Moralidad del maestro

En diversas oportunidades, y con justa preocupación, nos hemos referido a la violencia física, acoso y agresión sexual del maestro contra los alumnos

En diversas oportunidades, y con justa preocupación, nos hemos referido a la violencia física, acoso y agresión sexual del maestro contra los alumnos, delitos que se observan cada vez con más frecuencia, a la vez que causan grave daño a las víctimas, a la familia del agravado y al prestigio del gremio de educadores de Nicaragua.

A esos delitos se suman, en algunos casos, debilidades morales que ensombrecen aún más la imagen del maestro: aplazar al alumno para después cobrarle por clases pagadas; recomendar determinados libros para ganar comisiones de algunas distribuidoras; falsificar certificados y alterar calificaciones;  presionar al alumno para que participe en paseos, excursiones y otras actividades pagadas; dar mejor trato a los hijos de padres ricos o importantes, que a los niños de padres humildes; llamar  a un alumno por su apodo; discriminar, mofarse de los alumnos que tienen dificultad de aprendizaje; gritar, ofender, avergonzar a un alumno; presentarse al trabajo con aliento alcohólico; descuidar su aspecto, aseo o presentación personal; poner a copiar o a leer a sus alumnos, para evitar el esfuerzo de impartir clases.

El concepto tradicional del maestro, como nuestros segundos padres, constructor de saberes y guía moral, está en crisis. Está siendo reemplazado por el recelo, la desconfianza, las dudas sobre la integridad del maestro.

Para enfrentar esta situación de deterioro moral, que se agudiza  y extiende con el correr del tiempo, sugerimos implementar cuatro estrategias o líneas de acción: 1. Elección cuidadosa de los futuros maestros; 2. Elaboración del Código de Ética del Docente; 3.  Fortalecimiento de la educación moral en los estudios de magisterio; 4. Revisión de los salarios de los maestros.

Hablemos  de esas estrategias:

1. Respecto a la elección del futuro maestro, aconsejamos priorizar, como requisito de admisión, los antecedentes morales del candidato y sus resultados en los test de aptitud y moralidad, como el Test de Biblia (Székely), el Test de Moralidad (Fernald) y el Test de Juicio Moral  (Descoeudres).

2. En cuanto al Código de Ética del Docente, proceder a su elaboración con base en valores y normas específicas de conducta, que orienten y controlen el recto desempeño del docente, en sus relaciones con los alumnos, la comunidad educativa y la sociedad en general. Al respecto, podría tomarse como base para este esfuerzo, el Proyecto de Código de Ética que elaboré con el apoyo de funcionarios del MED, siendo Ministro de Educación el destacado maestro Miguel de Castilla.

3. Es fundamental fortalecer la educación moral, como eje transversal a lo largo de los estudios de magisterio. La formación moral del maestro es tan importante, o más, que el aprendizaje de las matemáticas, las ciencias o el español, en la vida del maestro y en la vida de la sociedad. En el maestro, por la importancia que tiene para su persona y su trabajo, proyectar una imagen de integridad moral, digna de un educador. En la vida de la sociedad, por la trascendencia del maestro en la formación de ciudadanos rectos, emprendedores, responsables y justos, cualidades morales que contribuyen al desarrollo y grandeza de una nación.

4. En lo que respecta a salario, es justo y necesario revisar la escala salarial del magisterio, de modo que guarde correspondencia con la elevada responsabilidad social que  corresponde al maestro, en la construcción  de la patria grande, que soñara Darío.

El autor es psicólogo, Doctor Honoris Causa de la Unan-Managua.
naserehabed@hotmail.com

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