Perú: matemáticamente imposible

Es la tumba de encuestadores y analistas políticos hace cinco años, a un mes de las elecciones, era muy difícil pensar que Alejandro Toledo no obtuviera la presidencia por segunda vez.

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Hacer pronósticos electorales en Perú es asumir un riesgo muy serio, por cuanto el error está casi ciento por ciento garantizado. Es la tumba de encuestadores y analistas políticos hace cinco años, a un mes de las elecciones, era muy difícil pensar que Alejandro Toledo no obtuviera la presidencia por segunda vez. Lo decían las encuestas y prácticamente todos los vaticinios coincidían en que saldría primero en las generales y que luego vencería a Keiko Fujimori en el balotaje.

Toledo no llegó ni a la segunda vuelta. En esta, demás, de antemano parecía que Ollanta Humala no podría vencer a la hija del exdictador. Sin embargo Ollanta ganó. Ganó y gobernó al Perú sin sumarse, como muchos auguraban, al chavismo bolivariano, ni, incluso al progresismo populista de Lula lo que sí se daba por seguro, puesto que el brasileño fue una especie de mentor y hasta le “prestó” a sus asesores de imagen.

Y lo mismo pasó ahora, en estas últimas elecciones. Como que era casi imposible que Keiko, con el 40 por ciento de los votos, que le aseguraba una holgada mayoría en el congreso legislativo, no consiguiera 10.5 puntitos porcentuales para llegar a la presidencia. Pero no los consiguió. Pedro Pablo Kuczynski, le ganó con una diferencia de 0.24 por ciento: por tan solo 41 mil votos en más de 17 millones de votantes.

Y si es difícil hacer vaticinios electorales, con estos números que nos hablan de un país partido al medio tampoco es fácil prever como será el próximo período de gobierno. Los números y la matemática iluminan muy poco sobre lo que podrá pasar.

Para empezar, lo único cierto es que el país se divide, por partes iguales, en fujimoristas y antifujimoristas. Cinco de cada diez —uno de cada dos— peruanos prefieren y votaron por Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori. Y de esos cinco, cuatro son fujimoristas convencidos. A PPK en las elecciones lo votaron dos de cada diez. Su partido, peruanos por el Kambio en las generales obtuvo el 21.05 por ciento de los votos, que le significó obtener tan solo 18 escaños en el Congreso. A Kuczynski le fue decisivo, para ganar el balotaje, el apoyo de la izquierda agrupada en el Frente Amplio de Veronika Mendoza. El FA en las generales tuvo el 18.74 por ciento de los votos, menos de 2.5 puntos que PPK, pero igual consiguió dos legisladores más que este. De acuerdo con los programas y propuestas de cada partido y el perfil de sus votantes, si hubiera sido Mendoza la competencia de Keiko seguramente no le habría ido tan bien como a PPK, entre cuyos votantes no habría tanta “unanimidad” antifujimorista. El restante 20 por ciento de los votantes se dividieron también en partes iguales.

En concreto, los números nos dicen que en Perú por lo menos el 70 por ciento de la ciudadanía optó por partidos ubicados en el centro y del centro a la derecha, pero que, al mismo tiempo, casi la mitad de ese 70 por ciento no quiere al fujimorismo.

Dada esa realidad numérica, cómo que fallan las matemáticas para hacer vaticinios sobre el gobierno de PPK. Ganó con el apoyo de la izquierda, pero ¿va a hacer un acuerdo con el Frente Amplio para gobernar? Representarían a solo un 40 por ciento de los peruanos los que a su vez, piensan muy distinto entre sí. Además solo tendrían 38 legisladores en una Cámara de 130. ¿El resto de los partidos, excepto el fujimorismo, se plegarían a esa alianza? ¿Sería una alianza con soluciones de izquierda, o de centro izquierda, o de centro o de centro derecha? Igual y en el mejor de los casos solo llegarían a un poco mas de los 2 quintos de votos del Congreso.

Matemáticamente la alianza cantada sería entre Kuczynski y Keiko. De un Poder Ejecutivo con el 21 por ciento de apoyo popular propio, con la mayoría del Legislativo que representa al 40 por ciento de la ciudadanía.

¿Dará ese paso el nuevo presidente para gobernar en alianza con los fujimoristas a los que repudia el 50 por ciento de los peruanos que le dieron el triunfo? Por el otro lado ¿aceptará Keiko “blanquearse” integrándose al gobierno o resolverá mantener su identidad y esperar hasta las próximas? Keiko es joven y puede aguardar, pero al mismo tiempo no le vendría mal quitarse el “tufo” heredado.

Lo dicho, no es fácil hacer pronósticos. Ni aún matemáticamente.

El autor es periodista uruguayo. Fue presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa.

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