La crisis de Venezuela nos afecta a todos

La crisis política, económica, social y humanitaria que sufre actualmente Venezuela está llegando al máximo grado de agudización.

Editorial, diálogo en Venezuela

La crisis política, económica, social y humanitaria que sufre actualmente Venezuela está llegando al máximo grado de agudización.

La multitud de venezolanos que salen a la calle para exigir el fin del gobierno de Nicolás Maduro, la huelga general convocada por la oposición y otras formas de rebeldía cívica que están en desarrollo, lo mismo que el desafío institucional a la dictadura por parte de una Asamblea Nacional que tiene mucha legitimidad democrática aunque no sea reconocida por Maduro, tienen a Venezuela al borde del abismo pero también a orillas de una salida de la crisis, la cual solo puede ser democrática.

En la reunión que los expresidentes de varios países latinoamericanos y de España sostuvieron la semana pasada en Miami para discutir sobre la crisis de la democracia en Nicaragua y Venezuela, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, declaró que la legitimidad de origen del presidente Nicolás Maduro había caducado al impedir la realización del referendo revocatorio del mandato presidencial y anular dictatorialmente las facultades de la Asamblea Nacional. “Lo que pasa en Venezuela nos afecta a todos” expresó Almagro y agregó que “hay que pasar a acciones concretas”.

Pues bien, el pueblo de Venezuela le ha tomado la palabra a Almagro al desconocer al régimen de Maduro y el secretario de la OEA también debería realizar acciones concretas, como él mismo lo pidió en Miami.

En foro sobre la crisis de la democracia en Venezuela y Nicaragua, se puso en claro que los dos países sufren la misma enfermedad, causada por el virus del populismo autoritario. La diferencia radica en que en Venezuela el mal está mucho más avanzado que en Nicaragua, de manera que la crisis de Venezuela ya no admite paliativos, requiere de un cambio drástico ahora mismo.

Eso no se debe entender como que la oposición venezolana rechaza el diálogo y la mediación del Vaticano. Lo que plantea es que el diálogo no puede ni debe ser para salvar al régimen de Maduro, sino para sacarlo del poder con el menor costo social, político y humano que sea posible. El referendo revocatorio o la elección presidencial el próximo año, con garantías claras y verificables, podrían ser la solución democrática apropiada.

En Nicaragua el mal de la dictadura se ha desarrollado pero no ha avanzado tanto como en Venezuela. El virus orteguista ha dañado órganos vitales de la democracia, como las elecciones limpias, la independencia de poderes y el Estado de Derecho, pero todavía se puede impedir que llegue al extremo de Venezuela si se aplican a tiempo las correcciones necesarias.

Esta podría ser la idea y la estrategia de la OEA en Nicaragua, o mejor dicho de su secretario general, al abrir un diálogo político con el régimen orteguista escuchando al mismo tiempo a la oposición. Lo que hace falta es que los esfuerzos opositores por rescatar la democracia tengan más apoyo de los ciudadanos, que la gente entienda que la restitución de la democracia es para el bien de todos los nicaragüenses.