EE. UU.: aborto y conciencia

Durante la actual contienda electoral (2016) en los Estados Unidos (EE. UU.) ha sobresalido el tema del aborto.

Durante la actual contienda electoral (2016) en los Estados Unidos (EE. UU.) ha sobresalido el tema del aborto. Los conservadores, que abogan por el derecho a la vida, encuentran moralmente repugnante el entusiasmo con que la izquierda trata de atrapar el voto femenino por medio de la promoción de los servicios de esa subsidiada “industria”.

Esa industria ha sido expuesta como un sector plagado de corrupción y es calificada como el imperio de la muerte infantil patrocinado de forma masiva por los dólares de los contribuyentes de EE. UU.

Dado que muchos aseveran que esto es un factor decisivo para la elección del próximo presidente, se hace inevitable señalar el valor que cada líder profesa por el género humano.

Efectivamente, el presidente estadounidense Ronald Reagan proclamaba que “la verdadera pregunta no es cuándo comienza la vida, sino: ¿Cuál es el valor de la vida humana?” Reagan abrigaba un alto respeto por la humanidad; igual que madre Teresa, quien decía que “el aborto es un crimen que mata no solamente al niño o niña sino a la conciencia de todos los involucrados”.

En 1984, siendo presidente, Reagan publicó un ensayo, El aborto y la conciencia de la nación. “Significativo evento”, a como lo anotó un columnista, “que Reagan escogiera la quietud de la palabra impresa para responder a los dictados de su conciencia y hablar moral y reflexivamente a su pueblo”. Un verdadero testamento de fe sobre el sagrado valor de los seres humanos.

Y mis preguntas se aproximan a las de aquellos defensores de la vida de los que aún no nacen, en cuanto estos son condenados a muerte por el simple hecho de que alguien decide que puede vivir mejor sin ellos.

Esto es la resurrección de Herodes en un mundo moderno que ha ido, paso a paso, perdiendo sus valores y arbitrariamente haciendo resurgir la matanza de los inocentes. Es por eso que debe hablarse sin reservas acerca de la inviolabilidad de la existencia y de ninguna manera permitir la justificación del aborto como medio de mejoría de la calidad de vida de los que creen e insisten en tal acto. Esto no es diferente al infanticidio que se cometía en regiones de la China contra las hijas mujeres, en respuesta a los programas estatales de planificación familiar (1978-2015) que solo permitían un descendiente por familia.

El silencio que hoy rodea a esta acción brutal es el mismo silencio sísmico que estremeció a algunos rincones de la China. El mismo silencio que ensordece la conciencia ante los genocidios que cometen los dictadores. ¿Por qué nos volvemos sordos ante los alaridos de estos holocaustos? De ahí que Ronald Reagan cita en su obra a John Donne: “La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad, por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”.

Sin duda esta es la mayor crisis moral de nuestros tiempos: el irrespeto a la vida. Por eso es que todos tenemos la obligación de levantar la voz cuantas veces se pueda y sí, en la quietud de la letra impresa para hablar contra el aborto, el infanticidio, la violencia de género, el genocidio y también, enfáticamente, contra las tiranías y las dictaduras, porque en el corazón del déspota no cabe el respeto a la vida.

Si por capricho se decide que una persona no debe nacer, igual se decidirá si un recién nacido no tiene derecho a vivir y luego cualquier ciudadano y por cualquier razón. Es cosa de conciencia, de valores y de visión.

Acaso, como enfatiza Ronald Reagan, el médico que practica el aborto no se cerciora que cada parte de ese pequeño ser humano sea extraída del cuerpo de la madre. Así mata el asesino a su víctima y el tirano a su enemigo; viéndole a los ojos, consciente de su existencia, pero sin mirar el alma de la persona. No importa la edad del ser humano o la justificación que se tenga para quitarle la vida, en todos los casos el crimen es igual. Nadie tiene derecho a gozar de mejores cosas a expensas del sacrificio humano.

El autor es economista y escritor.