La (difícil) ruta hacia las Grandes Ligas

El camino a las Mayores no es sencillo. Se necesita un biotipo privilegiado, cinco herramientas, años de entrenamiento y corazón de guerrero.

Cheslor Cuthbert. LA PRENSA/Agencias

Cheslor Cuthbert. LA PRENSA/Agencias

Tres y dos. La cuenta está completa. Es la parte baja del noveno inning y los Marineros de Seattle ganan 11 a 1 a los Reales de Kansas City. La sentencia casi está firmada. Juan Carlos Ramírez, el pícher, desde el montículo mira fijamente al cácher, negociando su próximo lanzamiento. Es alto, moreno e intimidante. “Ramírez 56”, reza su uniforme. Seca el sudor de su cara, toma posición y lanza.

Una bola rápida de 96 millas aterriza en el guante del cácher. Cheslor Cuthbert, el fornido bateador, hace swing y se poncha. Camina hacia el dogout con la cabeza gacha. De pronto voltea y dedica una mirada fulminante a Ramírez. Uno es de Corn Island, el otro de la capital. “El niño” Cuthbert contra “J.C.” Ramírez.

Ambos, junto con Erasmo Ramírez, son por ahora los únicos tres peloteros nicaragüenses que actualmente están activos en Grandes Ligas. Y los tres pertenecen a un privilegiado grupo de 14 nicas que en toda la historia han hecho la ruta hacia las Mayores. Una ruta difícil para un nicaragüense, dicen los expertos.

De cada cien peloteros norteamericanos que firman con un equipo, 16 logran llegar. Y de cada cien peloteros de América Latina que son firmados, dos llegan a las Mayores. Según Edgard Rodríguez, scout de los Yanquis de Nueva York, los niveles de competitividad en las Ligas Menores, que son la antesala al sueño de cualquier beisbolista, es bastante alto, por lo que él siente “mucha admiración y respeto por un pelotero que llega a Grandes Ligas, porque no es cualquiera”.

El biotipo de hombre y la poca cultura de entrenar a un pelotero desde muy pequeño, son algunas de las desventajas que tiene un nicaragüense para firmar a un jugador. Los 14 peloteros que lograron jugar en el mejor beisbol del mundo son: Denis Martínez, Antonio Chévez, Albert Williams, David Green, Porfirio Altamirano, Marvin Benard, Vicente Padilla, Oswaldo Mairena, Devern Hansack, Everth Cabrera, Wilton López, Erasmo Ramírez, Juan Carlos Ramírez y Cheslor Cuthbert. Todos fueron descubiertos de forma diferente y todos, físicamente, también discrepan uno del otro.

¿En qué se fija un scout cuando prueba a un jugador? ¿Cómo un nicaragüense pasa de jugar beisbol en un estadio local a ser big leaguer? Revista Domingo consultó a expertos en el tema para explicar el camino que un pelotero recorre desde que tiene el primer contacto con este deporte, hasta que aparece en el roster de 25 de un equipo en las Mayores.

Linea de tiempo

Cinco herramientas

Juan Carlos Ramírez estaba haciendo tareas con su mejor amigo en el barrio 14 de Septiembre, en Managua. No recuerda la razón, pero terminó discutiendo con él y este empezó a agarrarlo a pedradas. “Yo era más grande que él y alguna maldad le hice pero no me acuerdo y él comenzó a correr detrás de mí tirándome piedras”, cuenta Ramírez.
Mientras huía pasó por el “campito” de la 14 de Septiembre y Felipe Salinas, el entrenador, lo agarró y le dijo que se quedara con él, que lo protegería para que nada le pasase.

“Al final de la jornada, a las cinco que se terminó la práctica Felipe me pasó dejando por mi casa, le dijo a mi mamá lo que pasó y (ella) me regañó”, dice el ahora pícher de los Reds de Cincinnati, a quien aquella persecución de piedras le dejó algo bueno: Salinas le dijo a la mamá de Ramírez que lo enviara a practicar todos los días de dos a cinco de la tarde. Tenía unos siete u ocho años y así empezó a jugar beisbol.

Juan Carlos Ramírez mide 6’ 4’’ y pesa 250 libras, bastante bien para un pelotero. “Mis condiciones físicas me ayudaron mucho, tengo un cuerpo atlético. Pero en el transcurso de mi carrera he visto peloteros, pícheres en mi caso, que son más bajos que yo y no les dan chance por eso. Es una razón ilógica, porque si estás haciendo bien tu trabajo y tiras strikes tienes que jugar beisbol”, manifiesta Ramírez.

Sí, el físico es importante, pero al momento de probar a un prospecto, los reclutadores deben evaluar cinco herramientas previamente designadas: bateo, bateo de poder, velocidad, brazo y defensa. “Nosotros como scouts siempre estamos buscando las cinco herramientas que los muchachos tienen en el campo para cumplir con las exigencias de las organizaciones”, asegura Sandy Moreno, scout de los Gigantes de San Francisco en Nicaragua.
Por otro lado, en palabras de Edgard Rodríguez, scout de los Yanquis de Nueva York, “lo primero que mirás es el cuerpo de un atleta, si es proyectable, si puede desarrollarse, si hay herramientas y también ves si hay una buena actitud”.

Sandy Moreno, scout de los Gigantes de San Francisco en Nicargua.
Sandy Moreno, scout de los Gigantes de San Francisco en Nicaragua.

El correcto comportamiento y el coeficiente intelectual son considerados como la sexta herramienta en el beisbol, pues las organizaciones necesitan jugadores dedicados y esforzados, que luchen por lo que se proponen y que también estén interesados en estudiar.

Wilfredo Blanco, exscout de algunos equipos de las Grandes Ligas, y además, quien descubrió a Cheslor Cuthbert, no cree en los biotipos. Asegura que el talento y una buena formación en el hogar son muy importantes al evaluar a un pelotero.

“Los equipos piden que se analice la parte de la familia, por problemas familiares de mal funcionamiento, muchos jugadores tienen complejos, se vuelven insociables y conflictivos. Y un equipo no quiere a un jugador que cause problemas en la organización”, dice Blanco.

Perfecto

El biotipo del nica

La dura realidad es que el tamaño promedio del nicaragüense no es el de Juan Carlos Ramírez, quien mide más de 1.90 metros. Y no precisamente es un problema, pero sí puede ser una desventaja. Al momento de probar a dos muchachos que tienen igual desempeño en las cinco herramientas, probablemente la organización firmará a quien tenga un mejor físico.

“En República Dominicana, por ejemplo, vos ves al atleta que es alto, delgado, atlético y muy fibroso. El nicaragüense no es muy alto y tiene tendencia a engordarse, o por lo menos el que juega beisbol. Nicaragua no es un país gran productor de talento, porque tenemos dificultades para encontrar esos cuerpos atléticos”, asegura Rodríguez, de los Yanquis de Nueva York, quien además advierte que al momento de “scoutear” a un jugador se debe de conocer a la familia, “porque es importante conocer sus tendencias, es decir, si hay gorditos en la familia tenés que tener una precaución”.

Físico

Según expertos, el nicaragüense en Ligas Mayores que posee el mejor físico es David Green. En sus años fue comparado con leyendas como Roberto Clemente. Green mide 6’ 3 y pesa 170 libras.
Llegó a las Ligas Mayores y su carrera solo duró seis años. La muerte de su papá y lesiones lo limitaron.

Carrera

Denis Martínez es el nicaragüense con la mejor trayectoria beisbolística. Con 23 años de carrera tiene un juego perfecto, el récord latinoamericano de 245 victorias. Pertenece al Salón de la Fama del Beisbol nicaragüense, al de los Orioles de Baltimore y fue candidato al Salón de la Fama del Beisbol en Cooperstown, Nueva York.

Para Rafael Mendoza, quien ha sido scout de los Medias Rojas de Boston durante cinco años, “debemos admitir la realidad”. “De manera natural, y tenemos que aceptarlo, aunque Nicaragua es un país beisbolístico por el tipo de cuerpo el nicaragüense es para que juegue deportes de contacto: boxeo, lucha, yudo o karate”, dice.

Rafael Mendoza, scout de los Medias Rojas de Boston de las Grandes Ligas en Nicaragua.
Rafael Mendoza, scout de los Medias Rojas de Boston en Nicaragua.

Mendoza advierte que si Nicaragua ha destacado en beisbol es porque sus peloteros tienen corazón. Y para muestra un botón… o dos. Peloteros sin mucha altura para las Grandes ligas como Marvin Benard y Everth Cabrera ambos de 5’ 10’’, lograron jugar y destacarse profesionalmente. Sin embargo requiere de un esfuerzo mayor. “Tienes que esforzarte y trabajar el doble”, asegura Benard, exjardinero de los Gigantes de San Francisco.

Otro ejemplo que el mismo Benard cita es el del venezolano José Altuve, quien mide 1.65 metros y resulta increíble verlo al lado de jugadores como David Ortiz, de 1.95 metros. Sin embargo, a pesar de ser el actual jugador más pequeño de las Grandes Ligas, Altuve fue líder en bateo de la Liga Americana en 2015 con .341 de average.

Para Edgard Rodríguez, cronista deportivo, el nicaragüense que ha tenido mejor físico ha sido David Green, con 6’ 3’’ y 170 libras.

David Green (izquierda) y Porfirio Altamirano (derecha), dos de los 14 peloteros nicaragüenses que han llegado a Grandes Ligas.
David Green (izquierda) y Porfirio Altamirano (derecha), dos de los 14 peloteros nicaragüenses que han llegado a Grandes Ligas.
El fenómeno Dominicana

Cuenta la leyenda que a una mujer embarazada en República Dominicana se le pregunta si “es niña o pelotero” el que nacerá. La cultura que prevalece en la isla es la de entrenar a los peloteros desde niños.

Para Rodríguez, el biotipo de los dominicanos, jamaiquinos y cubanos tiene mucho que ver con la historia. Si retrocedemos algunos años, en los tiempos de la esclavitud estos lugares compraban a los mejores esclavos provenientes de África. “Por eso es que Jamaica produce grandes velocistas y Puerto Rico grandes peloteros”, asegura.
“Aparte de ese aspecto, el dominicano se alimenta con más vegetales y menos comida chatarra, eso ayuda a que sea más fibroso y tenga menos grasa”, explica Rodríguez.

Salon de la fama

La gran mayoría de jugadores oriundos de estos lugares tienen ascendencia negra: son altos, veloces y fornidos. Por lo mismo, Rodríguez también asegura que en la Costa Caribe es donde se encuentran los mejores físicos de Nicaragua, por su cercanía y similitud con estas islas.

La presencia de las 30 organizaciones de Grandes Ligas y sus academias es otra ventaja en estos países. Sin embargo, esto, según los expertos, también representa una debilidad, pues muchos niños dejan de estudiar a los 12 o 13 años y empiezan a entrenarse como beisbolistas. Los padres piensan que sus hijos varones los sacarán de la pobreza con contratos millonarios para las Mayores. Y aunque de los 238 extranjeros que entraron a las Grandes Ligas al inicio de la temporada 82 son dominicanos hay muchos más que no firman o que nunca llegan a jugar en el mejor beisbol del mundo, por lo que los jóvenes y niños se quedan sin educación.

El camino

Firmo. ¿Y ahora qué?

Wilfredo Blanco, exreclutador, nunca había puesto mucha mente a los jugadores de 13 y 14 años. Pero ese día decidió ir a un estadio en Guatemala porque escuchó que Nicaragua jugaba contra Estados Unidos.

“En lo que conversaba con Willie Hooker vino un cambio y metieron a batear a un muchachito que se veía un poquito fuerte. Lo vi de largo. Pero con dos y nada o con dos y una pegó un jonrón”, cuenta Blanco. Le preguntó a Hooker si sabía de quién se trataba. Este le contestó que no, pero fue al dogout del equipo a averiguar su nombre. “Se llama Cheslor Cuthbert y es de Corn Island”, le dijo.

Al regresar a Nicaragua intentó averiguar en Chinandega si alguien lo conocía, pues ahí se estaba jugando la Mayor A. En lo que estaba preguntándole a un jugador, un señor escuchó y le dijo que lo conocía. Aquel señor era dueño de un barco, como el papá de Cuthbert. Blanco le envió su tarjeta y a las semanas recibió la llamada del padre de Cheslor.

Después de unos meses de tratos y de conocer a la familia del pelotero Cuthbert se fue a vivir a Managua con Wilfredo, su desarrollador. Pasó nueve meses sin ir a su casa y no podía hablar español.

Wilfredo Blanco ha trabajado durante 30 años como desarrollador, representante y scout para algunos equipos de las Grandes Ligas. Decidió retirarse para dedicarse a entrenar y preparar a Cheslor. Vivió con él durante tres años: le dio comida, ropa, zapatos, educación, salud y entrenamiento todo ese tiempo. Organizó varios tryouts hasta que los Reales de Kansas City lo firmaron por 1.35 millones de dólares. El bono más alto en la historia del beisbol nicaragüense.

Vicente Padilla llegó a Grandes Ligas en cuestión de meses. Everth Cabrera tuvo que ir a entrenamientos en República Dominicana y Cheslor Cuthbert pasó directamente a las Ligas Menores en Estados Unidos.

Desde que un pelotero firma con la organización, el promedio para llegar a las Grandes Ligas es de cinco a seis años. La carrera de un pelotero tras la firma depende mucho de su madurez beisbolística y de lo que la organización decida hacer con él. Si necesita pulir algunas de sus habilidades es enviado a República Dominicana o a Venezuela a los entrenamientos. Si sus herramientas están desarrolladas puede llegar directamente a las Ligas Menores, que es la antesala a las Grandes Ligas.

En las Ligas Menores cada organización tiene unos cinco equipos. Según Mendoza, de los Medias Rojas de Boston, los niveles de competitividad son altos. Son jugadores de todo el mundo compitiendo por obtener buenos números y sobresalir para tener una oportunidad. “No todos los que están en las categorías de Ligas Menores son prospectos para Grandes Ligas, pueden ser dos o tres. Si todos lo fueran, todos llegarían”, asegura Mendoza.

Muchos caen en el dopaje, el alcohol o las drogas, por frustración o por la poca preparación mental que recibió el pelotero, según Wilfredo Blanco.

Rafael Mendoza dice que antes era difícil llegar a las Grandes Ligas y que hoy también lo es. El camino es largo y la firma no significa nada, de hecho, es solo el inicio.

Cheslor Cuthbert. LA PRENSA/Agencias
El nicaragüense Cheslor Cuthbert, juega actualmente en Grandes Ligas como tercera base de los Reales de Kansas City.

 

Edgard Rodríguez

“Es muy difícil que un nicaragüense llegue a Grandes Ligas como lo es para cualquiera. El nivel competitivo es enorme. Necesitás, además del talento, una tenacidad increíble, una firmeza temperamental bárbara. La gente que llega tiene, además del talento, la actitud. Para mí es admirable. Yo siento un especial respeto por todo el que llega a Grandes Ligas”, Edgard Rodríguez, scout de los Yanquis de Nueva York.

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