El crimen de Xiomara

Era la noche del 8 de abril en el barrio Omar Torrijos, en Estelí y Xiomara Cruz, de 23 años, la “cumiche” de la casa, había salido y aún no regresaba.

XIomara Cruz

La joven Xiomara Cruz, fue asesinada por Rodolfo García, alias El Popo

Más tarde esa noche, doña Carla Torres se iría a acostar con un mal presentimiento que no la dejaría dormir tranquila. Era la noche del 8 de abril en el barrio Omar Torrijos, en Estelí y su hija, Xiomara Cruz, de 23 años, la “cumiche” de la casa, había salido y aún no regresaba.

Don Rito Cruz, su papá, un discapacitado de guerra al que una mina le arrebató su pie derecho y quien se dedica a la sastrería, también durmió preocupado. Tanto, que a la mañana siguiente lo primero que hizo luego de despertar fue asomarse a la cama en la que su hija dormía cuando llegaba a visitarlos. Y no estaba.

—¿Y la Xiomara? —preguntó a doña Carla.

—No vino. Pero tal vez no dilata —contestó ella, angustiada.

Su hermana mayor, Jackeline Cruz, más bien estaba molesta. La noche anterior había enviado mensajes por Whatsapp a Xiomara, advirtiéndole que llegase a casa temprano, pero al ver que no, creyó que quizás se había quedado durmiendo en casa de alguna amiga. De hecho, cuando su hermana menor le comentó que saldría, ella misma se ofreció a llevarla. La dejó cerca de la casa de un amigo de quien ella solo conocía un sobrenombre, “Popo”, le decían. “Cuando íbamos en el carro yo le dije que si pasaba por ella, pero me dijo que se iba a regresar en taxi, sola, pero no regresó…”, comenta Jackeline, quien se apresura a secarse las lágrimas que ya corren sobre sus mejillas, llenas de pecas.

Don Rito Cruz recuerda la última conversación que tuvo con su hija. Ella había llegado el 7 de abril a Estelí y el viernes 8 don Rito le preguntó que para qué eran unos jarrones de barro que llevó a la casa.

—Xiomarita ¿y cómo se llama eso?

—Es para poner maceteras, papa…

—Eso fue todo —dice don Rito, sentado en la acera de su casa, mientras sus lentes ocultan sus ojos tristes.

Ana Isabel Blandón, quien fue amiga de Xiomara desde los 9 años, también recuerda la última vez que se comunicó con ella. Fue el jueves 7 abril. Xiomara la invitó a salir por la noche, pero Ana le contestó que mejor lo hicieran de día, “porque vivo sola con mi esposo y soy la única que cuida a mi bebé”, dice, entonces ella le envió un mensaje de voz diciéndole: “Loquita, llego el sábado para que salgamos en el día con la bebé”, refiriéndose a un día que nunca llegaría. Finalmente, el viernes, a eso de las 6:30 de la tarde, recuerda, Cruz le escribió: “Hola amor, ¿cómo estás?”, pero Blandón no le contestó porque no tenía internet. Y fue la última vez que se comunicó con ella.

Cuando Xiomara salió todos pensaron, y, casi aseguraban, que no dilataría. Salió “mal vestida”, sin maquillaje y en chinelas, casi lista para dormir. “Yo le dije a ella que por qué iba mal vestida, porque ella siempre iba muy bonita, muy elegante y me extrañó. Me dijo que no porque sus planes eran regresar”, relata Jackeline Cruz. Su papá, don Rito Cruz, se confió de la misma premisa porque conocía bien a su hija y era difícil que saliera a la calle sin arreglarse. Pero, contrario a lo que suponían, nunca más regresó.

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De derecha a izquierda: Xiomara Cruz, Carla Torres y Jackeline Torres. FOTO/CORTESÍA
LA ALEGRE DE LA CASA

Xiomara era el tipo de mujer que no pasaba desapercibida. Tenía ese “algo” que llamaba la atención. Rondaba los 165 centímetros y los 60 kilogramos, tenía piel blanca, cabello negro y unas pecas que le bañaban la nariz y las mejillas, y dos camanances que aparecían cuando sonreía.

Desde que empezaron a estudiar juntas el cuarto grado, Ana Blandón y Xiomara Cruz se dieron cuenta de que vivían a dos cuadras y media de distancia y decidieron empezar a irse juntas al colegio. De ida y regreso. Todos los días. Pero a Ana casi siempre le tocaba pasar trayéndola porque se dilataba arreglándose. “Era bien coqueta… vanidosa, le encantaba arreglarse”, recuerda Blandón.

En ese entonces Xiomara tenía 9 años y ella 10. “Nos dedicábamos a estudiar. Hacíamos tareas y trabajos juntas. Cuando ella era pequeña le gustaba leer, sobre todo unos libros titulados Escapa por tu vida, que en ese entonces eran súper populares y las historias eran interesantes”, cuenta Ana Isabel.

Cuando Xiomara era una niña, Jackeline, su hermana tres años mayor, cuidaba de ella mientras su mamá trabajaba. “Jugábamos mucho, y siempre estábamos juntas. Viajamos a Costa Rica y siempre yo la cuidaba mientras mi mamá trabajaba. Preparaba su comida para ir a la escuela, me encargaba de llevarla a clases porque ella tenía unos años menos que yo. Siempre vivimos aquí en Estelí”, cuenta su hermana. “Mi hermana amiga y se puede decir mamá un ejemplo en mi vida como te quiero”, escribió Xiomara junto a una fotografía de su hermana mayor en Facebook.

Jackeline sabía que no era extraño que ella no conociera a “Popo”, porque habían muchas amistades que no compartían. Ella siempre está trabajando y Xiomara era la muchacha que salía, la divertida de la casa. “Era una muchacha muy alegre. Se puede apreciar por las fotos de su perfil en Facebook. Muy aventurera. Salía y tenía amistades de todo tipo. Siempre estaba sonriendo. Era libre, decía lo que pensaba y hacía lo que a ella le gustaba, lo que ella quería. Hablaba con todo tipo de personas”, la recuerda.

Xiomara del Carmen Cruz Torres nació el 14 de septiembre de 1992. Era “la cumiche de la casa, pero la más grande”, dice su papá. Don Rito recuerda que siempre fueron muy unidos, y ella era bastante bromista. “Es que a mí me gusta platicar con vos, Rito”, le decía la menor de sus hijas.

La joven esteliana disfrutaba de bailar dancehall, un tipo de música nacida en la Jamaica de los años 70. También escuchaba música de Calle 13, Bob Marley, Rihanna, según Ana Blandón, esta última era su cantante favorita. Le gustaban las mascotas, los cuidaba casi como a un hijo, y en especial los gatitos.

“Era muy positiva, muy chistosa, muy alegre, cariñosa. Sacaba chistes de lo más mínimo. Tenía facilidad para hacer amistades”, asegura Mayra Blanco, quien fue amiga de la joven durante seis años.

Algo de exageración tendrá decir que Xiomara tenía más de cien trajes de baño, pero algo de verdad tiene también. Adoraba el mar, el agua, la naturaleza y los mariscos eran su comida preferida. En algunas fotos de su Facebook puede vérsele en lugares como San Juan del Sur. “El mar es una de las cosas que más me gustan y disfruto”, escribió en una fotografía que subió a Facebook el 5 de julio de 2015. También habían algunas fotografías en las que demostraba simpatía por la cultura reggae y la marihuana.

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Retrato de Xiomara Cruz. LAPRENSA

Hace unos cinco años, Xiomara había decidido irse a vivir a Managua, pues el esposo de su sobrina, Geizel Massiel Cruz, le ofreció trabajo en una ferretería. Tenía 18 años y no había terminado la secundaria, pero también empezó a estudiar en Managua.

“Como estaba chavala ella se daba sus vagaditas… Ya tenía cinco años de estar en Managua. Pero ella siempre venía, cada quince días, cada veinte días. No se olvidó de nosotros. Tenía un montón de amigas, que hasta la fecha aquí vienen. Ella era bien popular. Hasta con los vagos se ponía a platicar y no tenía miedo porque la respetaban”, dice don Rito Cruz.

Llegaba a Estelí y Xiomara quería comprarle de todo a su familia y amigos. Ana Isabel, recuerda que la última vez que estuvieron juntas ella había comprado un abanico para su mamá y una muñeca para la hija de Blandón. Y, de hecho, la última vez que llegó a su pueblo natal llevó unos jarrones de barro con formas de gallo para su mamá, que hoy están guardados en un cuarto que habían designado para ella, pues estaban construyendo una segunda planta en su casa.

Algún día de los últimos días de marzo, que Ana Isabel no logra recordar con precisión, ella y Xiomara estuvieron juntas. Llenaron una piscina en la casa de Blandón, almorzaron y hablaron. “Ella andaba música en su teléfono y se puso a bailar y me dijo: ‘Mire amiga, esta es mi canción favorita’ la canción se llama Man down de Rihanna”, cuenta Blandón.
La canción va más o menos así: “No tenía la intención de acabar con su vida / Sé que no fue lo correcto / Ni siquiera puedo dormir esta noche/No puedo sacar esto de mi mente / Necesito desaparecer /Antes de terminar tras las rejas. Lo que comenzó como un simple altercado/ Se convirtió en una situación difícil de verdad/ Me paso el tiempo pensando en el momento en el que estaba enfrentándolo/ Hace que quiera llorar”. La canción es la historia de una mujer que mata a un hombre… Y en su caso, la canción se escribiría al revés.

Managua 8 de Junio del 2016 Casa de Rodolfo Jose Valenzuela, alias el popo donde encontraron muerta a Xiomara Cruz, joven asesinada en Esteli. Foto Jader Flores/LA PRENSA
La casa de Rodolfo García, ubicada en Estelí, donde fue asesinada y enterrada Xiomara Cruz. Foto: JADER FLORES/LAPRENSA
EL CRIMEN QUE ESTREMECIÓ A NICARAGUA

El sábado 9 de abril la familia de Xiomara esperó durante todo el día a que ella regresara. Jackeline Cruz, pensó en ir a reportarla como desaparecida, pero decidió esperar hasta el domingo en la noche. Llamaron insistentemente a Rodolfo García Valenzuela, quien era conocido como “Popo”, ya que Xiomara se dirigía a su casa y fue la última vez que la vieron con vida.

El lunes 10 Jackeline decidió ir a buscarlo. Un grupo de señoras estaban afuera de la casa y cuando ella preguntó si sabían dónde vivía un muchacho al que le decían “Popo” todas se quedaron viendo y de repente una de ellas dijo: “Decile. Decile que vos sos la mamá”, dirigiéndose a Leonor Valenzuela, madre de crianza de Rodolfo. “Y ella a duras penas me dijo: ‘Mi hijo está en el hospital desde el día viernes, se cortó la mano partiendo un pollo’”, cuenta Jackeline.

Pidió a los policías que fueran a buscarlo al hospital y costó que le hicieran caso. Pero después fue a buscarlo ella personalmente. “Solo me abrió un poco la puerta y vi la mano de él que estaba toda enyesada y pude notar que era una herida grave, no era una herida como para partir un pollo y le pregunté por ella y estaba muy tranquilo y relajado. Él dijo que la vio pasar en un taxi”.

En una entrevista con LA PRENSA, “García aseguró que la herida se la hizo después de regresar a su casa donde quiso cocinar un pollo. Dijo que regresó a eso de las 10:00 de la noche, después de esperar en vano a que llegara Xiomara, a quien afirma haber visto a bordo de un taxi vistiendo blusa roja, lycra gris, desde donde le gritó que la esperara”.

Como sospechoso, la policía lo detuvo y los forenses hicieron análisis de sus heridas. Estos aseguraron que eran heridas de defensa, entonces el joven cambió su versión y aseguró que lo habían asaltado. Lo dejaron libre por falta de pruebas y aprovechó para escapar. Leonor Valenzuela, mamá de Rodolfo García, aseguró a LA PRENSA que su hijo le pidió 300 dólares para integrarse a un centro de rehabilitación, pero que desconocía dónde estaba ubicado. Anteriormente, su hijo había estado preso por posesión de drogas.

Valenzuela, aseguró que su hijo nunca llevó a nadie a la casa, e interpuso un recurso de amparo para ella y su hijo, ya que ambos se sentían enfermos por la presión de la policía, quienes revisaron la casa en dos ocasiones.
Xiomara Cruz estaba siendo buscada por la Interpol. Don Rito Cruz sentía que la tierra se la había tragado. En la familia casi nadie comía: doña Carla Torres “se puso flaquita” y él, si comía una vez al día, era mucho. “Pagamos un investigador privado y reunimos a sus amigos, vino una persona que mira los casos de trata de blancas, buscamos en las fronteras”, relata Jackeline. Pero nada. Xiomara no aparecía.

Pero Rodolfo sí apareció. El martes 24 de mayo se presentó al Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), asegurando que se había ido porque se sentía amenazado por los miembros de la familia de Cruz Torres y que quería dar con el paradero de la joven esteliana, con quién, también dijo, tenía unos diez años de amistad. Ana Blandón, aseguró que ya había escuchado hablar de Rodolfo, pero solo como un amigo que “le caía muy bien a Xiomara” y que había conocido a través de su exnovio, Farington Gary Blandón.

Las autoridades no llegaron al Cenidh, por lo que, según Alberto Rosales asesor legal del Cenidh en la región segoviana, entonces acordó que se presentaría con García a las 8:00 a.m. del jueves 27 de mayo; sin embargo el miércoles 25 a las 8:30 de la noche Rodolfo fue detenido en su casa y a las 10:00 p.m. fue trasladado a la Dirección de Auxilio Judicial, El Chipote. “Yo en mis oraciones pedía perdón al Señor porque decía: Si él ya no tiene que ver en esto y a lo mejor está sufriendo… ¿será injusto lo que estamos haciendo?”, dice Jackeline Cruz.

MADRUGADA DE HORROR

Rodolfo confesó el crimen. La Policía lo llevaba a su casa en Estelí para que indicara dónde había enterrado el cuerpo de Xiomara y la gente en las redes sociales entre indignación y tristeza compartían la noticia e hicieron comentarios en favor de El Chipote.

Usando un cuchillo de cocina la mató. No se sabe de cuántas estocadas y la causa apunta a una discusión. Ella, en defensa, logró hacerle una herida en la mano, pero no pudo contra él. La envolvió en una sábana y la enterró en un cuarto abandonado de su casa.

Ana Isabel Blandón casi puede sentir todo lo que sufrió Xiomara. Ella la conocía y sabía que le temía a la sangre y que odiaba estar sola. Casi puede escucharla diciéndole: “No, amigo, por favor”, porque ella le decía “amigo” a quien realmente lo era.

Cuando Jackeline vio en las noticias que ya se hablaba de un cadáver. “Teníamos la esperanza de que fueran rumores. Llamé a una periodista al lado de mi mamá para preguntarle qué estaba pasando y me dijo que sabía de una muy buena fuente que Xiomara estaba muerta y que sabían dónde estaba. Yo le di la noticia a mi mamá y estaba en shock, no me creía”, relata Jackeline, con muchas más lágrimas en su rostro.

A su sobrina, Geizel Massiel Cruz, le tocó reconocer el cadáver de Xiomara. Logró hacerlo al ver la ropa y un brazalete que llevaba puesto. “Cuando yo entré estaba el cadáver aparte, su ropa aparte, con tucos de carne, habían tucos de carne por todos lados”, aseguró Geizel en una conferencia de prensa.

El 9 de junio, en la primera audiencia inicial del Ministerio Público, Leonor Valenzuela dijo que en la madrugada del 9 de abril escuchó los gritos de una mujer. Después de asomarse a la calle y corroborar que no había nada, fue a golpear insistentemente la puerta del cuarto de su hijo y cuando este abrió la puerta pudo ver el cadáver de una mujer, ensangrentado y tendido en el suelo. “¿Qué hiciste? ¡Te manchaste las manos de sangre!”, le dijo a su hijo adoptivo, quien le aseguró que ya estaba muerta y que él lo resolvería, que mejor se fuera a dormir.

Valenzuela regresó a su cuarto a orar y se tomó una pastilla para dormir. A las diez de la mañana del día siguiente se levantó y regresó al cuarto de su hijo, quien ya había envuelto el cadáver en una sábana y luego enterrado y lavado todo. Sin embargo, no podrá ser acusada como encubridora por el artículo 470, del Código Penal, inciso C, que reza: “Se eximirá de responsabilidad penal al cónyuge o compañero en unión de hecho estable, ascendientes, descendientes, hermanos o hermanas”.

Managua 8 de Junio del 2016 Rito Cruz padre de Xiomara Cruz, joven asesinada en Esteli, por Rodolfo Jose Valenzuela, alias el popo. Foto Jader Flores/LA PRENSA
Rito Cruz, muestra una foto con sus hijas Jackeline y Xiomara Cruz, esta última asesinada el 9 de abril.

El viernes, cuando enterraron a Xiomara, fue un día triste y estaba nublado. No pudieron velarla. Pocos asistieron a su funeral a las siete de la mañana.

Su familia pide la pena máxima. Desde la acera de su casa don Rito Cruz se dirige a la sala para devolver a la pared una fotografía de él junto a Xiomara y Jackeline Cruz. Renquea por la prótesis que sustituye la pierna que una mina le arrebató en la guerra. Y reflexiona. Ahora que lo piensa bien, de haber sabido que pasaría el dolor de perder a su hija, a su Xiomarita, hubiese preferido morir en los años 80. Pero tiene un propósito, hacer justicia por sus propias vías si no se hace por las debidas.

“No puedo ni verlo. No quiero verle la cara a ese hombre. Que me lo dieran a mí sería bueno, para hacerle lo mismo que le hizo a mi hija. No me daría miedo. Y que sienta lo duro que es. No soy asesino, pero lo haría porque me duele lo que le hizo a mi hija. Yo anduve en la guerra y peleábamos, pero dañar a una persona como la dañó este chavalo… eso no. Eso es ser asesino… Vamos a ver qué hacemos si sale libre. Tenemos que hacer algo. Yo tengo bastantes amigos armados. Me han llamado diciendo: ‘Estamos a la orden hermano, ya sabés lo que podemos esperar, como antes’. Me voy a estar muriendo y me voy a estar acordando de ella”, dice don Rito, mientras el aire frío sopla en Estelí.

Managua 8 de Junio del 2016 Jackeline Cruz hermana de Xiomara Cruz, joven asesinada en Esteli, por Rodolfo Jose Valenzuela, alias el popo. Foto Jader Flores/LA PRENSA

«Era una muchacha muy alegre. Se puede apreciar por las fotos de su perfil en facebook. Muy aventurera. Salía y tenía amistades de todo tipo. Siempre estaba sonriendo. Era libre, decía lo que pensaba y hacía lo que a ella le gustaba, lo que ella quería. Hablaba con todo tipo de personas», Jackeline Cruz, hermana mayor de Xiomara Cruz.

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