Amada amor del campo al teatro

La obra de teatro Amada Amor nace del campo y se empodera en la escena popular nicaragüense, aunque muy lejos a nivel actoral y estética de su puesta original, allá en los años del teatro revolucionario.

La obra de teatro Amada Amor nace del campo y se empodera en la escena popular nicaragüense, aunque muy lejos a nivel actoral y estética de su puesta original, allá en los años del teatro revolucionario, cuando la dirigió el maestro Alan Bolt, con el grupo de teatro Nixtayolero.

Aunque presente las mismas cuatro historias relacionadas con la equidad de género, el grupo Tecun Umani, dirigido por el veterano teatrista Gerardo Molinares, no logra la fuerza escénica de obras anteriores, como de Macho a macho, que recorrió diferentes lugares del país y que impactó en la conducta de la masculinidad de diferentes sectores agrícolas y comunales del país.

Esta falta de fuerza actoral se debe a la participación de noveles actores junto con los ya consagrados del grupo, que cuentan con una vida actoral de 20 años de creación colectiva y puestas en escenas, pero este desnivel en la actuación es una propuesta de experimentación, en cuanto al montaje nace desde una novedosa perspectiva de la escuela de teatro que lleva el nombre del fallecido actor Valentín Castillo.

La escuela de teatro cuya sede es La Praga, a las afueras de la ciudad de Matagalpa, no tiene un diseño académico, mucho menos pretende dar un diploma como parte de una culminación de una carrera actoral, porque la puesta en escena se vuelve la escuela misma, que nació desde las comunidades, del trabajo con jóvenes, quienes participaron en talleres de género, de masculinidad, donde salió por ejemplo, la obra de teatro La Martina, que trata de la violencia contra las mujeres.

Esta escuela tiene seis grupos en Matagalpa, cuatro en Jinotega y tres en Madriz, constituyendo una red de grupos cuyo enfoque es equidad de género, derechos humanos y la defensa del medioambiente, aunque sobre todo pretende el fomento y desarrollo de un teatro popular, sustentado en el análisis de la realidad, con una dramaturgia, según Gerardo Molinares, que sea trasformadora, que guste en su expresión estética, que divierta, pero que busque la reflexión hacia el cambio social de su comunidad y del entorno mismo, sea campo o ciudad.

Aunque Amada amor rescata las tradiciones populares al introducir la música y la danza, no logra una propuesta estética de la puesta en escena, al no diferenciar bien cada una de las historias, al no quedar bien claras a veces las imágenes teatrales, pero sobre todo el mal uso de escenario, que se vuelve un caos con la utilización de los canastos y de la carreta que se encuentra en el centro del mismo.

Es posible que a este montaje de Amada amor, del grupo Tecum Umani, le falte más ensayo, pero sobre todo mayor trabajo actoral y dramatúrgico en la puesta en escena; que al final de cuenta lo podrán lograr, porque tienen amor al teatro, que lo visionan orientado desde una conciencia crítica, un teatro que hable del mundo rural del campesino, pero sobre todo el teatro como diálogo, visto como un arte para y por la reflexión, especialmente orientado como herramienta de una búsqueda de valores, de cambio de mentalidad, hacia una nueva forma de percibir la vida.

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