Donde hay educación, no hay distinción de clases

La mejor herencia que se puede dejar a los jóvenes es la educación. Tenía 11 años y me preparaba para aplicar a una beca en el Colegio Centro América.

La mejor herencia que se puede dejar a los jóvenes es la educación. Tenía 11 años y me preparaba para aplicar a una beca en el Colegio Centro América. Tenía que estudiar para seis exámenes de admisión, no fue nada fácil, le dediqué tiempo, esfuerzo y  voluntad, era  una meta que quería cumplir.

Después de las pruebas recibí una llamada que me llenó de alegría indescriptible, me comunicaron que había recibido una beca para estudiar la secundaria en el Colegio Centro América. Era la mejor noticia recibida en mi vida. Junto con mi mamá lloramos de emoción, porque sentíamos una felicidad difícil de explicar. Para mí era como un sueño hecho realidad que ni yo misma me lo creía.

Mis padres no contaban con los recursos económicos para costear la inversión que requiere un colegio de prestigio como el Centro América. Admito que muchas veces sentí el temor al rechazo por ser becada, pero gracias a Dios estaba equivocada; mis compañeros se convirtieron en mis amigos, de hecho mis mejores amigos.

Participé en los eventos que organizaba el colegio como los retiros espirituales, convivencias sociales, ferias científicas, ferias de inglés, comparsas y en la pastoral social que me ayudó de gran manera a ver la realidad de la vida desde otra perspectiva, esto me fue empoderando más en mi vida estudiantil en el Colegio Centro América (CCA). Cuando estaba en segundo año me integré al equipo de voleibol, me encantaba, fui capitana, recuerdo que en el 2013 ganamos nuestra primera copa Movistar y gané mi primer medalla, difícil de olvidar. Así fue como poco a poco logré quitarme el miedo de actuar frente a los demás, a fortalecer mi carácter y de este modo gané más amigos de los que jamás hubiese imaginado. El hecho de formar parte de actividades extracurriculares me ayudó a olvidar mis miedos y a tener más confianza en mí misma.

Por otra parte, el Colegio Centro América se convirtió en mi segunda casa,  mis estudios no eran una obligación para mí, sino que eran una gran motivación para asegurar mi futuro y poder superarme. Pablo Neruda mencionó que “los grandes sueños también requieren de grandes esfuerzos”.  Esa es una lección que yo aprendí con el trabajo académico al que me enfrenté en el CCA.

Hoy agradezco a todas esas personas que en alguna ocasión dudaron de mí, porque sus comentarios me hicieron más fuerte. Aprendí que no importa lo que piensan los demás, lo único que importa es lo que pienso yo de mí misma y qué estoy dispuesta a hacer para lograr mis metas. En este momento puedo compartir con ustedes una meta cumplida,  “graduarme”, con excelencia académica,  con un promedio de 90, que aunque  me sacó muchas ojeras, desveladas y hasta unas cuantas lágrimas, ahora me permitieron obtener una beca en la Universidad Thomas More. Actualmente curso el segundo semestre en la carrera de International Business, pero todo esto se lo debo a la Fundación Fobeca, una organización que premió mi excelencia y mi esfuerzo, otorgándome una beca que muy pocos logran obtener.

No debemos dejar que las expectativas inciertas se vuelvan nuestra realidad, es cierto que no soy experta en este viaje que llamamos “vida”, pero soy una prueba viviente de que se puede romper el sistema. No debemos conformarnos con las limitaciones que otros nos ponen. Culmino este mensaje con una frase: “El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. Un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo porque la educación es la única solución”. Gracias CCA y gracias Fobeca.

La autora es estudiante de primer año de la Universidad Thomas More.

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