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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Evangelizando, templos
Gonzalo Cardenal

La mujer cristiana (I entrega)

Mis Reflexiones sobre la mujer las voy a basar sobre una enumeración de virtudes que deben poseer las mujeres para poderlas llamar mujeres cristianas. Sin embargo, hablando sobre la mujer nicaragüense, debo enaltecer antes —por justicia y verdad— sus bellos atributos naturales por extraordinarios y valiosos para la sociedad.

Su amor maternal. Cuando el padre falta o falla (que lamentablemente es sumamente común en Nicaragua) ella siempre, siempre, siempre llena ese vacío con su amor, su entrega y su sacrificio. Una de las características del machismo de los hombres es el discriminar a la mujer en los trabajos y en los salarios. Sin embargo, ella es la que con su (frecuente) mísero sueldo alimenta, sana y asume los costos de la educación de sus hijos. Es considerable la cantidad de amigos míos que alcanzaron su educación profesional de esa manera, por la santidad de ese amor maternal, para mí… divino.

En mi misma historia familiar (desde los mil setecientos, cuando vino de España el primer Cardenal), cuantas veces cayó la familia en la pobreza por la muerte del esposo y padre, mis antepasadas asumieron la responsabilidad y siempre sacaron adelante a los hijos haciéndolos profesionales o religiosos de mucho prestigio.

Realmente para mí la mujer nicaragüense (de todas las condiciones sociales y económicas) merece un adecuado y justo reconocimiento por toda la sociedad nicaragüense, honrándola por sus dones humanos y cristianos que apenas he tratado de esbozar en este breve artículo. Nicaragua sería otra sin su participación. Tal vez ni siquiera existiría como nación.

Y ahora aterrizo en la descripción de la mujer cristiana. Que cada cual detecte si está fallando en algunos de los elementos de mi descripción para superarlos:
Dijimos en nuestras Reflexiones anteriores, cuando hablábamos de la “Hombría Cristiana”, que cuando las cosas andan mal, lo que generalmente está fallando no es “lo cristiano” que hay en nosotros sino nuestras bases puramente humanas. Por eso es que en nuestra comunidad procuramos que cada día los hombres sean más hombres y las mujeres más mujeres. Creo que ese principio es especialmente válido para la vida matrimonial. Muchas cosas caminan mal en nuestros hogares, no porque la mujer sea mala, pagana, o pervertida, sino porque él o ella son inmaduros, débiles o desequilibrados.

Hoy se tiene una imagen muy borrosa y confusa de lo que significa ser mujer. El mundo le ha ofrecido a cada generación una visión distinta de lo que significa ser mujer. Hay para todos los gustos. Desde la “mujer adorno”, totalmente inútil, hasta la mujer-símbolo-sexual, u objeto sexual, en la que se confunde grandeza con ampulosidad y cuyo valor se mide en pulgadas de busto o de cadera.

Un escritor pagano de los primeros siglos, llamado Libanius, tuvo una vez esta expresión: “Qué mujeres que son estas cristianas”. No dijo: “Qué cristianas que son estas mujeres”. Pues también de eso se trata. Que de ellas se puedan decir las dos cosas. En un tiempo en que la mujer padece de una autoimagen muy pobre, o no sabe siquiera qué imagen supone tener, porque rechaza las del mundo pero nadie le ofrece un sustituto, Dios está restaurando entre nosotros su propia visión; la visión plasmada en las Escrituras.

Los próximos dos sábados describiremos esa visión de Dios contrastándola con la visión del mundo que nos rodea.

El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
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