¡No hay por qué preocuparse!

Podría asegurar que la causa principal de las preocupaciones en una persona es porque se encuentra lejos de Dios. La mayoría de los creyentes sabemos que robar, matar, mentir o agredir son pecados que desagradan a nuestro Padre celestial

Podría asegurar que la causa principal de las preocupaciones en una persona es porque se encuentra lejos de Dios. La mayoría de los creyentes sabemos que robar, matar, mentir o agredir son pecados que desagradan a nuestro Padre celestial, sin embargo preocuparse también es pecado, porque al preocuparnos ignoramos la promesa de Jesús que nos dice: “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso”. Mateo 11:28

Cuando nos enfocamos en un problema para darle solución por nuestros medios, nuestra mente se deja llevar por la preocupación. Sin embargo, nuestro Señor Jesús nos dice: “…no se preocupen, diciendo: ¿Qué comeremos? o ¿qué beberemos? o ¿con qué nos vestiremos? Porque los gentiles (no creyentes) buscan ansiosamente todas estas cosas; que el Padre celestial sabe que ustedes necesitan… Pero busquen primero Su reino  y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas…” Mateo 6:31-34.

No tiene nada de malo trabajar en función de cumplir metas en la vida. Pero cuando el hombre se afana por conseguir paz, estabilidad y seguridad en las cosas materiales de este mundo, tal es el caso del dinero, trabajo o en los negocios, deja de depositar su confianza en Dios, para entregar su tranquilidad a sus capacidades o bienes. Por tanto, el origen de una vida preocupada es la lejanía y desconocimiento de Dios.

Ahora preguntémonos, ¿es bueno, agradable o productivo preocuparse? Por supuesto que no. La mayoría de las enfermedades son provocadas por una vida de tensión, agitada e intranquila. Las úlceras, gastritis, artritis, presión alta, dolores de cabeza, mal humor o ataques al corazón son el resultado de una vida de preocupación. Pero si tenemos fe en la palabra del Señor Jesús, su poder se manifestará en nuestra vida y en medio de las dificultades, Él siempre nos dará la respuesta. El vencer las preocupaciones no depende de nuestras capacidades, sino de que tan entregados estamos a Dios.

Hace poco me compartieron un fragmento de un texto que decía: “Muchas personas no hacen más que repetir que están enfermas, muy enfermas y terminan en el hospital. Si repitieran: por las llagas de Cristo fuimos sanadas, vivirían saludables”. Las preocupaciones son pecado, nos enferman y retrasan las bendiciones de Dios en nuestra vida.

Las preocupaciones se logran dominar cuando depositamos nuestra vida entera al Señor, porque si confiamos todo lo que hacemos en las manos del Señor, nuestros planes tendrán éxito, pues así nos confirma el libro de Proverbios 16:3. Confiar en el Señor con todo el corazón, nos hace no depender de nuestro propio entendimiento, sino que su voluntad nos mostrará cuál es el camino que debemos seguir. Proverbios 3:5.

¿Por qué es ridículo preocuparse? Porque el ser humano es creatura y hechura Suya. Dependemos totalmente de Dios, y la prueba más fehaciente de nuestra total dependencia en Él es que no podemos ni siquiera sobrevivir sin el aire y el agua que Él mismo a diario decide darnos. Dio creó la tierra y tiene  dominio de ella, la mantiene y permite que todo funcione. Si somos sus hijos, ¿por qué preocuparnos?

El apóstol Pedro en su primera carta nos anima diciendo: “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque Él cuida de ustedes”. Amados hermanos, venzan las preocupaciones enfocando sus pensamientos en  lo puro y bueno que ha hecho Jesús en sus vidas, no pierdan la confianza que Él nuevamente lo hará, pues es fiel y justo para con sus hijos.

El autor es Presidente Asociación Cristiana Jesús está Vivo

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