Daniel Ortega admite farsa al sentarse con OEA

El exdiputado opositor Enrique Sáenz analiza el papel de la OEA y la aceptación sorpresiva de diálogo de Ortega.

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La abolición de las instituciones y el culto a su personalidad son rasgos del régimen de Daniel Ortega. LA PRENSA/M. ESQUIVEL

El exdiputado opositor Enrique Sáenz valoró este domingo que la Organización de Estados Americanos (OEA) está poniendo en práctica su función de “promover el cumplimiento de la Carta Democrática”, mientras el ejecutivo de Nicaragua admitió con su voluntad de conversar con el organismo las irregularidades cometidas en los comicios de noviembre.

Sáenz es uno de los miembros de la comitiva opositora que viajó en julio pasado a Washington, capital de Estados Unidos, para informar al secretario general de la OEA, Luis Almagro, sobre la situación de Nicaragua, que elegirá formalmente autoridades el próximo seis de noviembre. Los críticos de Ortega denuncian desde hace meses una farsa electoral.

“El corazón de este compromiso internacional es la democracia representativa, que fue demolida por (Daniel) Ortega con la farsa electoral, la destitución de los diputados y la apropiación del poder judicial y el conjunto de la institución pública”, recordó Sáenz.

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La excandidata a vicepresidenta de Nicaragua, Violeta Granera (de falda) y los diputados Luis Callejas, Wilber López, Enrique Sáenz, Carlos Langrand y la diputada Edipcia Dubón, expusieron ante el secretario general de la OEA, Luis Almagro, en Washington, la crisis política en Nicaragua.

La delegación de opositores, que visitó a Almagro, le informó que Ortega, instrumentalizando a la Corte Suprema de Justicia, quitó la representación legal del Partido Liberal Independiente (PLI) al dirigente opositor Eduardo Montealegre, con lo que la oposición se quedó sin casilla electoral para participar en los comicios presidenciales. Después el Consejo Supremo Electoral cerró más las oportunidades de la oposición de participar en las elecciones, suspendiendo la personería jurídica al Partido Acción Ciudadana (PAC) que era la otra opción para los adversarios de Ortega.

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Almagro se pronunció a favor de elecciones libres y transparentes en Nicaragua desde la visita de julio. Pero fue cuando el secretario general de la OEA cuestionó al régimen de Nicolás Maduro que el gobierno de Ortega pidió su renuncia, acusándolo de “injerencista”.

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El 16 de octubre pasado, tanto el gobierno como la OEA informaron que entablarían un diálogo, después que el organismo le hizo llegar un informe sobre las elecciones de Nicaragua.

Según Sáenz, esto ocurre bajo el marco del artículo 18 de la Carta Democrática Interamericana “cuando en un Estado miembro se produzcan situaciones que pudieran afectar el desarrollo del proceso político institucional democrático”.

Sáenz dijo que “hay un reconocimiento tanto de Ortega como de la OEA, de que las elecciones son irregulares”. Aseguró que eso no va a cambiar en los noventa días, que es el plazo que se pusieron ambas partes para rendir un informe sobre las pláticas, el cual podría darse por separado si no logran ponerse de acuerdo. “Hasta los más encendidos seguidores de Ortega están claros (de la farsa). Ahora nos toca librar la batalla por elecciones libres y por restablecer la democracia. Una batalla que requiere movilización popular y concertación política”, manifestó.

La espada de Damocles

El exdiplomático y experto en temas electorales, José Dávila, opinó que Ortega quiere dar la apariencia de “apertura” y de que “está dispuesto a dialogar”.
“Después de las elecciones Ortega intentará dar una cucharadita de apertura, pero Nicaragua necesita una apertura amplia, seria, en que se recomponga la democracia, no creo que Ortega lo haga así, pero tratará de demostrar que quiere cambiar algo”, expresó Dávila.

Las conversaciones con la OEA ocurren cuando aún está pendiente de aprobar una ley en el Senado de Estados Unidos, que condicionaría los préstamos de organismos internacionales a Nicaragua, mejor conocida como Nica Act, a la realización de cambios en el sistema democrático de Nicaragua, en casos concretos como las violaciones a los derechos humanos y también en la falta de transparencia electoral en estos comicios.

El efecto boomerang

El analista político y disidente del partido gobernante que dirige Daniel Ortega, Oscar René Vargas, es uno de los que cree que el ejecutivo busca atrasar la aprobación de la iniciativa de Ley Nica Act. “Es una movida táctica. Sin embargo, sin cambios reales en la política nacional podría tener un efecto boomerang”. Ortega busca una segunda reelección consecutiva este noviembre, después de diez años continuos en el poder. Esta vez lleva como su candidata a vicepresidente a su esposa, Rosario Murillo.