Quién se iba a imaginar que el 19 de mayo del 2010 en la apacible pequeña ciudad de Azua, en la isla caribeña de República Dominicana, no los tres galantes mosqueteros, Athos, Aramis y Porthos soñados por Alejandro Dumas, sino más bien tres expertos buscadores de talento de los Astros, Félix Francisco, Rafael Belén y José Lima, tendrían la felicidad de firmar al jovencito beisbolista conocido como Michael Feliz. Este pelotero fue identificado por ellos con capacidad para realizar su potencial y llegar a ser un lanzador de serpentinas humeantes. El ‘monticulista’ fue adquirido por los Astros como agente libre no reclutado.
Este chamaco de apenas 22 años de edad, gigante de 6 pies y 4 pulgadas con un peso de 231 libras, hizo su debut en las Mayores con los Astros el año pasado y relevó en 5 partidos; lanzó 8 entradas para terminar con una efectividad de 7.88. Estos números no muy descollantes que se diga, son un reto para Michael en esta temporada. De todas maneras, esa experiencia le sirvió para quedar bautizado con fuego.
Los Astros impresionados rápidamente insertaron el nombre de Feliz en la lista oficial de los 40 hombres el 20 de noviembre y sin pensarlo mucho le otorgaron un contrato para la presente campaña. Ya no es pues un novato aunque tampoco es un pelotero consumado; sin temor a equivocarme, creo se le debe considerar como un beisbolista sólido promisorio en su camino al estrellato.
Un abridor ‘ligaminorista’ del calibre de Michael que abrió las puertas de las Ligas Mayores golpeándolas al son de un récord de 25-17 y una efectividad de 3.25 en 6 temporadas pudiera tener señalado un destino estelar con una carrera que lo llevaría muy lejos si se conserva saludable, disciplinado, y alejado de la infame lista de los lesionados.
Los lanzadores de velocidades que oscilan entre 90 y 99 millas por hora como lo hace Feliz tienden a lesionarse si se descuidan. Por fortuna los Astros tienen directores tan astutos como los mejores zorros del desierto tejano. Entre la visión y cuidadosa supervisión del gerente general Jeff Luhnow y la percepción y dirección acuciosa del dirigente A.J. Hinch, me inclino a creer que Michael está en buenas manos para que aproveche esa oportunidad junto a la fortaleza y flexibilidad de su brazo de lanzar para que le dure muchos años y lo lleve a la cúspide.
Se me ocurrió preguntar a Luhnow acerca del peligro que corre Michael, debido a su gran velocidad de lanzador y que cuál es el plan de los Astros para protegerle el brazo y me dijo:
«Primero, tenemos que averiguar si será relevista o abridor. Si resulta ser relevista, Hinch no lo usaría en dos relevos seguidos al principio. El atributo de Michael es que no solamente usa el hombro para lanzar. Usa todo el cuerpo en un movimiento coordinado para crear su velocidad. Es más, ya tuvo varias temporadas sólidas en las menores y allí aprendió a hacer todos los ajustes».
Para ampliar esta breve radiografía de Michael, visité la casa club de los Astros en el Parque Minute Maid; nos presentamos entre risas y carcajadas y logramos establecer amistad en menos tiempo de lo que se lee un ‘tuit’. Me contó cómo comenzó su amor con el beisbol en su terruño:
«Yo soy de un lugar de campo muy pequeño donde solamente se practica beisbol y allí hay muchas personas que lo enseñan a jugar. Yo diría que fue un amor a primera vista. Sabía que otros muchachos jugaban baloncesto, pero mi corazón de inmediato perteneció a la pelota. Soñé jugarla profesionalmente y hacer una carrera del deporte pero en Grandes Ligas».
Cuando empecé a escribir para los Astros en la campaña del 2000, los jugadores de habla hispana me decían que en sus principios como beisbolistas jugaron con pelotas hechas de trapo o de cabezas de muñecas que pertenecían a sus hermanas y en vez de bates usaban cualquier pedazo de madera. Diez y seis años más tarde creí que ya todo eso había cambiado; ¡pero qué va! La América Hispana, sin tener los medios necesarios sigue produciendo estrellas, y Michael Feliz me lo confirmó al decir:
«No te asustes, pero yo fui uno de ellos», un tanto pensativo cuando Feliz dejaba asomar en sus labios una sincera y suave sonrisa. «La verdad es que todos comenzamos así. Hacíamos bolas de tiras de trapo, guantes de cartón o del material que estuviera a mano. La inventiva para fabricar y armarnos de útiles siempre estuvo a la orden del día y, claro, todo por el amor al beisbol».
Durante el crecimiento de estos niños del beisbol de trapo, sueñan de noche y de día con vestir el uniforme de un equipo de Ligas Mayores. Es más, también sueñan con emular a uno de los jugadores que ven en la televisión. El nuevo serpentinero de los Astros pasó por la misma etapa que todavía parece ser ineludible en la fábrica de grandes peloteros.
«En mis años juveniles mi señor padre acostumbraba ver los juegos de los Yankees y de los Patirrojos de Boston en la Tele», me contó Michael. «Yo quedé prendado de los Yankees. Y cuando Alex Rodríguez jugó para los Rangers, lo seleccioné como mi jugador favorito. Recuerdo que todo el mundo hablaba de Alex, de su hazaña de haber subido bien joven al beisbol grande y, como yo era un jovencito, decidí seguirlo».
Luego pedí a Michael que me dijera acerca de su primer contacto con la organización de los Astros: «Cuando tenía como 15 años yo jugaba en una liguilla dominicana y era lanzador en un grupo de novatos. Lanzaba todos los miércoles y allí se reunían representantes de todas las organizaciones», dijo mi entrevistado. «Los de los Astros me vieron y así fue como se efectuó el primer contacto».
El sentimiento de un aspirante a la hora de firmar su primer contrato profesional es por lo general para cada uno algo inolvidable, algo que se guarda en un lugar preponderante. «Fue una alegría muy grande», expresó Feliz. «Yo era un chamaco muy pobre y firmar con un equipo de liga mayor era mi sueño dorado. Sabía que era una oportunidad para ayudar a mi familia y cuando se formalizó todo, quedé bien contento».
Los aspirantes extranjeros de habla hispana al llegar al sistema de ligas menores, además del choque cultural, pasan por una serie de diferentes experiencias que para contarse sería la de nunca terminar, algo así como el popular cuento árabe de Scheherezade de «Las mil y una noches».
«Creo que mi mejor experiencia fue en el 2014», señaló Feliz mientras mostraba una expresión de orgullo y satisfacción. «Esto ocurrió cuando fui miembro del equipo de futuras estrellas mundialistas que luchó por la corona el 13 de julio de ese año en el Target Field de Minneapolis. Fue una experiencia muy linda, algo que todos los novatos soñamos con participar en ella. Tuve la oportunidad de ir y guardo el recuerdo con mucho cariño».
Feliz recibió la noticia de su promoción al equipo grande no con gritos como hacen algunos, pero con una alegría profunda que lo hizo sentir bien. «Con un poquito de nerviosismo a pesar de que lo esperaba, llamé a casa y se lo comuniqué a mi padre. Todos lloraron de felicidad en el hogar».
La experiencia de aprender inglés el primer año en las menores fue difícil para Michael como usualmente es para la mayoría: «Fue difícil, pero lo tomé como si fuera otra parte del mismo deporte que tenía que aprender».
Además de esa dificultad, Michael también aprendió a vivir sólo y se hizo de tripas corazón como se dice cuando aprendió a cocinar. «Me especializo en hacer un arrocito con pollo y habichuelas». Lo dijo con tanta sabrosura que me causó hambre y me hizo pedir lo mismo cuando regresé a casa.
Feliz jugó en las menores de los Astros del 2010 al 2015, tiempo suficiente para aprender los secretos del beisbol: «No creo que haya aprendido todos los secretos, no, no», explicó el joven lanzador. «En las Mayores la pelota es diferente y se toma su tiempo para aprender el resto y, aún pienso, que nunca se termina de aprender; pero en lo que me corresponde creo que he aprendido bastante».
Michael probablemente no tenga un vasto repertorio de lanzamientos, pero lo que muestra al tirar es oro puro. Su brazo es una especie de lanza llamas y se convierte en algo así como una ‘bazooka’: «Creo que tengo una buena recta que casi siempre tiro sobre el plato. Una buena ‘slider’ (la deslizadora) para protección y un cambio de velocidad», dijo el antillano. «También puedo tirar la recta con la facilidad de pasarla a un lado y al otro del plato en alta velocidad».
Michael piensa que su recta es su lanzamiento número uno y esto me recuerda que en este año ya alcanzó las 99 millas por hora. Me atrevo a vaticinar que un día de estos nos sorprenderá con una de100. Él sabe muy bien que la presencia de la alta velocidad no es lo más importante; la clave es, lo que en la jerga del beisbol se llama, «localización».
Feliz tiene la esperanza que los Astros lo usen como abridor, pero está listo para hacer de todo. Su meta con el equipo es lanzar la temporada completa, llegar a las series de desempates y lograr una participación en la Serie Mundial.
René Cárdenas, además de cubrir a los Astros para el diario La Prensa de Nicaragua, escribe para Astros Magazine. Fue narrador de los Dodgers, Astros y Rangers de Texas. Con los Astros en 2008, también narró en TV. Edita su propia página no comercial de beisbolwww.laestufacaliente.net y es miembro activo de la BBWAA. En tres ocasiones figuró en la lista de candidatos al Salón de la Fama de Beisbol en Cooperstown. La primera vez fue en la década del 90. Búsquelo en Twitter @RCardenas3.HHh
