¿Conspiración, paranoia o estrategia?

Finalmente se conoció por boca del comandante Ortega, en el famoso discurso de las “ratas” el pasado 19 de julio, los temores acerca de una conspiración internacional que se lleva a cabo en su contra con la intención de sacarlo del poder.

Finalmente se conoció por boca del comandante Ortega, en el famoso discurso de las “ratas” el pasado 19 de julio, los temores acerca de una conspiración internacional que se lleva a cabo en su contra con la intención de sacarlo del poder. Como siempre, y tal a como estila en estos eventos, la mano pachona del imperialismo norteamericano es la encargada de dirigir, orquestar y coordinar semejante conjura, que ya lleva en su cuenta a la Argentina de los Kirchner, al Brasil de la Rousseff, a la Guatemala de Otto Pérez Molina y trabaja incansablemente en la Venezuela de Maduro y Cabello.

¿Creerá el comandante que los gringos son los culpables del enriquecimiento ilícito de Néstor y Cristina Kirchner a costa del erario público argentino, algo que por fin se revela en el gobierno de Mauricio Macri? ¿O será que cree también que los imperialistas obligaron a Luiz Inácio Lula da Silva a utilizar el tráfico de influencias con la constructora Odebrecht, entre otras, para ganar las licitaciones de Petrobras y obligaron también a Dilma Rousseff a maquillar las cifras para proteger a su mentor político? Probablemente el comandante crea ciegamente que el yanqui opresor es culpable de armar la conspiración conocida como “La Línea” en Guatemala, en donde el expresidente Pérez Molina y su ex vicepresidenta Baldetti encabezaron una mafia gubernamental para estafar al erario público en ese país. Quizás considere como verídicas las afirmaciones del heredero del “Eterno”, Nicolás Maduro, que los yanquis y sus “escuálidos” aliados son los causantes del desabastecimiento que agobia a los venezolanos.

Su primer embajador en Washington, Arturo Cruz Sequeira, considera que el comandante es presa de lo que él denomina la “Profecía Autocumplida”, definida por el sociólogo Robert K. Merton en su libro Teoría Social y Estructura Social, en los términos de la falsa definición de una situación o persona que evoca un nuevo comportamiento, el cual hace que la falsa concepción se haga verdadera. El poseedor de la falsa creencia percibirá el curso de eventos como una prueba de que estaba en lo cierto desde el principio. Por decirlo de alguna forma, una especie de “falso positivo” que absorbe a su propio creador.

Otros consideran que se trata simplemente de una actitud paranoica del comandante de ver enemigos por todos lados y atacar a todos y a todo, sin importar si son nacionales o extranjeros o si sus actuaciones golpean más la credibilidad de su gobierno o la economía nacional. Son tantos los “arrebatos” del comandante, que hasta sus mismos aliados del gran capital y las cúpulas empresariales están desconcertados por tanto disparate que aún no logran entender.

La lista es larga: 1) Expulsión del país del director regional de Freedom House, Carlos Ponce; 2) La “declaración de principios” durante el anuncio de su séptima candidatura, de que aquí no iba a haber observación electoral, acusando casi de vagos e intervencionistas a funcionarios de la OEA, UE, Centro Carter y embajadores extranjeros; 3) La orden dada al embajador en la OEA, Moncada Colindres, de pedir la renuncia del secretario general Luis Almagro; 4) El conflicto artificial con México con el estudiante desaparecido, que luego  apareció en las celdas de El Chipote con claras señas de torturas “autoinfligidas”; 5)  La expulsión de tres ciudadanos norteamericanos, dos de ellos funcionarios de Aduanas y un tercero, el doctor Evans Ellis, investigador del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del ejército norteamericano; 6) Apresamiento y expulsión del país de los jóvenes ambientalistas y miembros de la Caravana Mesoamericana para el Buen Vivir; 7) Apresamiento y expulsión del ambientalista hondureño y miembro del grupo Veda Verde, José María Reyes, abandonado en un puente de la frontera con Honduras a altas horas de la noche. Cabe señalar que Reyes es hijo de José María Reyes Matta, “Comandante Pablo Mendoza”, de las Fuerzas Armadas del Pueblo (FAP), quien se levantó en armas contra el gobierno hondureño en 1983 al frente de una columna guerrillera infiltrada en territorio catracho desde Nicaragua. Reyes Matta y la columna que dirigía fue aniquilada por fuerzas conjuntas del Ejército de Honduras, tropas norteamericanas y fuerzas de la “Contra” que efectuaban las maniobras militares “Ahuas Tara”. En esta acción también fue capturado y ejecutado el nicaragüense, ex Boina Verde, David Arturo Báez Cruz, hijo de Adolfo Báez Bone.

También existen quienes consideran que todo lo actuado por el comandante forma parte de la estrategia que se ha trazado para cumplir los objetivos que con toda precisión y claridad ha definido: Continuar en el poder este próximo período y legitimar el enorme capital acumulado en diez años. Es un asunto vital para él y su grupo económico familiar, por lo que no se puede permitir el lujo de poner en riesgo el poder como lo hizo en 1990. Está convencido que el gobierno de los Estados Unidos no tomará ninguna acción ante el eventual fraude electoral en noviembre, ya que estarán inmersos en sus propias elecciones y para el 2017 habrá que negociar con quien llegue a la Casa Blanca partiendo de cero y con base en hechos consumados, él en la presidencia.

Sabe también que la OEA no hará nada mientras esté empantanado con el problema venezolano. Por eso ha optado por tomar la iniciativa con suficiente anticipación, no sea que otra Violeta hubiera ayudado a sacarlo nuevamente del poder y a cualquiera, en un eventual nuevo gobierno, se le hubiera ocurrido solicitar a la ONU la conformación de una Comisión Internacional en Contra de la Impunidad en Nicaragua, al igual que en Guatemala y Honduras, para que investigue su actuación durante los dos periodos anteriores, que dicho sea de paso hay mucho que investigar.

El autor es mayor del EN retirado.

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