Brexit

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, líderes europeos como Konrad Adenauer de Alemania Occidental, Jean Monnet de Francia y Alcide de Gaspari de Italia soñaron con construir una mayor unidad entre los países de Europa occidental para evitar futuros conflictos bélicos entre ellos.

En los últimos años, Europa ha estado en las noticias por temas económicos, como la sempiterna crisis de endeudamiento excesivo de Grecia, y por la crisis humanitaria causada por los millones de inmigrantes que han entrado a Europa del Medio Oriente y el Norte de África. Pero otro evento, que ha pasado casi desapercibido en Nicaragua, pasará al primer plano europeo este mes. Me refiero al referendo que el Reino Unido celebrará el 23 de junio para decidir si permanece como miembro de la Unión Europea (EU) o si saldrá. En inglés se le ha dado el nombre de Brexit al eventual retiro de Gran Bretaña del EU.

En los siguientes párrafos resumiré de qué se trata Brexit y por qué es importante.

Comenzaré con un poco de historia. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, líderes europeos como Konrad Adenauer de Alemania Occidental, Jean Monnet de Francia y Alcide de Gaspari de Italia soñaron con construir una mayor unidad entre los países de Europa occidental para evitar futuros conflictos bélicos entre ellos. Inició concretizándose esta idea con la creación en 1951 de la Comunidad Europea de Carbón y Acero, cuyos seis miembros fundadores fueron Alemania Occidental, Francia, Italia, el País Bajo, Bélgica y Luxemburgo.

Con el tiempo, este sueño se convirtió en la unidad más robusta económica y políticamente que hoy conocemos como la Unión Europea. La EU cuenta con 28 miembros con una población de 510 millones, una superficie de 4.3 millones de kilómetros cuadrados y un Producto Interno Bruto (PIB) de US$18.5 billones. Como bloque, la UE supera económicamente a Estados Unidos, la economía nacional más grande del mundo.

El lema de la UE es “unidad en diversidad” y su objetivo es promulgar una Europa en paz, unida y próspera y con el libre movimiento dentro del bloque de gente, bienes, servicios y capital. La mayoría de sus países miembros también anhelan una unión cada vez más cercana.

A fin de lograr sus objetivos, la UE cuenta con un poder ejecutivo en Bruselas, un parlamento en Strasburgo, una bandera, el euro que es la moneda oficial de 19 de sus miembros, un banco central en Frankfurt y políticas compartidas en asuntos de medioambiente, migratorios, económicos, comerciales y agrícolas, entre otros.

Aunque un gran primer ministro británico, Winston Churchill, habló de un “Estados Unidos de Europa”, Gran Bretaña ha sido una suerte de socio renuente de la UE. No fue uno de los seis países fundadores de la Comisión Económica Europea, por ejemplo, y no se incorporó a lo que ahora conocemos como la UE hasta 1973. Optó por mantener su propia moneda, la libra esterlina, y tampoco se integró al Acuerdo Schengen que establece que cualquier extranjero que entra a un miembro de la UE tiene acceso automático a todos los otros miembros de la UE.

A pesar de gozar de una membrecía híbrida en el Club europeo, una parte considerable de la población británica se opone a la UE. Para sus críticos, la UE es una entidad supranacional que se involucra excesivamente en el quehacer político, económico y jurídico de Gran Bretaña. También consideran que sus cada vez más numerosas exigencias burocráticas están sofocando a su país. Y están inconformes con la entrada —con derecho a trabajar— de ciudadanos de otros países de la UE en detrimento, según ellos, de los obreros británicos. Finalmente, se quejan que el Reino Unido contribuye más de US$18 mil millones anualmente al presupuesto de la UE sin que este gasto genere beneficio alguno.

La oposición británica a la UE ha resultado en la formación de un partido cuya razón de ser es sacar a Gran Bretaña de la UE. Este ya es la tercera fuerza política del país. Además, hay muchos conservadores y hasta miembros del partido laborista que se oponen a la UE.

En las elecciones parlamentarias del 2015, el actual primer ministro inglés, David Cameron, se comprometió a celebrar un referendo para decidir si Gran Bretaña debería de permanecer en la UE, y esto contribuyó a su reelección. El referendo del 23 de junio nace de esa promesa electoral.

Brexit es importante por diversas razones. Primero, porque significaría un debilitamiento de la arquitectura de unidad del continente por parte de uno de los “grandes” del Club europeo. El Reino Unido tiene el segundo PIB más grande de la UE y está en tercer lugar en cuanto a población. Segundo, si el Reino Unido fuera a retirarse de la UE, sentaría un precedente que alimentaría a que otros grupos nacionalistas presionaran a sus gobiernos a seguir el ejemplo de Londres. Tercero, crearía incertidumbre económica y política en Europa, en el Reino Unido y hasta mundialmente. Tony Blair, el ex primer ministro británico, lo dijo todo cuando declaró recientemente que Brexit sería un terremoto cuyas réplicas económicas serían severas. Por eso las grandes empresas británicas también están en contra de Brexit al igual que el presidente estadounidense, Barack Obama. Y, cuarto, Escocia que votó a favor de permanecer en el Reino Unido en un referendo en 2014 por temor a quedar fuera de la UE, ha indicado que pediría otro referendo si Gran Bretaña perdiera su membrecía en la UE.

¿Cuán posible es que el Brexit se dé? Un reciente análisis que realizó el Financial Times de las encuestas inglesas concluye que 46 por ciento de los votantes favorece quedarse en la UE y que 41 por ciento votaría para que Gran Bretaña se retirase. Los otros están indecisos. Esto significa que la votación podría ser reñida y que la moneda todavía esté en el aire. ¡Qué lástima! porque Brexit convulsionaría aún más a un continente que ya está agobiado por otros grandes problemas y a un mundo que ya tiene suficiente volatilidad e incertidumbre.

El autor fue Canciller de la República.

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