Sam Cossman, el señor de los volcanes

Estudió Finanzas, fue mesero y bartender, recorrió África al “ride”, ayudó a niños en Haití y ahora baja a lagos de lava en volcanes activos. Les presentamos a Sam Cossman, el “Indiana Jones” del futuro.

Sam Cossman listo para descender a la “Zona Cero” del cráter Santiago, en el volcán Masaya, donde trabaja con su equipo. LA PRENSA/Uriel Molina.

Sam Cossman listo para descender a la “Zona Cero” del cráter Santiago, en el volcán Masaya, donde trabaja con su equipo. LA PRENSA/Uriel Molina.

Un día la lluvia fue tanta que el riachuelo que cruzaba el patio se desbordó. Sin pensárselo mucho, los gemelos Sam y Jennie corrieron al garaje, hurgaron con la mirada y cogieron la maleta de plástico que su padre colocaba sobre el carro cuando se iban de paseo. Regresaron a toda prisa al río recién formado y los dos niños de 10 años se acomodaron sobre el barquito improvisado. Remaron y remaron utilizando palos de escoba que habían alistado y tres o cuatro condados después se dieron cuenta de que estaban en un ligero problema… ¡Estaban perdidos! El susto de sus padres fue indescriptible, cuenta Sam Cossman muchos años después, con una sonrisa de oreja a oreja y sobre el cráter de un volcán en Nicaragua. “Hubo mucha inocencia en aquella aventura y luego los pudimos llamar por teléfono y regresamos a casa, pero desde entonces mi hermana y yo éramos exploradores”, recuerda.

Hoy Sam Cossman ha sido descrito por medios internacionales como el “‘Indiana Jones’ de la era digital”. Con 35 años, trabaja como explorador y cineasta, valiéndose de la más alta tecnología a su disposición y armando a su alrededor equipos de expertos que se interesan en sus proyectos. Su más reciente aventura es el estudio del lago de lava del cráter Santiago, en el volcán Masaya de Nicaragua, y en muy poco tiempo Sam se ha convertido en algo así como una superestrella en este país.

Su rostro comenzó a aparecer en medios locales en marzo pasado y hace unos días, un video suyo colgado en su página de Facebook que lo muestra descendiendo a la “Zona Cero” del cráter Santiago (lo más cercano al círculo de lava ardiente que se puede llegar) lleva más de 70 mil visualizaciones, sin mencionar las reacciones, comentarios y veces que ha sido compartido.

“Mi vida no ha sido lineal. No tengo una receta para un día llegar a vivir de esto”, responde Sam a la pregunta de cómo rayos llega alguien a ganarse el pan de cada día descendiendo en cráteres de volcanes. Pero con buen ánimo y un insuperable atardecer sobre el volcán, a nuestras espaldas, el aventurero comienza a repasar los momentos más importantes de su vida. Estudios de Finanzas, trabajos de bartender, viajes al “ride” por todo un continente, su hija de 12 años y súbitas renuncias a buenos trabajos para cumplir sus sueños.

Sam Cossman en el cráter Marum, en el archipiélago de Vanuatu, Oceanía. Esta fue su primera aventura volcánica. Fotografía: samcossman.com
Sam Cossman en el cráter Marum, en el archipiélago de Vanuatu, Oceanía. Esta fue su primera aventura volcánica. LA PRENSA/Fotografía: samcossman.com
Y AHORA ¿QUÉ HAGO?

Sam creció en la pequeña ciudad estadounidense de Roswell, en el Estado sureño de Georgia. El patio de su casa medía tres manzanas y además del riachuelo con vocación a transformarse en canal marítimo para niños, había árboles y mucho espacio verde para correr y descubrir animales o insectos.

Los hermanos eran muy unidos. Sam Jacob recuerda los cumpleaños como eventos muy importantes en los que ambos eran el centro de atención de la familia y cuando relata que su gemela Jennie Adele se casó, se fue a vivir a París, Francia, y ahora su apellido es Aufhauser, lo dice con algo de ternura.

Él, por su parte, terminó el colegio y se mudó a la ciudad de Athens para estudiar Finanzas en la Universidad de Georgia, carrera de la cual se graduó y con la que bromea, señalando el cráter rojizo por la última luz del día que tenemos al lado: “¡Ya sé que está muy relacionada con esto! (ríe). Negocios de volcanes, ya sabes. La verdad no sabía qué quería hacer. Solo sabía que tenía algunos talentos, como vender una visión y hablar con la gente”.

Al cabo del pénsum curricular, sin embargo, sus compañeros comenzaban a hacer pasantías en empresas y él quedó rezagado. “Y ahora ¿qué hago?”, se preguntaba.

“Yo le daba vueltas al globo terráqueo contando los lugares que quería conocer”. Entonces tomó la decisión de trabajar en lo que fuera, ahorrar y salir de su país.

Con 18 o 19 años Sam trabajó en bares y restaurantes modestos. Ahorró lo suficiente y a los nueve meses se marchó al océano Pacífico para conocer los archipiélagos de Tahití y Polinesia Francesa, en Oceanía. Esos paraísos de aguas transparentes, arena blanca y palmeras que inspiran nombres de fragancias en Occidente como el conocido perfume Bora Bora, nombre de una de las islas francopolinesas. De ahí saltó al sureste de Asia, después a África y por último a Europa. En total el viaje duró un año y medio y fue un agente de cambio en la mente del joven.

“En esa travesía conocí culturas, gente, sus necesidades, lo que querían hacer con sus vidas… Cada día siguió alimentando mi deseo de explorar el mundo. Ese recorrido fue un punto de transición en mi vida. ¡En África hasta fui a varios países al ‘ride’ con un conductor de camión! Jamás lo olvidaré”.

Dieciocho meses después, sin la experiencia de un “internship” pero con año y medio de intercambio cultural a tuto, Sam seguía sin saber bien qué hacer en su natal Estados Unidos.

“Tenía mi título de Finanzas y esta experiencia increíble de vida, pero conseguí un trabajo normal que pagaba bien. Era en una compañía médica llamada Mizuho OSI, de aparatos tecnológicos quirúrgicos. Estuve allí un buen rato y me ayudó a construir un set de habilidades que me serían muy útiles. No era mi pasión, pero era un buen trabajo. Además ayudaba a gente y eso era bueno”, relata.

“Mi familia está orgullosa de mí. Están felices que yo haga lo que amo. Claro que también se preocupan, porque no es la ocupación más segura. Mi mamá me dice: ‘¡No te conviertas en un marshmallow (malvavisco) de fogata!’” Sam Cossman, explorador y cineasta.

El equipo de Sam Cosman, compuesto por 22 personas, instaló equipos para subir y bajar dentro de la profundidad del cráter Santiago, que según Sam ronda los 400 metros. LA PRENSA/Uriel Molina.
El equipo de Sam Cossman, compuesto por 22 personas, instaló equipos para subir y bajar dentro de la profundidad del cráter Santiago, que según Sam ronda los 400 metros. LA PRENSA/Uriel Molina.
7 GRADOS EN HAITÍ

Sam estuvo ocho años en Mizuho, de enero de 2005 a diciembre 2012. Hizo algunas cosas extremas, como costearse unas clases para manejar pequeños aviones o helicópteros, de los que tiene licencia de piloto privado, pero quería más.

“Yo me sentía hambriento de más. Era joven, estaba bastante bien, pero me dije que debería estar haciendo algo más. Algo para ayudar a la gente. En 2010 ocurrió el terremoto de Haití, de 7 grados. Me sacudió. Llamé a un amigo y le dije que debíamos ir. Éramos jóvenes, saludables, no había una razón para que no hiciéramos algo. Así que nos sumamos a una ONG llamada Rise2Shine (levantarse para brillar) y fuimos. Era un país devastado”.

Por el siniestro, en el que murieron 160 mil personas, Sam dejó el trabajo unas semanas y se dedicó a ayudar a otros. En sus palabras, hubo un “movimiento tectónico” en su cabeza y su viaje filantrópico no terminó en la isla del mar Caribe. Ahora Sam tenía más ganas que nunca de ayudar a desconocidos. De regreso a los Estados Unidos continuó en Mizuho, pero fundó una compañía propia llamada Qwake, alianza de las palabras “awake” (despierto) y earthquake (terremoto). ¿Qué era Qwake y cómo funcionaba? Así lo explica Sam:

“Qwake trataba de ayudar a otros a encontrar lo que aman y les ayudaba a desarrollarlo. Por ejemplo tu fotógrafo (y señala a Uriel Molina, de Revista Domingo), quizás es el mejor fotógrafo de Nicaragua para hacer time-lapse de volcanes. Entonces en Qwake él haría un evento que reuniría a fotógrafos o personas interesadas y cada uno haría su propio time-lapse y él ganaría dinero como un tutor o conferencista por hacerlo”.

Pero su start-up o puesta en marcha no triunfó. Era mucho tiempo y esfuerzo invertidos en pocas personas o una a la vez. Y menos mal, porque como dice Sam, “la razón por la que estoy en Nicaragua, en este volcán, es porque fue muy difícil levantar Qwake”.

Sam vivía entonces en San Francisco, esa ciudad de California reina del Silicon Valley, donde miles de iniciativas tecnológicas se hacen reales cada año, así que no se desalentó mucho y se unió a otros equipos de personas que trataban de sacar adelante sus proyectos. Y un día, por esas casualidades del destino, se le presentó la oportunidad de ir al archipiélago de Vanuatu, en Oceanía, a un proyecto volcánico que él ya había pensado pero no había podido realizar. “Bueno, voy”, se dijo. “Mi idea va incluida de todos modos”.

Las medidas de seguridad son prioridad para la misión que Sam Cossman y su equipo llevan a cabo en Nicaragua. LA PRENSA/Uriel Molina.
Las medidas de seguridad son prioridad para la misión que Sam Cossman y su equipo llevan a cabo en Nicaragua. LA PRENSA/Uriel Molina.
GOOD MORNING AMERICA

Vanuatu es un conjunto de islas de origen volcánico ubicadas dos mil kilómetros al este de Australia. Su capital es Port Villa y sus 240 mil habitantes hablan bislama, francés e inglés. La isla a la que Sam Cossman y un equipo de personas iban era la triangular Ambrym, de apenas siete mil personas y dos cráteres similares al Santiago del volcán Masaya.

“Volé a Vanuatu con todo un equipo de producción fílmica a finales de 2014”, explica Sam. “Yo era solo un invitado, pero el camarógrafo de la compañía, al llegar al cráter de lava Marum, dijo: ‘¡Al carajo con esto, yo no iré allá adentro, es demasiado peligroso!’ Entonces un amigo, George Kourounis, y yo, nos dijimos: Tenemos nuestras cámaras GoPro, ¡vamos!”

Una oportunidad única. Un golpe de suerte de los que no se desaprovechan. Sam había recorrido varios países, había acumulado horas de senderismo, era piloto privado de aeronaves pequeñas, pero bajar a escasos metros de un lago de lava era otra cosa.

“No lo tomamos a la ligera. Fuimos con bastante protección. Se trataba de un cráter tan profundo como este de Masaya. Más de 400 metros de profundidad y más de 1,000 grados Celsius de temperatura. Bajé, entré, grabé y subí. Era el único en el planeta Tierra que tenía esas imágenes, porque mi amigo no hizo video.
Tal y como apunta el sitio web de Sam, más gente ha ido a la Luna que los que han descendido hasta la boca de fuego del cráter Marum, en Vanuatu. Y tal vez eso explica lo que aconteció luego.

De vuelta en San Francisco Sam montó un video de dos minutos con 42 segundos llamado Volcano Diver (buceador de volcanes) y lo subió a YouTube. Se durmió y a la mañana siguiente lo despertó una llamada inesperada.

“Hola, somos de Good Morning America (noticiero matutino de la cadena ABC de los Estados Unidos), ¿has visto tu cuenta de YouTube esta mañana?”, le preguntaron. “No”, dijo Sam, entre somnolencia y sorpresa. Saltó de su cama, encendió su computador y lo vio. “Millones de personas estaban cliqueando en el video. Me sorprendió la respuesta de la gente. Se activaron con este video, fue increíble. Unos estaban asombrados y otros enojados”.

El traje que usó Sam en Vanuatu fue diseñado por su equipo. LA PRENSA/Fotografía: Vimeo oficial de Sam Cossman.
El traje que usó Sam en Vanuatu fue diseñado por su equipo. LA PRENSA/Fotografía: Vimeo oficial de Sam Cossman.

—¡Enojados! ¿Por qué enojados? —le preguntamos.
—No sé, hay demasiados troles en internet. Decían: “Es inseguro, no sirve para nada, estás arriesgando demasiado”. Pero miles se inspiraron por la belleza de las imágenes.
—¿Pensaste en la muerte en algún momento?
—Para serte honesto, me asusté un poco, pero una vez que estoy ahí solo doy un paso a la vez. Todo está bien calculado. Yo traté de ir en estado zen. Estaba sobre una piedra y quería estar sobre esa otra. No pensaba en nada hasta haber llegado.
—¿Qué piensa uno cuando está tan cerca de esa agitación incesante de lava?
—Te recuerda que eres pequeñito. Lo insignificante que es un ser humano en perspectiva con las demás cosas, con el universo. Te hace sentir lo frágil que somos, pero también lo mucho que podemos lograr siendo tan pequeños.

Cossman podía asomarse al cráter Marum por rondas de 15 segundos para no exponer el material del traje. LA PRENSA/Fotografía: Vimeo oficial de Sam Cossman.
Cossman podía asomarse al cráter Marum por rondas de 15 segundos para no exponer el material del traje. LA PRENSA/Fotografía: Vimeo oficial de Sam Cossman.

Ese viaje de 2014 no solo derivó en un llamativo video que en un par de días tenía casi dos millones de reproducciones, sino que se logró crear el primer modelo 3D de su tipo de un lago de lava volcánico en el mundo.

Sam dio con lo que le gustaba hacer y renunció a su trabajo para expandir su vocación de explorador y ahora productor de filmes. Rediseñó su empresa Qwake hacia la exploración con alta tecnología, como cámaras y drones, y tiene un acuerdo de desarrollo con National Geographic. Además, se ganó el apoyo de Scott Parazynski, un astronauta que realizó cinco misiones y que es el único en la historia que además escaló el monte Everest.

“La vida es corta. Parpadeas una vez y se fueron 10 años. Parpadeas dos veces y 20 años se han ido. Hay personas que hacen eso por siempre y se dan cuenta que su vida no era la que ellos querían. Para mí estas aventuras son una forma de reiniciarme. Cuando yo esté por morir, no sé si será en un rato o en mucho tiempo, estaré conforme con las decisiones que he tomado, sin importar si tuve o no tuve dinero”. Sam Cossman, explorador y cineasta. LA PRENSA/Uriel Molina.“La vida es corta. Parpadeas una vez y se fueron 10 años. Parpadeas dos veces y 20 años se han ido. Hay personas que hacen eso por siempre y se dan cuenta que su vida no era la que ellos querían. Para mí estas aventuras son una forma de reiniciarme. Cuando yo esté por morir, no sé si será en un rato o en mucho tiempo, estaré conforme con las decisiones que he tomado, sin importar si tuve o no tuve dinero”. Sam Cossman, explorador y cineasta. LA PRENSA/Uriel Molina.

ROSARIO MURILLO

Cuando Sam se enteró de la formación de un lago de lava en el cráter Santiago, a comienzos de 2016, supo cuál quería que fuera su siguiente aventura. “Hay muy pocos lagos como este en el mundo, entonces vale la pena invertir tiempo, porque además aquí la anomalía es que hay dos ciudades grandes cerca: Masaya y Managua, lo que significa peligro”.

Sam encontró el correo de Rosario Murillo aplicando la ley de los grados de separación y le envió un detallado plan de lo que deseaba realizar con el apoyo de National Geographic y de la misma agencia espacial estadounidense, NASA. Cinco días después, ante la sorpresa del joven, un mensaje de la primera dama de Nicaragua cayó en su inbox.

“Al comienzo pensé que era una broma, pero sí era ella, y fue extremadamente elocuente y con ganas de apoyar el proyecto que le describí”, revela Sam, que no sabía mucho de Nicaragua.

“Sabía que era hermoso pero cuando vine la primera vez quedé sin palabras por… (señala el horizonte, en el que sobresale la figura del volcán Mombacho) esto. Y el apoyo que recibí y la calidez de la gente ha hecho que me fascine estar aquí”, agrega.

 

Operación volcán Masaya

La misión que vino a emprender Sam Cossman a Nicaragua la llevan a cabo 22 personas que aterrizaron con él hace unas semanas en Managua, acarreando el 90 por ciento de los materiales que necesitan para cumplir sus objetivos. Lo que vienen a hacer, además de un video que seguramente quedará tan llamativo como el de Vanuatu, es instalar más de 80 sensores de diferentes tipos a lo largo y ancho del cráter Santiago, en el volcán Masaya, que darán múltiples datos analizables simultáneamente a través de un programa
computarizado.

Sam Cossman señala la “Zona Cero” del cráter Santiago, en el volcán Masaya. LA PRENSA/Uriel Molina.
Sam Cossman señala la “Zona Cero” del cráter Santiago, en el volcán Masaya. LA PRENSA/Uriel Molina.

“Por ejemplo —explica Sam— si tenemos el sensor de gas que se eleva y el de temperatura baja y resulta que el de la presión atmosférica aumenta y hay una erupción, entonces vimos quizás una receta que podría estar correlacionada con las erupciones”. Y si esto pasa, por ende, se podría ir desarrollando un sistema de anticipación del comportamiento volcánico que, con éxito, ayudaría a prevenir la actividad volcánica.

De pronto, una colega del estadounidense interrumpe la charla por unos segundos para preguntarle si está listo para bajar a la “Zona Cero” por primera vez. “No”, dice Sam. El descenso será esta noche y ya son las 5:00 de la tarde. El joven debe conocer los pormenores de la misión e intercambia rápidas palabras con ella. El tono es el mismo que con nosotros: amable, apacible. Él dice que si lo conociéramos desde hace años, sabríamos que es “el mismo tipo de siempre”. Un joven de cabello negro, delgado, de poca estatura para su país, que ha coleccionado variopintas amistades por todo el mundo con su carácter alegre y enérgico.

Desde este lado del cráter, el opuesto al que conocen los turistas, más o menos 30 personas trabajan para que todo salga perfecto. A veces da la impresión de que Sam Cossman es el líder del equipo compuesto por desarrolladores informáticos, científicos de datos, vulcanólogos y físicos, pero él no se ve así. “Yo no soy un científico ni soy el jefe de nadie. Todos aquí son excelentes en lo que hacen. Yo solo soy parte del equipo”, subraya.

Sam tiene una hija de 12 años llamada Sara que vive con su madre en Georgia, un poco alejada del domicilio de su padre en California. Sam y la mamá se separaron, pero él ve a la niña con frecuencia. A finales de mayo pasado publicó una foto con Sara en su Facebook y escribió, junto a un corazón: “No puedo ser más feliz que cuando veo a esta increíble y especial pequeñita”.

Su esperanza, confiesa, es que ella vea sus videos y le parezcan “cool” e interesantes. Pero sobre todo, lo que desea este padre de 35 años es que ella “encuentre una pasión y le dedique su vida, porque de solo hacerlo ya hay éxito”.

El próximo volcán que Sam piensa “domar” es el Monte Erebus, en Antártida. Un coloso de hielo de 3,794 metros de altura que también posee un lago de lava. Sin duda un video de esa tercera montaña de fuego le parecerá “cool” a Sara. Al igual que a otros cuantos millones de espectadores.


Video que Sam Cossman colgó en su Facebook desde el cráter Santiago. El primer descenso a la «Zona Cero» del colosso: