Una historia mal contada

Los nicaragüenses han aprendido distintas versiones de la historia de Nicaragua a través de los textos escolares, dependiendo de la época en que vivieron. Esas "historias" han servido para legitimar al poder de turno

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El contenido de los textos escolares que distribuye en Ministerio de Educación es cuestionado por expertos en educación. LA PRENSA/ARCHIVO

En la página 98 del texto escolar de ciencias sociales para segundo año de secundaria, autorizado e impreso por el Ministerio de Educación (Mined), en la parte inferior derecha aparece una foto de la vocera gubernamental Rosario Murillo de Ortega, hoy en día candidata a vicepresidenta por el Frente Sandinista (FSLN) para las elecciones del próximo noviembre.

El texto escolar justifica la imagen aduciendo que Murillo fue amiga del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez Frías. En el libro aparecen unas palabras de Murillo diciéndole a Chávez: “Usted, Libertador. Usted, constructor. Usted, Comandante Presidente… Usted ha iluminado el planeta…”.

En realidad, explica la exguerrillera y ahora historiadora Dora María Téllez, los textos escolares siempre se han prestado para legitimar al poder, ya que resulta fácil porque al sistema educativo del país, controlado por el gobierno de turno, entran los niños como “venadito entre tu huerta”.

“Un texto que dice que Rosario Murillo fue estrecha amiga de Hugo Chávez, eso no es historia, dar relieve a Rosario Murillo por eso no es un texto histórico, es un panfleto publicitario. Es propaganda pura, eso ni siquiera es… no lo podés meter ni como historia positivista, sino como un panfleto propagandístico”, dice Téllez.

Los historiadores no se asustan con lo que está pasando en la actualidad. Dicen que es algo que siempre ha pasado con todos los gobiernos desde que existen los textos escolares sobre la historia de Nicaragua.

“Si vos revisás los textos en tiempos de (Anastasio) Somoza García terminaban así: Y el general Somoza en 1936 tomó posesión y desde entonces reina la paz y la concordia bajo el amparo… No hablaba nada de lo que pasó después del 36, mucho menos hablaban de Sandino, una figura oculta. Cuando ves los textos escolares están fuertemente marcados con un sesgo político, en función o a favor de los intereses de los que están gobernando”, indica el historiador Bayardo Cuadra.

TEXTOS ESCOLARES LLENOS DE ENGAÑOS Y OMISIONES

El primer texto escolar de historia de Nicaragua ni siquiera fue escrito por un nicaragüense, sino por el ingeniero francés Pablo Lévy, quien llegó al país atraído por la posibilidad de la construcción de un canal interoceánico.

El académico nicaragüense Guillermo Fernández Ampié explica en una tesis doctoral que el escrito de Lévy, publicado en 1871 y titulado Notas geográficas y económicas de Nicaragua, no fue concebido originalmente como un texto escolar sino para dar a conocer a Nicaragua en Francia. En sus páginas Lévy decía que los nicaragüenses eran hombres celosos de sus mujeres, que especialmente las cuidaban de los hombres blancos y que si alguien las enamoraba podía pagarlo con la muerte. El francés añade que eso no era mucho problema para los blancos porque “la mayor parte de sus mujeres son horribles” y porque ellas mismas trataban a los extranjeros “con desdén”.

Lévy describe negativamente a los nicaragüenses diciendo que no sabían usar la cuchara ni las campanas de las iglesias, que no tenían buenos hábitos de higiene, que no sabían hacer café y que los licores locales no inspiraban ser tomados, entre otros muchos aspectos negativos que resaltaba sobre los nicaragüenses. Sin embargo, fue el texto con que estudiaron los niños en la década de 1870 en adelante porque el presidente conservador Vicente Cuadra, argumentando que no había otro texto, invitó al francés para que su libro se tradujera al español.

El académico Fernández Ampié y otros historiadores nicaragüenses, como Frances Kinloch Tijerino, advierten que en Nicaragua se carecía de personas que se dedicaran a escribir la historia del país, ya que entre los mismos intelectuales no se desarrolló ese interés. “Una muestra de esa pereza intelectual de las clases dirigentes (de Nicaragua) es el principal líder de los liberales, Máximo Jérez, que según el periodista Enrique Guzmán, ni siquiera tenía el hábito de escribir”, destaca Fernández Ampié en su tesis doctoral.

Aunque hubo algunos que intentaron escribir sobre la historia de Nicaragua, el primer intento serio fue el de Tomás Ayón. Como ya estaban escasos los libros de Lévy, el presidente conservador Joaquín Zavala le encargó a Ayón que escribiera la historia del país. Ayón logró completar los dos primeros tomos de los tres que constituirían su obra, iniciando su relato con la conquista española y llegando hasta 1821, pero murió en 1887 dejando su obra inconclusa.

En 1888, durante el gobierno del conservador Evaristo Carazo, José Dolores Gámez ganó un concurso para escribir la historia del país y la finalizó exitosamente, por lo cual se le considera el padre de la historiografía nicaragüense.

A pesar de que el libro de Gámez es de sabrosa lectura y abunda en detalles, los historiadores nicaragüenses consideran que tanto él como Ayón tenían el defecto de que uno, Ayón, escribió desde la perspectiva de los conservadores, mientras que Gámez lo hizo desde la mirada e intereses de los liberales, los dos partidos que se turnaban en el poder en el siglo XIX.

“José Dolores Gámez en una época fue cercano al zelayismo y la historia de Gámez es una historia del liberalismo. Don Tomás Ayón, un gran historiador, pero era un historiador conservador. Ayón lo que hace es darle un cuerpo filosófico histórico al discurso de los conservadores del siglo XIX. Eran grandes historiadores, pero si los lees solamente a ellos te perdés la mitad de la historia, esa es la realidad”, explica Dora María Téllez.

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El libro Historia de Nicaragua, de José Dolores Gámez, el primer texto serio sobre la historia del país y el último, de la escritora Frances Kinloch Tijerino. LA PRENSA/ JADER FLORES

Otro problema de Gámez es que escribió un libro bastante cargado de texto. Las autoridades educativas adoptaron una síntesis de la obra de Gámez elaborada por su hija María Gámez y que fue titulada Compendio de Historia de Nicaragua.

El problema de cómo se contó la historia de Nicaragua en los textos escolares continuó después de la caída de José Santos Zelaya. Los conservadores retomaron el poder y le entregaron gran parte de la responsabilidad educativa a la iglesia Católica, explica Fernández Ampié. Un texto escolar de historia de Nicaragua bastante difundido fue el escrito por el sacerdote jesuita Bernardo Portas y también se llamaba Compendio de Historia de Nicaragua y fue publicado en 1918. Fernández indica que está dedicado al conservador Emiliano Chamorro, uno de los principales de la revuelta contra Zelaya.

“La dedicatoria a ese personaje revela la identificación del religioso con el proyecto político conservador”, dice Fernández en su tesis doctoral. En la parte final de ese texto, justifica Fernández, el jesuita ensalza los 30 años conservadores. “Su mensaje para los escolares es que en ese tiempo reinó la paz, los traspasos presidenciales se realizaron sin alteraciones políticas ni sociales y el país alcanzó un notable progreso material”, escribió Fernández.

El poeta Luis Alberto Cabrales, fundador de los Camisas Azules y partidario de Anastasio Somoza García, también escribió un texto escolar sobre la historia de Nicaragua. Pero Fernández aclara que no puede decirse que el texto de Cabrales represente la visión de Somoza García.

Textos escolares cargados de sesgo político sobre la historia de Nicaragua hubo más, como el de Ofsman Quintana Orozco, estudiado por los niños entre los años sesenta y setenta. Con ese texto estudió Dora María Téllez: “Lo que hacía era darle una legitimidad histórica a la dictadura de Somoza, y ese libro de Quintana Orozco tenía línea y media sobre Sandino, decía que era un bandolero que había asolado las Segovias y ya está. Eran textos en los que estaba suprimida toda la ocupación de los Estados Unidos, completamente suprimidas, ni se molestaba en trabajar el tema de la ocupación”.

La época más grave fue la de los años ochenta. Téllez dice que con esos libros todo partía del nacimiento del Frente Sandinista y omitía todos los esfuerzos anteriores por derrocar a la dictadura somocista.

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Un artículo del libro de español de segundo grado que se usó en los años ochenta, durante la revolución sandinista, que invitaba a los niños a pertenecer a una organización partidaria. LA PRENSA/ CORTESÍA/ IHNCA

 

La educadora Josefina Vijil recuerda que en la época de Arnoldo Alemán, para las elecciones del año 2000, se mandó a publicar en un texto de historia de secundaria un adéndum “dirigido a los que iban a votar ese año, a los estudiantes de 16 y 17 años, contando su versión de la historia”.

“Son ejemplos claros y burdos de cómo el poder de turno intenta manipular el hecho histórico para ganar adeptos”, indica Vijil.

EL OLVIDO DE LA HISTORIA

En los textos escolares actuales no solo se resalta la figura de Rosario Murillo. También se le da un protagonismo bien alto a Daniel Ortega, especialmente en el capítulo de la Revolución Popular Sandinista (RPS), en el que Ortega aparece solo con Tomás Borge y se omite al resto de los nueve comandantes que conformaron la Dirección Nacional del FSLN.

Y, aunque el proyecto del canal interoceánico solo se ha quedado en palabras y no se ha cavado ni un centímetro del mismo, en un libro de lectura de primer grado a los niños se les enseña las bondades de la obra y les dice que “Viva el Canal”.

El problema de la tergiversación de la historia, consideran los historiadores y educadores, es que se crean vacíos para que el poder pueda manipular a las personas, especialmente a las más jóvenes.

La educadora Josefina Vijil dice que en la enseñanza de la historia en Nicaragua se hacen simplificaciones muy grandes de problemas muy complejos para evitar que la gente aprenda a pensar críticamente porque es más fácil dominar a un ignorante que a alguien que está cuestionando permanentemente. “¿Por qué no cambiamos? ¿Por qué tenemos cien años que los problemas educativos son los mismos? Porque es funcional para el modelo de dominación. Para Daniel Ortega es regio tener a un pueblo ignorante como el que tiene, un pueblo que tranquilamente puede sentirse cliente y agradece una lámina de zinc, un pueblo que no cuestiona”, explica Vijil.

Para Dora María Téllez el olvido de la historia es un gran problema porque evita que se construya la memoria. “¿Cómo te explicas de que haya jóvenes que endiosen a una dinastía y ya hubo 50 mil jóvenes que murieron para sacar a una dinastía, eso lo único que te dice es que ahí hay un hueco en la historia y eso nos condena a repetir”, dice Téllez, quien agrega que el actual gobierno tienen un gran “borrador” para eliminar de la historia personas y hechos que no les conviene que sean conocidos.

La historia siempre ha sido tergiversada, pero ahora, dice Téllez, se hace de manera “más descarada”. Por eso, agrega, aparece Rosario Murillo en los textos escolares que estudian todos los niños de los colegios públicos del país.

UNA HISTORIA «VICIADA»

Lo que ha existido en Nicaragua es el relato de una historia viciada debido a que a la redacción de los textos escolares ah estado subordinada a los grupos en el poder, concluye en su tesis doctoral el académico Guillermo Fernández Ampié.

Fernández explica que no solo los sandinistas, especialmente en los años ochenta, han politizado e ideologizado la enseñanza de la historia en los textos escolares, sino que ha ocurrido en todas las épocas.

Fernández llega a afirmar que en realidad lo que se ha enseñado en las escuelas no es historia.

VARIOS TEXTOS, NO SOLAMENTE UNO

En los textos escolares sobre la historia de Nicaragua no debería existir solamente un libro, sino que deberían ser varios para que los estudiantes puedan conocer distintas versiones y formarse su propio criterio, estima la especialista en educación Josefina Vijil.

“Hay muchos pedagogos que desde hace muchos años piensan que el que haya un solo libro de texto es pensamiento único” y que los niños “tienen que entender que ese es el mundo y que nadie tiene la verdad, ellos tienen que hacerse sus propios criterios, el criterio de ellos es igualmente válido que el del maestro, siempre y cuando sea lógico”, dice Vijil.

Lo que ocurre en la actualidad, explica Vijil, es que en muchos casos los maestros no están bien preparados para enseñar la historia y que a veces no tienen la posibilidad comprar libros para actualizarse y en las aulas los niños no aprenden sino que más bien se aburren.

Vijil también explica que, por ejemplo, en la primaria a los niños primeros se les debe enseñar sobre su medio, cómo se fundó el barrio en que viven, quiénes fueron los fundadores y al mismo tiempo que estaba pasando en Nicaragua en ese momento. Después, los niños van a adquirir las habilidades para entender y disfrutar la historia.

LA HISTORIA DE LA GUARDIA NACIONAL

La historia de la Guardia Nacional no está en los textos escolares de historia, ni tampoco “sobre la mesa”, dice la historiadora Dora María Téllez, quien considera de vital importancia este aspecto para que no vuelva a existir una “guardia familiar” a como ocurrió en la época somocista.

“La reconciliación de la memoria nacional pasa por reconocer que ellos (Guardia Nacional) eran nicaragüenses también, esa es la realidad, nos guste o no nos guste, y el hecho de no reconocerlo es lo que lleva a este ejército (actual), que había pasado por un proceso de profesionalización, a reconvertirse en una guardia familiar, porque la historia de la Guardia Nacional no está sobre la mesa, si estuviera sobre la mesa hubiéramos aprendido, pero como todo se barre, la basura se mete debajo de la alfombra”, dice Téllez.

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