Roberto Cajina: “El policía ideal no existe en Nicaragua”

Roberto Cajina, experto en Seguridad y Defensa, evalúa a la Policía Nacional de Nicaragua y los múltiples abusos contra civiles registrados en videos.

Roberto Cajina. LA PRENSA/Maynor Valenzuela.

Roberto Cajina. LA PRENSA/ ARCHIVO

Las últimas semanas han sido duras para la Policía de Nicaragua. Entre oficiales que se entrematan y civiles que son víctimas de la fuerza bruta de la institución, el experto en seguridad y defensa, Roberto Cajina, tiene mucho de qué hablar.

Desde el porche de su casa en Managua, con un té londinense sobre la mesa y un cigarrillo en la mano, el consultor civil en Seguridad, Defensa y gobernabilidad democrática, también directivo de la Red de Defensa y Seguridad de América Latina, se pregunta qué pasó con el pedido armamentístico que Nicaragua hizo a Rusia en 2016, cercano a 200 millones de dólares según la agencia noticiosa Sputnik; critica la fusión Policía-Frente Sandinista y describe lo que llama “la descomposición moral de la Policía de Nicaragua”, abanderada por el empleo de fuerza brutal contra civiles.

En las últimas semanas varios videos muestran abusos policiales en Nicaragua y en internet. ¿Qué le ocurre a la Policía?
Los abusos policiales son una parte muy importante de un proceso mucho más complejo y de mayor alcance. La Policía en Nicaragua ha vivido desde 2007 a la fecha un proceso de pérdida de institucionalidad y un proceso de acercamiento violento, rápido, al proyecto político de Ortega. La Policía que ha perdido el carácter nacional y está al servicio de los intereses económicos y políticos de un régimen. Una Policía que reforma la Ley 228 (Ley de la Policía Nacional) y se coloca en una situación de total entrega a los intereses del consorcio Ortega-Murillo.

¿Cómo es el perfil de un policía normal, correcto?
Teóricamente debería ser alguien con vocación de servicio a la comunidad. Pero la realidad es que la gente que ingresa a la Policía, a la Academia de la Policía, por decirte algo, y la gente que ingresa al Centro Superior de Estudios Militares, es gente que no tiene opción para pagar una universidad privada. Lamentablemente esa es la situación en Nicaragua. No por ellos, sino porque es la situación de Nicaragua, no tienen opción para pagarla, no clasifican en los exámenes de admisión que hacen las universidades porque generalmente no son los mejores estudiantes, entonces esa es la gente que está absorbiendo la Policía y el Ejército.

¿Entran a la Policía por necesidad laboral, financiera?
Necesidad económica en principio. Pero además hay una cosa: tanto la Policía como el Ejército te facilitan una carrera. Una licenciatura en Ciencias Policiales o Ciencias Militares y están medidos en grados y por tiempo en cargo. Es decir, cuando alguien sale de esas carreras, perfectamente puede hacer su cálculo de a 25 años dónde voy a estar yo. Eso no lo puede decir un médico, que voy a ser ministro de Salud en tal año, voy a ser el director de un hospital. Incluso en el sector privado, en un banco o una empresa casi siempre hay una incertidumbre de cómo vas avanzando. En este caso no. En la Policía y el Ejército hay una posibilidad de decir cómo te vas a ver a un tiempo determinado. Voy a tener tanto tiempo, voy a tener tal grado y voy a tener opción a tales cargos.

¿Un policía cualquiera puede optar a cargos altos en Nicaragua o debe comportarse de una forma específica, haciéndole favores al Frente Sandinista?
No haciéndole favores a un partido, ¡haciéndose favores a sí mismo! A ver, la pregunta original: ¿Cómo debe ser un policía? En primer lugar debe tener vocación de servicio, debe ser un policía profesional. Entrenado para el cumplimiento de las misiones de seguridad pública, que es la razón esencial de ser de la institución. Y de la Policía como tal. La Policía se caracteriza por el mínimo uso de la fuerza, el no uso de la fuerza letal para resolver los problemas de la convivencia ciudadana. Pero varios casos, como el de Las Jagüitas demuestran que esto no se hace. Demuestran que se está haciendo uso de fuerza letal o de abuso, exceso de fuerza, en situaciones que se pudieron controlar de otra manera.

En el reciente caso de Bluefields, Kener Conrado llega a su casa y una docena de policías están allanándola, él exige una orden de cateo y lo detienen, lo agarran brutalmente y se lo llevan. ¿Qué delitos hay ahí?
Hay abuso de fuerza, uso excesivo de fuerza, porque yo vi el video de cómo lo capturaron y el muchacho lo que pidió fue exactamente lo que tiene que pedirse a la Policía. La Policía no puede entrar a la casa de nadie sin una orden de allanamiento y esa orden sale del sistema de justicia, de un juzgado, cuando hay causa probable por la comisión de un determinado delito. Pero en este caso y en muchos otros casos no ha habido la orden judicial de allanamiento. Esto le resta legitimidad a esa acción. La convierte en ilegal, porque no está en cumplimiento judicial sino de una orden interna de la Policía. Yo no quiero quitarle responsabilidad a nadie pero hay un dicho que mi abuela repetía mucho: “La culpa no es del loco sino de quien le da el garrote”. Es decir, al policía le dicen “vaya” y el policía va. La descomposición de la Policía es de efecto cascada, efecto bola de nieve. Comienza arriba con una pelotita de nieve y cuando llega abajo el alud es inmenso. Viene desde la cúpula y llega hasta el último policía de línea. Pasa por todos los cargos y grados.

¿Eso lo perciben los nicaragüenses, desconfían de la Policía?
La gente va perdiendo credibilidad. Va perdiendo confianza. Cada vez hay menos denuncias porque la gente se dice: “Para qué voy a ir si al final de cuentas no me van a resolver. O van a resolver mal, en contra mía”. Pero este es un problema que no solo padece la Policía. Con esto no quiero justificar con aquello de alegría de muchos, consuelo de tontos. Porque hay un proceso general de desinstitucionalización en Nicaragua. Desde el Consejo Supremo Electoral, la Asamblea Nacional, la Corte Suprema de Justicia, todas las instituciones del Estado han perdido razón de ser en su institucionalidad y se han volcado a la identificación con el proyecto político de Ortega-Murillo. La Policía y el Ejército son de esas instituciones también. Tenés el caso por ejemplo de las mafias madereras: operan a vista y paciencia de Marena (Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales), Inafor (Instituto Nacional Forestal), de los delegados de Gobierno en las regiones, de las alcaldías; ves el drama que viven los miskitos y mayangnas con la invasión de colonos armados con fusiles AK que habría que ver de dónde los sacaron o quiénes se los dieron para asesinar a miskitos, para descuartizar a miskitos. La pregunta es: ¿qué hace la Policía en ese caso? ¿Qué hace el Ejército en ese caso? Absolutamente nada.

¿Qué pasa con aquel policía profesional que sí tiene vocación de servicio, qué puede hacer él ante los abusos o la inacción con algunos delitos?
Tal vez la primera reacción es callarse. En la medida en que denuncie un abuso, puede significar que tenga efecto negativo para este oficial ideal que estás planteando. Lo segundo es arriesgarse a que lo corran y denunciarlo. Y como ese policía ideal no sabe a qué atenerse frente a autoridades o jefes reales, que tienen determinados intereses, entonces la cosa es incierta. Pero ese policía ideal que entró porque tiene vocación de servicio, que quiere prestar sus servicios a la comunidad, porque quiere que la comunidad esté segura, que la gente pueda trabajar, movilizarse libremente por el territorio nacional… Ese policía ideal, a mi juicio, no existe en Nicaragua. Y el pecado original es el origen. Es gente que entra como una opción en primer lugar educativa, porque va a tener un título universitario, y en segundo lugar porque van a tener una oportunidad laboral que puede ser de carácter permanente de acuerdo a cómo se comporte. Antes era acorde a cómo cumpla con sus funciones. Ahora es acorde a cómo se comporte políticamente.

¿Cómo cree que el nicaragüense ve a la Policía?
No te puedo hablar por todos los nicaragüenses, pero te puedo hacer dos referencias: antes de 1979, ver a un guardia nacional en la calle con un fusil Garand era mejor pasarse a la acera de enfrente o cambiar de calle. En los 80 eso cambió radicalmente. Aquello de Policía por el bien de todos, Policía Sandinista, sí era sentido y mirabas a un policía y podías decir que mirabas a un compañero, podías preguntarle por una dirección y esas cosas. Yo pienso que en este proceso de descomposición de la Policía actual, la gente pierde confianza.

¿En Nicaragua hay represión policial?
Sí lo han hecho, de alguna forma. Está el caso de Mina El Limón, el caso de la manifestación contra la Ley 840 del Consejo Nacional en Defensa de la Tierra, el Lago y la Soberanía. La explicación que dio el vicepresidente Omar Halleslevens, que fue jefe del Ejército, fue: “Es que los campesinos venían con machetes y palos y no los podíamos dejar entrar a la Asamblea”. Como que me estaba diciendo que venían con fusiles AK, ametralladoras, RPG-7. Y era mentira. Palos pudo haber habido pero usados como bastones para apoyarse, no para agredir el edificio de la Asamblea. Lo que querían hacer estos campesinos, guiados por doña Francisca Ramírez, era dejar una carta solicitando la derogación de la Ley 840. Y fijate bien la complicidad de la Policía: los desvía de tal manera que caen en el sector de Bello Horizonte, y ahí están las fuerzas de choque. Eso es parte de la descomposición de la Policía, porque no les hacen nada a estas turbas. El problema es que el policía de línea recibe órdenes de otro policía que recibe órdenes.

Roberto Cajina. LA PRENSA/Maynor Valenzuela.
Roberto Cajina. LA PRENSA/Maynor Valenzuela.

“La Policía se caracteriza por el mínimo uso de la fuerza, el no uso de la fuerza letal para resolver los problemas de la convivencia ciudadana”. Roberto Cajina, experto en Seguridad y Defensa.

Algunos defensores de la Policía comparan estas represiones con las de otros países, donde se usan gases lacrimógenos y chorros de agua a presión.
Todas las comparaciones son odiosas. La realidad de cada país es la realidad de cada país. Comparar la disolución de una manifestación violenta en cualquier país de Europa o en los mismos Estados Unidos, con Nicaragua, lo que busca es justificar. Al final de cuentas es decir: “En otras partes reprimen y no dicen nada. Aquí reprimen y levantan el grito al cielo”. Pero esa es una manera absurda, insensata, de querer justificar la actuación violenta. No dan un argumento de peso, no dicen: “Los mineros estaban armados, tenían pistolas, fusiles, estaban saqueando el poblado de El Limón y tuvimos que poner orden a fuerza, porque además la vida nuestra estaba en peligro”. Eso no sucedió nunca. Los mineros estaban reclamando sus derechos a la empresa B2Gold. Un derecho como trabajadores sindicalistas. No se puede justificar la violencia de la Policía en Nicaragua porque en otros países hay violencia también. Son condenables los dos por igual.

Está también el caso de Mauricio Funes, expresidente de El Salvador perseguido por la justicia en su país que aparece asilado en Nicaragua con policías escoltándolo. ¿Eso es legal?
Yo no soy experto en Derecho Internacional, pero a ver, concederle asilo… Funes no es un perseguido político. Funes está siendo procesado en El Salvador por delitos civiles que pasan al orden de lo penal. Enriquecimiento ilícito, lavado de dinero, malversación de fondos… No son delitos políticos. Hay quienes dicen que las convenciones internacionales con relación al asilo fueron violadas, porque no se le puede dar asilo a alguien que está siendo sometido a un proceso judicial. Lo que sucede es que vos tenés que entender la relación que hay entre Ortega y el Gobierno de El Salvador, el FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional). Ahora, el hecho que le dé protección la Policía está en contra de toda norma internacional. Es decir, cuando Funes dejó de ser presidente de El Salvador dejó de tener todas las prerrogativas de un jefe de Estado. Cuando Funes era presidente de El Salvador y visitaba Nicaragua, su seguridad estaba en dos manos: en su seguridad personal, salvadoreña, y en una dirección especial de la Policía que es la división de protección a personalidades. Pero a Funes, que es un ciudadano común y corriente desde que dejó la Presidencia, no hay por qué dársela.

Hablemos ahora del Ejército, otro campo que usted domina. 20 tanques rusos ya están en Nicaragua y algunos fueron exhibidos el pasado 2 de septiembre. ¿Qué harán con ellos?
Primero hay que precisar que no son nuevos. Son tanques de descarte. Según el Military Balance del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, en 2010 Rusia tenía tres mil tanques T72 B1 (modelos que adquirió Nicaragua). Pero ahora Rusia tiene otro tanque, el T14 Armata, que es el quinto tanque más poderoso del mundo, y ya no necesitan los otros. Los T72 B1 son chatarra. Lo que hizo fue modernizarlos un poco, ponerles GPS, visión nocturna, lente infrarrojo, acomodar un poquito el espacio para los tres tripulantes, pero esos tanques no tienen ni van a tener ninguna utilidad en Nicaragua. Salvo que Ortega y Avilés (general Julio César Avilés, jefe del Ejército de Nicaragua) estén pensando repetir lo que ocurrió en la Plaza de Tiananmen en 1989 en China, cuando hay un desborde social de manifestaciones en contra del gobierno del Partido Comunista chino y el gobierno saca los tanques y los tira contra la población. Y hay una foto histórica de un joven chino frente a un tanque de esos. Salvo que estén pensando en una situación de desborde social incontrolable, que no pueda controlar ni la Policía ni el Ejército y tengan que lanzar los tanques a la calle, los tanques son inservibles. Porque en guerra solamente una guerra imaginaria en la cabeza de Ortega y Avilés. Tenemos diferendos fronterizos con Costa Rica y Colombia, pero están en el plano del Derecho Internacional.

Edwin Castro, jefe de la bancada del partido de Ortega en la Asamblea, dio a entender que los iban a usar para combatir el narcotráfico…
(Ríe) Es inverosímil, es absurdo. No estamos para estupideces. Eso te revela la poca consistencia que los operadores políticos de Ortega tienen en el manejo de determinados temas. Tanto fue así que hubo un comunicado oficial del Gobierno de Nicaragua prohibiéndole a sus funcionarios hablar sobre los tanques. Es decir, Edwin Castro, dejá de estar hablando estupideces. Solo Ortega y Avilés pueden hablar de seguridad nacional.

¿Los tanques son gratis? La agencia rusa Sputnik News hablaba de 80 millones de dólares al comienzo.
Avilés anunció durante la inauguración de la exposición estática del Ejército que era una donación producto de las gestiones sin condición alguna de Rusia. Sputnik News publicó una nota de Ria Novosti (agencia internacional de noticias de Rusia) donde se decía que cada uno de los 50 tanques tenía un valor de 1.6 millones de dólares. Pero eso puede costar nuevo y estos tanques no son nuevos. Además habló de que Nicaragua había encargado dos lanchas coheteras Molnia y cuatro patrulleras Mirazh, más una cantidad no determinada de aviones de combate Yak 130. En el discurso del 2 de septiembre Ortega no hace ninguna referencia a los tanques ni a la donación. Avilés tampoco. La pregunta es por qué. No hacen referencia a los tanques porque si lo hacían tendrían que hacer referencia a las coheteras, a las patrulleras y a los Yak 130. Y si Rusia pudo donar, como en efecto donó, 50 tanques de descarte, ya las coheteras y las patrulleras fueron encargadas a dos astilleras. Se están haciendo. Eso quiere decir que son nuevas. Cada cohetera cuesta 45 millones de dólares. Son 90 millones. Cada patrullera cuesta aproximadamente 5 millones de dólares, ahí van otros 20. Un avión Yak 130 cuesta 16 millones de dólares. Cinco serían otros 80 millones. Ya tenés casi 200 millones de dólares y eso no incluye repuestos ni entrenamiento. Si Rusia no dona todo eso el precio estaría entre 200 y 300 millones de dólares. ¿De dónde va a sacar esa plata Nicaragua?

Roberto Cajina. LA PRENSA/Maynor Valenzuela.
Roberto Cajina. LA PRENSA/Maynor Valenzuela.

 

Plano personal

Roberto José Cajina nació en Managua hace 67 años.
Está divorciado y tiene a dos hijos estudiando en México y Estados Unidos.
Considera que su trabajo es parte de su pasatiempo. “Para mí el trabajo es una diversión”, afirma, pero también disfruta del “buen cine”, del género acción o thriller.
De joven practicó deportes y ahora es fanático del Bóer. De vez en cuando va al estadio y gusta de las crónicas deportivas de Edgar Tijerino.
Cuando tiene vacaciones su playa predilecta es El Tránsito, en León.
Posee una licenciatura en Ciencias Sociales e Historia y ha cursado estudios superiores en la Universidad de Indiana Bloomington, Estados Unidos.
Ha sido profesor de Historia y Ciencias Sociales en universidades públicas y privadas de Nicaragua y en centros de formación militar.

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