Ángeles Mastretta habla de su nueva novela El viento de las horas

La escritora mexicana Ángeles Mastretta (Puebla, 1949) reconoció que ve las cosas “de otro modo” con el inexorable paso de los años, uno de los ejes de su último libro, El viento de las horas, que acaba de desembarcar en España.

La escritora mexicana Ángeles Mastretta habla de su último libro, El viento de las horas. LA PRENSA/EFE /Sáshenka Gutiérrez

La escritora mexicana Ángeles Mastretta (Puebla, 1949) reconoció que ve las cosas “de otro modo” con el inexorable paso de los años, uno de los ejes de su último libro, El viento de las horas, que acaba de desembarcar en España.

La memoria personal es ahora uno de los principales motores de su escritura, como quedó de manifiesto también en su penúltimo trabajo, La emoción de las cosas (2013), que define como un “complemento” de El viento de las horas.

El renovado interés en su pasado, que se evidenció antes en Puerto libre (1994), El mundo iluminado (1998), El cielo de los leones (2004), procede de la traumática pérdida de su madre hace ya casi una década, un suceso que la dejó “inerme”.

“Lo que me curó fue escribir. Y no podía escribir ficción. Todavía me está costando trabajo escribir ficción. Empecé a escribir con soltura memorias, desordenadas, como cabos sueltos o botellas echadas al mar”, confiesa sobre su actual proceso creativo.
Entre sus lectores, que califica de “muy generosos”, los hay que “solo leen ficción”, pero también los que buscan “recuentos, memorias, opiniones y esos han resultado lectores muy cercanos”, argumenta.

“Es muy raro” porque son personas que la conocen “muy bien”, gracias también a las redes sociales como Twitter, donde tiene 35,000 seguidores, que a ella le permiten a su vez saber cosas de ellos.

Con ellas llega a establecer “conversaciones muy sueltas, muy libres, y a veces muy divertidas”, pero también “melancólicas o pensativas” sobre temas muy diversos, como el transcurrir del tiempo.

“Odio decir que al envejecer, pero para qué voy a inventar que no, cuando creces, hay muchas cosas que ves de otro modo”, indica.

El viento de las horas comienza con un pasaje en el que Mastretta y su hermana caminan por las calles de su Puebla, hablando de personas conocidas de la infancia a las que la escritora ya no reconoce.

El universo femenino tiene también su peso específico en esta última novela, como ha sucedido en toda su obra.

Para Mastretta, la situación de la mujer en las sociedades mexicanas y españolas, aunque difícil, es mejor que en el pasado, a pesar de “la hostilidad” que sufre a veces del sexo opuesto.

“No creo que ahora sea peor que antes. En muchos sentidos para muchas de nosotras es mucho mejor. Para mí es más fácil ser madre y para mi madre fue más fácil que para mi abuela”, afirma, antes de aclarar que no tiene por qué ser así para todas las mujeres.

En México Mastretta ha sido portavoz de la Red Nacional de Refugios para las Mujeres, que atiende a las víctimas de violencia intrafamiliar.

Volviendo a la literatura, afirma que tuvo “la suerte de entrar en la cola” del boom latinoamericano protagonizado por los García Márquez, Vargas Llosa y compañía.
“Entonces éramos un continente de moda, ahora está de moda Asia o África”, sostiene la autora de Mujeres de ojos grandes (1990).

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