El artista

El artista viene al mundo arrullado por las primicias de una madrina: la creación. El advenimiento le concede el privilegio de inclinarse al universo estético en cualquiera de sus formas: la música, la pintura, la poesía, etc. Cualquiera de ellas podría conducirlo a la predestinación eterna. Sin embargo aparece la influencia prematura de la emoción. […]

LA PRENSA/URIEL MOLINA

El artista viene al mundo arrullado por las primicias de una madrina: la creación. El advenimiento le concede el privilegio de inclinarse al universo estético en cualquiera de sus formas: la música, la pintura, la poesía, etc. Cualquiera de ellas podría conducirlo a la predestinación eterna. Sin embargo aparece la influencia prematura de la emoción.

Pocos son los vencedores en la marcha de los siglos. Hay glorias que se desmayan en el andar. Impera en la actualidad el bullicio mediático alentado por la comercialización. La sobrevaloración es capaz de profetizar a la eternidad.

Ha muerto un artista dotado por el talento: Alberto Aguilera Valdez, mejor conocido como Juan Gabriel. Vestido interiormente por la sencillez, el desarrollo de sus facultades le puso en la superficie de la piel, los colores de la extravagancia, la pomposidad pagana. El suyo un arte popular, reflejo de la congoja íntima, del canto cubierto con la máscara del amor.

Vino al mundo movido por el soplo de la vocación. Pero ¿bastan esas cualidades para justificar a la eternidad?
El fenómeno del tiempo muestra en sus giros una contradicción: los artistas imperecederos nunca fueron puestos antes en las vitrinas de la inmortalidad. Murieron en la miseria, nublados por el anonimato.

Me doblego ante la tentación de hacer comparaciones inaceptables entre los clásicos de ayer y los modernos de hoy en la interpretación de que clásico es lo que permanece y lo moderno lo que puede clasificar en ese privilegio.

Alemania no se enteró de quién era Juan Sebastián Bach (1685-1750). Años después Félix Mendelssohn lo sacó de la tumba del olvido. Bach está siempre vivo.

Podrían citarse ejemplos que van de la oscuridad a la luz y en sentido inverso, de acuerdo con los efectos excepcionales de la perdurabilidad. Diga el tiempo el destino verdadero.

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