El último viaje transatlántico de Rubén Darío es llevado al teatro por Javier Amor

La última travesía es una obra que merece ser elogiada, por el estilo dramático que logró el autor, ya que trabajar con un personaje histórico y poético a como es la vida y obra de Rubén Darío es una tarea titánica.

La última travesía es una obra que merece ser elogiada, por el estilo dramático que logró el autor, ya que trabajar con un personaje histórico y poético a como es la vida y obra de Rubén Darío es una tarea titánica.

Y lo es porque el personaje es universalmente conocido y admirado, es por eso que uno de los grandes logros de la obra de Javier Amor es que un hecho histórico, como es la última travesía de Darío, que ya está enfermo, convertirlo en una ficción dramática.

El autor lo consigue al introducir dos personajes, un surrealista a como es la muerte y otro que el joven marino que ha estado hablando con Darío en toda la travesía es Sandino.

Une en la ficción dramática a dos personajes que en la realidad histórica nunca se conocieron, pero que son dos seres emblemáticos de Nicaragua.

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Darío regresa muy enfermo a Nicaragua, los diálogos interiores fluyen en él sobre su vida, mientras es acariciado por la muerte en una obra de Javier Amor. LA PRENSA/MANUEL ESQUIVEL.

La puesta en escena

Una pictórica escenografía y una acertada dirección de Javier Espinoza logra que la obra se realice visualmente y que la actuación nos permita percibir la intensidad dramática del texto. Es una de las mejores puestas en escena de este director nicaragüense.

Indiscutiblemente una de las mejores interpretaciones es la de José Áreas, quien logra la mejor interpretación que se ha hecho de Darío, principalmente por el físico entre el autor y el poeta.

Además existe toda una interpretación del yo interior en una intensidad lírica y dramática. Otro de sus logros es que la poesía de Darío no es declamada sino convertida en un diálogo dramático, que sin dejar de ser poético logra espléndidos matices expresivos, tanto afectivos como emotivos.

Los demás personajes son interpretados cabalmente, como la muerte, pero después de Darío el marinero es quien logra una excelente interpretación de ese mucho sencillo y humilde del campo nicaragüense.

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Salomón Alarcón durante la obra La última travesía junto al actor José Arias quien personifica a Rubén Darío. LA PRENSA/MANUEL ESQUIVEL.

Homenaje a Valentín

La puesta en escena de La última travesía fue dedicada como un homenaje póstumo a Valentín Castillo, considerado un maestro del teatro de Creación Colectiva y uno de los actores con firmeza y continuidad en la nueva dramaturgia nacional. Inició su carrera motivado por La Judea que representaba en la ciudad de Estelí en 1970.

Formó parte de diferentes grupo juveniles, hasta que se integró al grupo Nixtayolero fundado por el maestro Alan Bolt. Además fue músico y ejecutaba muy bien la guitarra, por eso se caracterizó al introducir el canto en la elaboración de sus personajes llenos de humor, siendo una de sus mejores actuaciones en la obra Vuelta al códice, ganando la bienal de teatro en 1993.

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La puesta en escena La última travesía del autor nicaragüense Javier Amor fue dedicada como un homenaje póstumo a Valentín Castillo. LA PRENSA/MANUEL ESQUIVEL.
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En la obra está la muerte con la que Rubén Darío establece un diálogo permanente. LA PRENSA/MANUEL ESQUIVEL.
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José Arias interpretando a Rubén Darío. LA PRENSA/MANUEL ESQUIVEL.

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