Caso Ocupa INSS: tres años impunes

En enero de 2019 Isaac Zelaya tiene previsto cancelar la última cuota por el pago de su vehículo que le fue robado en 2013.

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Meses después de ocurrido el robo y agresión en las inmediaciones del INSS, las víctimas siguieron reclamando en las calles. LA PRENSA/ARCHIVO

En enero de 2019 Isaac Zelaya tiene previsto cancelar la última cuota por el pago de su vehículo que le fue robado en 2013. Mientras que el periodista Jorge Hurtado con esfuerzo canceló el suyo en diciembre de 2015, tras pagar una deuda de más de cinco mil dólares a lo largo de dos años. Zelaya y Hurtado son dos de los siete jóvenes que la madrugada del 22 de junio de 2013 fueron víctimas del robo de sus carros y del vandalismo que junto a otra decena de jóvenes sufrieron en las inmediaciones del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).

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En 2013, Zelaya apenas había pagado seis meses de la deuda total de su carro nuevo. Hurtado, en cambio, adeudaba aún la mitad del costo total de 10,500 dólares cuando su carro desapareció pese a la presencia policial en el lugar. “Igual que los otros muchachos asumimos nuestras pérdidas, deudas, responsabilidades”, dijo Hurtado.

El director jurídico del Centro Nicaragüense de Derechos Humanso (Cenidh), Gonzalo Carrión, destacó que Ocupa INSS es parte de una lista de “crímenes en la impunidad”. Independientemente que no haya habido muertos, fue “muy representativo”, por la participación activa de agentes del Estado, sostuvo Carrión.

“Es simbólico” por la denegación de justicia, manifestó Carrión, quien recordó que las víctimas de este caso “fueron asaltados en presencia de quienes se supone están destinados para proteger”.

Hurtado señala que es difícil entender cómo siete carros, cuatro motocicletas y una serie de objetos, hayan desaparecido “en las narices de la Policía”.

“GRAN VACÍO DE JUSTICIA”

“Yo me sentía con las manos amarradas porque decía: bueno, no importa, me robaron el carro, pero me lo va a pagar el Seguro; ni siquiera eso logré y decía, bueno no importa, pero tal vez van a agarrarlos, los van encarcelar y tampoco eso sucedió”, apuntó Hurtado, quien agregó: “Sentimos una gran impotencia, ese gran vacío de la justicia en este país”.

Hurtado expresó que cómo puede olvidar ese hecho si incluso a la fecha no hay día que no encuentre a alguna persona en la calle que le pregunte por el carro. Además del robo y los golpes sufridos esa madrugada, está el trauma psicológico vivido por muchos, dijo Hurtado, quien estimó que “el hecho de recibir en la madrugada a doscientos, trescientos encapuchados que te van a matar, es algo fuerte”.

“Un delito grave que fue evidenciado públicamente en el cual hay instituciones del Estado involucradas, la misma Policía fue cómplice y partícipe del asalto masivo, si eso ya fue delicado, imaginate aún más nos impactó el ver cerradas todas las puertas de la justicia de este país después del asalto”, expuso Hurtado.

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GOLPEADOS Y HUMILLADOS

Zelaya por su parte recuerda que desde el primer día acudió a apoyar a los adultos mayores motivado por fotografías en las redes sociales. “Porque vi viejos que no tenían dónde dormir y llevé unas colchonetas, unas sábanas, un par de medicinas” e iba de noche porque apreciaba que “no había nadie”.

Luego de haber transcurrido tres años de ese hecho, Zelaya dice que no puedo ni imaginar “la humillación” que padeció su hermano Carlos, a quien —sus agresores— despojaron de toda su vestimenta y solo le dejaron los calcetines. Y así corrieron hasta el sector donde están las casitas entregadas a los reclamantes por los efectos del Nemagón, en busca de ayuda.
Zelaya rememora que trataban de huir cuando observó que los desconocidos empezaron a quebrar los vidrios de su vehículo, el mismo auto que todavía sigue pagando porque al igual que al resto de los afectados, la Policía rehusó entregar un documento que confirmara la denuncia por robo, como lo requerían las aseguradoras.

Zelaya recuerda que intentó recuperar una mochila en la que guardaba una computadora portátil, la cual sacaron los vándalos tras dañar los cristales de su vehículo. Pero “cuando me doy cuenta, tengo como a cinco personas alrededor mío que me están golpeando (…), de pronto, uno de ellos me golpea la cabeza con un martillo”. El grupo que lo atacó estaba encapuchado.

UN CASO DRAMÁTICO

A tres años de lo ocurrido —hecho conocido como #OcupaINSS—, Edna Medina, una de las jóvenes que se integraron a ese movimiento de solidaridad por la causa de los adultos mayores en su demanda de pensión reducida, dice que los afectados “no solo perdieron lo material”, sino que aún enfrentan “tres años de impunidad”.

Medina, quien desde el 18 de junio acompañó a los adultos mayores, ese 22 de junio de 2013 se había retirado media hora antes de la agresión. Y considera que lo vivido por los jóvenes de #OcupaINSS, fue “uno de los casos más dramáticos”. Medina criticó que la institución “que está supuesta a defendernos, a protegernos, más bien fue la que encubrió y facilitó con su complicidad que las turbas llegaran a golpear a los chavalos”.

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