Encuestas y libertad de expresión

La encuesta de M&R reflejó un índice de popularidad muy alto de Ortega, además de una identidad opositora inexistente y hasta compartiendo números con partidos políticos controlados por el régimen. Esto puede configurar un escenario desalentador para la alternancia política en Nicaragua, pero un análisis desde la libertad de expresión nos puede hacer ver las cosas diferentes.

La encuesta de M&R reflejó un índice de popularidad muy alto de Ortega, además de una identidad opositora inexistente y hasta compartiendo números con partidos políticos controlados por el régimen. Esto puede configurar un escenario desalentador para la alternancia política en Nicaragua, pero un análisis desde la libertad de expresión nos puede hacer ver las cosas diferentes.

En un análisis primario podemos pensar en las llamadas “encuestas roconolas”, es decir, que reflejan el interés de quien las paga. Estas encuestas pueden identificarse con facilidad en una sociedad democrática, por ser justamente encuestas fuera de rango, es decir, encuestas que rompen con la tendencia de otras encuestas.

Durante las elecciones generales de 2006, la UCA emprendió un proyecto académico para promover el voto realizando, entre otras cosas, encuestas. Si se contrasta esas encuestas con las demás de la época (Incluida la de M&R) destaca que estaba fuera de rango, al ser la única que presentaba al PLC como segunda fuerza política. Dicho proyecto estaba bajo el auspicio de una organización gremial empresarial dirigida entonces por el actual presidente del Cosep José Adán Aguerri, hoy un aliado indiscutible de régimen. Es más, de ese mismo grupo de académicos salieron nombrados asesores de ministros y hasta de la propia presidencia de Daniel Ortega.

Las encuestas para bien o para mal, movilizan la opinión pública y en contextos electorales polarizados son determinantes para apelar al voto útil. Cuestionar la ficha técnica de una encuesta es válido en una democracia, pero en regímenes autoritarios o de dictaduras políticas como la nuestra no tiene mucho sentido porque los controles, presiones y amenazas del régimen son verdaderamente abrumadores y por tanto, cualquiera puede escribir Chana donde debe decir Juana.

En lo personal no creo que esta encuesta refleje algo significativamente distinto a lo expresado por los nicaragüenses en cuanto a la popularidad de Ortega y no lo digo por el fenómeno del Güegüense donde los nicaragüenses no reflejan su real sentir por ser un rasgo descriptivo de nuestra idiosincrasia. Cuando existe un régimen dictatorial prebendario con sus allegados; hostil y hasta criminal con sus opositores; y con control de toda forma de organización social, se inhibe de facto la libre expresión de la población.

Es falso que en Nicaragua somos libres de decir lo que pensamos. La libertad de expresión implica que una persona pueda decir lo que piensa sin temor a represalias por su dicho, si se usa la condena penal para castigar a un político opositor que llama a cuentas a la alcaldesa; para castigar a un empresario por denunciar la violación a su derecho de propiedad; o castigar a un diario al denunciar la impunidad ante la agresión a un grupo de manifestantes, no hay libertad de expresión.

Refiere un chiste sobre el totalitarismo que el dictador de turno decide disfrazarse de mujer e ir al cine para saber qué opinaba la gente de él, al iniciar la proyección aparece propaganda del líder, la gente se pone de pie y ovaciona, mientras el dictador se conmueve pensando lo aman. De pronto, el dictador recibe un fuerte codazo de su vecino, quien le advierte: “Vieja tonta, aplauda o la matarán”.

Las ovaciones a este dictador no son diferentes de la popularidad de Ortega en las encuestas. El comandante podrá contar con la capacidad económica para que una encuesta refleje lo que él necesite, además no es un secreto que cualquier persona prefiere tragarse un atropello que clamar por justicia contra el régimen por temor a las consecuencias. El ambiente de represión y alta concentración de poder por Ortega nos ha robado nuestro derecho de expresarnos libremente sin temor a una represalia, pero jamás nos robará la libertad de mentir en una encuesta.

El autor es maestro en Derechos Humanos.

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