El comandante no le cree a las encuestas

Por más que los encuestadores se esfuerzan en hacer inalcanzable la popularidad del comandante, su consorte y algunos miembros de su corte, este no da señales de confiar en ellas.

Por más que los encuestadores se esfuerzan en hacer inalcanzable la popularidad del comandante, su consorte y algunos miembros de su corte, este no da señales de confiar en ellas. Ya son varios años los que de forma repetitiva las diferentes encuestadoras nos quieren convencer que las cinco o seis personas más populares y con mayor aceptación pública en Nicaragua pertenecen al entorno gobiernista.

Pero la duda que existe sobre la veracidad de dichos números se convierte en incredulidad por las acciones que toman los supuestos favorecidos en su quehacer político. Un gobernante con el 78 por ciento de aceptación popular no vive en un barrio amurallado, tampoco se desplaza con casi un centenar de policías y lo mismo sucede con los otros que se desplazan con exceso de resguardo.

Basado en estas y otras realidades, los invito a reflexionar sobre las acciones que este gobierno está tomando alrededor del proceso electoral, acciones que nos dicen en altas y claras voces, que el comandante y su séquito no cree en las encuestas. Pues ha mandado a iniciar el proceso con los mismos magistrados corruptos a los que lo único que les sobra es la falta de vergüenza, legitimidad, credibilidad y por supuesto independencia en las funciones propias de sus cargos. A este hecho que no ha pasado desapercibido para la comunidad internacional, agreguémosle la orden dada para que la pandilla del Consejo Supremo Electoral (CSE) no invite a observar el proceso a instituciones de prestigio, tales como el Centro Carter, la OEA, la Unión Europea y otros organismos que podrían certificar su veracidad.

En cuanto a las triquiñuelas a que ya nos tiene acostumbrados Roberto Rivas, como falsas acreditaciones y la creación de autoridades ilegítimas, estas ya comenzaron a hacerse públicas, todo con el único propósito de convertir en ganador absoluto a su benefactor y además encubridor de sus fechorías. Ante esta realidad, la disyuntiva pareciese ser participar o no en un proceso electoral amañado. Hoy soy un convencido que tenemos que participar y participar masivamente para demostrarle al mundo que tanto este como el próximo gobierno, son ilegítimos, productos del fraude que desgraciadamente ha contado y de seguro espera contar, con la complicidad de más de un político de esos que se dicen opositores pero que en realidad son lacras de esta y cualquier otra sociedad.

Al momento de escribir este artículo, los únicos partidos “opositores” que van a enfrentar al orteguismo son el Partido Conservador (PC), el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y el Partido Liberal Independiente (PLI). De mi parte, a los tres y con miedo, porque ninguno ha demostrado merecer el calificativo de opositor. Por lo que tendremos que escoger con base en los candidatos que propongan y votar por el que nos demuestre una hoja de vida que sea consecuente con su pretensión, independencia de criterio y por supuesto que los candidatos a diputados que lo acompañan den la suficiente confianza de que no se comportarán igual a los que hemos visto por los últimos años.

Personalmente soy de la idea que estos partidos deben dar a conocer con antelación la lista de sus fiscales, para de esta manera tener acceso a sus nombres y no volver a tener la sorpresa que nos han recetado en el pasado.

El autor es analista político.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: