Juan Bermúdez, el sorpresivo lanzador del Frente Sur Rivas

Juan Bermúdez había pasado un mes con gripe, pero en los últimos días de pronto las amígdalas comenzaron a hinchársele, la cabeza le revoloteaba y el cuerpo le hervía. “Decidí lanzar porque no quería que nos eliminaran”, dice. Al final del día Juan había conseguido el triunfo, el Frente Sur siguió con un día más de vida hasta que el Bóer los eliminó en Managua.

Juan Bermúdez

El rivense Juan Bermúdez sobresalió esta temporada con balance de ocho victorias y tres derrotas que lo convirtieron en el as del Frente Sur. LAPRENSA/ JADER FLORES

El mánager Manny Collado, de Rivas, le preguntó en el dogout a Juan Bermúdez antes de iniciar el cuarto partido de la serie ante el Bóer: “¿Cómo te sentís?”, el novato de 29 años respondió: “Figúrese que me siento mal, pero de todas formas voy a lanzar”.

Bermúdez había pasado un mes con gripe, pero en los últimos días de pronto las amígdalas comenzaron a hinchársele, la cabeza le revoloteaba y el cuerpo le hervía. “Decidí lanzar porque no quería que nos eliminaran”, dice. Al final del día Juan había conseguido el triunfo, el Frente Sur siguió con un día más de vida hasta que el Bóer los eliminó en Managua.

Todavía cuando el Campeonato de Primera División empezó nadie sabía quién era Juan Bermúdez, este lanzador se mantenía en una constante peregrinación entre Rivas y Costa Rica.

Proveniente de una familia de Boaco, sus padres se radicaron en Rivas donde el muchacho nació y creció diciendo que era Juan Cabrera, ese pelotero rivense catalogado como uno de los más completos en la historia del país, se marchó a Costa Rica con 10 años de edad, vivió en San José de Ipala, Libera y terminó en La Cruz.

En el 2010 vino a Nicaragua para probarse con el equipo grande, entrenó y entrenó, dice que nunca le dieron la pelota para verlo, no tuvo paciencia y se fue nuevamente al país vecino, en donde tiene dos hijos.

Bermúdez este año ganó ocho partidos y perdió tres, se convirtió en el novato del año por su importancia en la resurrección de un equipo destinado a la muerte y pasó durante casi toda la campaña como líder en efectividad, hasta que Fidencio Flores se la arrebató. Juan lanzó para 1.42 en 114.1 entradas.

De la Mayor A al Rivas

Después de que el Rivas sembrara un precedente en el beisbol actual al despedir del conjunto a los jugadores indisciplinados y combinado con algunas lesiones de otro, el Frente Sur estaba en cuidados intensivos. Sin embargo, un árbitro llamado Mario Castillo lo vio jugando en la Mayor A de San Juan del Sur, donde Bermúdez no perdió un solo partido y ganó cerca de 27, según cuenta.

“Nadie me sacaba la pelota, tiraba juegos completos y muchas blanqueadas. Además en esa liga lancé dos juegos sin hit ni carrera”, relató, además agregó que tras mucha insistencia de Castillo al mánager Collado aceptó la prueba.

Bermúdez llegó iniciado el Campeonato y Collado le dio de una vez la pelota. “Subite al montículo y quiero ver si dominas a los muchachos”, mencionó el mánager. Juan hizo lo que mejor sabe, darle movimiento a sus disparos tirados sin la técnica habituada. “Nadie me sacó la pelota y ahí nomás me dijo que estaba dentro del equipo. Me emocioné”, comentó.

Una vida feliz

En Costa Rica, Bermúdez era mesero durante la semana y los fines de semana jugaba beisbol en Primera División con Muelle de San Carlos y Mayor A con distintos conjuntos. “Si no estuviera aquí seguro me hubiera regresado a Costa Rica, ahí tenía una vida feliz, cuando jugaba los domingos me pagaban 30,000 colones por lanzar cada semana (1,573 córdobas). Siempre he llevado mi vida al suave”.

Bermúdez nunca se preocupó por conocer Nicaragua, dice entre risas que hasta ahora conoció Managua. “Yo solo era de Rivas a Costa Rica, y me alegra estar jugando porque he conocido todo mi país, además que me pagan por jugar y ya firmé contrato con los Gigantes de Rivas para la Liga Profesional”, relató muy orgulloso.

La familia de Bermúdez en Rivas tiene una finca y cuando no está jugando cultiva maíz, frijoles, arroz y siembra chagüite. “Uno debe jugársela, cada quien tiene sus responsabilidades y debe cumplirlas, también tengo un hijo en Ostional, sin embargo, actualmente estoy soltero”, indicó.

Un lanzador mental

Bermúdez no suelta la pelota como la mayoría lo hace, él posee una particularidad parecida a la pelota submarina, cada lanzamiento no saca humo ni rompe los límites de la velocidad, pero cae con una tenacidad capaz de engañar a una artillería considerada como la mejor del Campeonato como la de los Indios del Bóer. Dice que nadie le enseñó a pichar, se hizo solo, viendo y practicando.

Cuando conversamos sobre sus recursos que utiliza para dominar de inmediato, responde: “No son los recursos, es la inteligencia, el Bóer es débil con el sinker, hay que tirarlo, pero también hay que saberlo tirar.

Uno debe estar pendiente de la manera en que se para un bateador al home, ahí muestran sus debilidades. No me interesa tirar duro, nunca me he medido pero debo andar por las 80 millas, además del sinker tengo una curva y un slider aceptable”, explicó Bermúdez.

El bateador más complicado para él ha sido Renato Morales. “Cuando Renato está bateando la zona de strike la miras del tamaño de una tortilla, un descuido y te mata”, apunta Bermúdez.

Para este lanzador, el beisbol no es un mundo paralelo a su vida, es su vida en sí, está ansioso que inicie la Liga Profesional porque según cuenta, quiere lanzarle a gente buena para ver si él es bueno. Lo más seguro es que enfermo o no, cansado o no, esté esperando el momento de regresar a la colina y volver a sentirse único, tirando narcóticos al plato.

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