le sucede a Marín y Bullón y luego José Antonio Flores y Rivera, quien es seguido por José Navia Bolaños y Moscoso. Obispos fugaces que duraban a veces días o menos de un año. Algunos ni siquiera llegaron a ocupar sus cargos pues eran desviados o morían antes de alcanzarlos.

Por debajo de todos ellos siempre estaba Juan Carlos Vílchez y Cabrera primero como deán y vicario y finalmente como obispo. Este de su propia bolsa, ponía dinero que obtenía principalmente del cultivo del añil. Índigo que producía con su sobrino, hijo de su hermana Ambrosia, don Joaquín Arrechavala Vílchez Beltrán Castellón. El obispo era originario de Pueblo Nuevo, Estelí. Hijo de Pedro Vílchez, quien se casa con Ambrosia Castellón y nieto de Alfonso Vílchez y Cabrera originario de Jerez de la Frontera, exalcalde de Tehuantepec, Nueva España, quien emigró a Las Segovias.

Le continúa Esteban Lorenzo de Tristán el 14 de enero de 1776. Cuando llegó a Nicaragua, le faltaba a la Catedral una de sus cinco naves, construcción que él personalmente dirige, bendice y estrena en 1780. Tristán es transferido a Durango siguiéndole Juan Félix de Villegas quien es luego trasladado a Guatemala.
Villegas bendijo el matrimonio del caudillo mosco Bretot con María Manuela española de Juigalpa, matrimonio que ayudó a la integración de la Mosquitia.

Ido Villegas se nombra a don Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo que es desviado a Guadalajara sin llegar a Nicaragua, siendo reemplazado por José Antonio de la Huerta en 1795 quien como Vílchez y Cabrera, mantuvo el impulso para seguir con la construcción.
Huerta murió de un arañazo de gato en la yugular y fue como decía el vulgo, confesado ya muerto por su sucesor García y Jerez. Era familiar de los Somoza y del conquistador Pedro de Alvarado.

A García le sigue Jorge Viteri y Ungo y finalmente Bernardo Piñol y Aycinena quien consagra la Catedral en 1860 dándosele el 20 de noviembre el título de Basílica.

Vale la pena mencionar a don Diego Porras, maestro constructor quien muere a los 98 años de edad dedicando 29 años de su vida a su construcción y al lego Fr. Pedro de Ávila quien lo reemplazó.
Continuemos pues con la labor de nuestros obispos de cuidar y embellecer más este patrimonio. Quizás en un futuro cercano, podríamos agregar las omisiones arquitectónicas que fueron suprimidas por razones de tiempo y dinero.

El autor es médico.

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