El día que el volcán Casita sepultó a miles de nicaragüenses

El 30 de octubre de 1998 ocurrió el deslave del volcán Casita, en Chinandega. Este es el artículo publicado por LA PRENSA sobre la tragedia

Portada de LA PRENSA del 2 de noviembre de 1998, sobre el deslave del volcán Casitas.

A finales de octubre de 1998, el Huracán Mitch azotó toda Centroamérica. A su paso por Nicaragua, causó miles de muertes. El 30 de octubre provocó el deslave del volcán Casita, en Chinandega, que sepultó a miles de personas. Un día después, Ineter declaró Estado de Emergencia Nacional.

Esta es la crónica de aquella tragedia contada en las páginas de LA PRENSA el 2 de noviembre de 1998. El texto fue escrito por los periodistas Freddy Potoy y Elízabeth Romero, y cuenta el drama de los supervivientes.  La crónica está construida a través del relato del fotoreportero Germán Miranda, quien cubría la noticia.

“Pensábamos que era un avión, luego nos cayó la tempestad”

Las escenas de esta tragedia son impresionantes. Dos niños víctimas del alud necesitaban ser trasladados de urgencia la noche de ayer. Se desconocen los nombres de los menores y al parecer no tienen familiares.

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El niño, de ocho años de edad, sufre de una herida profunda en la pierna, que se ve hasta el hueso. La herida, según los médicos que lo atienden está infectada.

La otra víctima es una niña de cinco años, quien perdió el cuero cabelludo por el lodo. Para identificarlos los médicos les pusieron un brazalete que dice Chinandega-Posoltega. “Tienen más posibilidades de vida si son llevados a Managua”, dijo la Dra. Doris Juárez, directora del SILAIS, Chinandega, quien urgió de antibióticos y criticó el insuficiente abastecimiento de medicamentos que le mandaron de Managua.

“Aunque envié una lista, al parecer en Managua minimizaron la tragedia. No hay material de reposición periódica”, expresó la galeno.

Brigadas de rescate y salvamento organizadas por el Ejército, Defensa Civil, Bomberos y Cruz Roja, se encuentran en el lugar en una carrera contra el tiempo para evitar que se desate una epidemia de grandes proporciones.

Al momento, las brigadas de rescate han sepultado a 323 cadáveres, encontrados sólo en el sector de El Porvenir hacia arriba. En Chinandega 103 personas están siendo atendidos en el Hospital España y Mauricio Abdaláh.

Según testigos de la tragedia, unos 200 cuerpos sin vida se encuentran sin ser sepultados todavía. No obstante las brigadas de rescate no habían penetrado al sector.

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“Eran las 11 de la mañana cuando una tempestad de agua con lodo se nos vino encima. Lo que agarraba se llevaba”, expresó Carlos Alberto Castellón, quien perdió a dos de sus hermanas. Después que empezó la tempestad, él no sabía qué había pasado. “No sabíamos nada, nos juntamos y salimos de la casa corriendo. La corriente venía, nos valió que nuestra casa estaba entre las últimas de la comunidad, por eso sobrevivimos. Me arrastró como kilómetro y medio, sólo sentía que la corriente me daba vueltas. En lo profundo sólo sentía piedras, palos, techos de las casas. Salí, solo”, dijo en tono triste y estremecedor el campesino, quien se encuentra en el Hospital España de Chinandega, donde es atendido de raspones y quebraduras que sufrió en el alud.

El campesino, originario de El Porvenir, calcula que habían unas 90 casas de las cuales, dice, no quedó nada. Entre los hospitales España y Mauricio Abdaláh, en Chinandega han empezado a hacer frente a la emergencia vivida, para la atención de los primeros sobrevivientes evacuados.

Chichigalpa perdió la calma. Centenares de personas acuden al estadio local a pedir información y saber por la suerte que corrieron sus familiares o reconocer a los heridos, golpeados o fracturados.

Hasta horas de la tarde de ayer, los bomberos y helicópteros del Ejército habían hecho traslados urgentes a un total de 130 personas que se encuentran distribuidas en los dos hospitales antes mencionados.

Huracán Mitch
Ejército de Nicaragua trasladando personas heridas por el deslave del volcán Casitas en Posoltega. LA PRENSA/ARCHIVO

Los relatos son desgarradores, aunque no hay muchos detalles sobre el inicio del derrumbe.“Se nos vino encima el cerro”, así se resume lo que vivieron los campesinos y esa es la afirmación de César Morales, uno de los sobrevivientes, quien habló cuando era trasladado a uno de los hospitales de Chinandega. Morales resultó con la clavícula fracturada.

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Por la tarde, las brigadas de rescate no habían penetrado a sectores como El Ojochal, donde se dice que no hay sobrevivientes y donde se asegura que unas 200 personas están sepultadas entre el lodo.

El rescate se hace difícil, las brigadas tienen problemas para avanzar por lo movedizo del suelo. Los sepultados hasta el momento fueron del sector de El Porvenir Arriba, siempre sobre las faldas del Volcán Casita.

Rosa Alejandra Osejo Martínez, tiene 31 años, es originaria de El Porvenir, con su cara triste, perdida en el vacío, inflamada por los golpes, casi no puede hablar. “Perdí mis tres niños”, fue lo primero que relató.

Ingrid Selena, de dos años; Guisella, de tres y Edelma, de cinco, son las tres niñas que la campesina Rosa Alejandra está con la fe en Dios que aún encontrará, aunque ella sabe que están muertas.

LA PRENSA/GERMÁN MIRANDA

“Mi madre también la perdí”, dice angustiada. Su madre de nombre Luisa Osejo, se encontraba en el interior de la vivienda, junto a Ingrid Selena. Rosa Alejandra y su marido se encontraban en el patio, junto a dos menores que son los únicos que encontraron rescatar.

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“Nos arrastró el agua, y nosotros no supimos qué hacer. De pronto lo que oímos fue un ruido, pensamos que era un avión, pero cuando vimos era la tempestad, caía hasta la última casa de la comunidad. A como pudimos salimos, sentía un dolor en el cuerpo y sólo clamaba a Dios que me salvara a mí y a mis niños, después no supe nada, hasta que pudimos salirnos del lodazal”, relató la campesina, quien se encuentra hospitalizada en el centro asistencial de Chinandega.

¡Espeluznante!

Tragedia horrorosa del Casita no tiene precedente en toda la historia nacional.

Germán Miranda lloró cuando vio centenares de niños aplastados por el alud del Volcán Casita. Sintió que el llanto de los inocentes jamás se volverá a escuchar en las comunidades de Versalles y Santa Narcisa. Ahora todo es una dolorosa, cruel y triste historia de una situación macabra donde sólo reina el fantasma de la desgracia.

Cuando nuestro compañero de labores llegó a la redacción de LA PRENSA, su relato fue simplemente brutal y desgarrador. Guardando las distancias, recordó que en algo se parecía esta tragedia a la desgracia causada por el Nevado del Ruiz, en Colombia. (En noviembre de 1985, dos erupciones del volcán Nevado del Ruiz, en Colombia, sepultaron 14 aldeas y pueblos y causaron la muerte de unas 25 mil personas).

Su corazón fue sacudido como si se tratase de un sismo cuando miró una madre embarazada con el vientre roto y el feto saliéndose en medio del lodo. Miranda sintió un nudo en la garganta. “Jamás en mi vida había encontrado tantos cadáveres juntos, tirados, sin que nadie les haga caso, ni siquiera en la guerra. Comprendí que cuando uno está muerto es un despojo porque hay otras prioridades, como es salvar los sobrevivientes. Sentí cómo uno pierde el valor de ser humano”, narró Miranda.

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Miranda observó que los cadáveres se detuvieron cuando impactaron contra ramas de árboles o bancos de lodo. “Miré muchos niños muertos incrustados en el lodo o en los palos. Miré piececitos, manitas y cuerpecitos que salían del lodo, ya en estado de descomposición. Los cuerpos están con los pies y brazos quebrados”, detalló nuestro compañero de labores, no sin antes llorar en silencio y continuar con voz entrecortada.

Por todos los costados de las faldas del Volcán Casita donde anduvo Miranda sobrevolando en un helicóptero de la Fuerza Aérea, pudo mirar con pánico y un escalofriante terror, los lugares donde habían montones de muertos. Algunos tenían colores verde, amarillento, morado. El hedor es insoportable en los lugares sepultados por el lodo.

La gente que quedó viva llora porque no tiene comida, ni agua y no saben cómo se alimentarán hoy porque ni siquiera la Fuerza Aérea puede penetrar hasta el lugar del desastre. Las labores del rescate se dificultarán porque hay muchos bancos de lodos movedizos.

Heridos y muertos por el deslave del volcán Casitas en Posoltega. LA PRENSA/}GERMÁN MIRANDA

“Sentí nudos en la garganta cuando miré a los niños con sus ojitos extraviados, acostados, quejándose de dolor; es horrible ver a un niñito cómo saborea con avidez una gotita de agua en sus resecos labios en un lugar como ese. También me golpeó mucho ver los niños muertos”, describió Miranda.

La tristeza con que Germán Miranda reporteó en una zona de desastre como el Volcán Casita, no le impidió entrevistar por segundos a un niño que fue rescatado con el cráneo partido y al borde de la muerte. “El lodo me arrastró como 250 metros”, fue el breve comentario crudo y demoledor que brindó el pequeñito Moisés Enrique Salgado Centeno, de once años, salvado en El Ojochal, comunidad afectada por el derrumbe.

Miranda dice que las dantescas imágenes que grabó en su mente lo dejaron traumado. Las imágenes que captó con su cámara son demasiado crudas, pero cree que servirán para que la gente valore la magnitud de este desastre.

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La gente ha pasado varias noches sin comer ni beber agua. Hay personas que están vivas, pero atrapadas por el lodo e inevitablemente heridas o fracturadas, que podrían perecer si  la lluvia no cesa en la zona del alud. Las noches son tenebrosas y ni siquiera se escucha un susurro. “¡Es horrible!”, dijo Miranda.

El Volcán Casita está cubierto de brumas y como si supiera el despreciable daño que ha hecho, no permitió hasta ayer que se observaran sus partes altas.

En Santa Narcisa se evacuaron decenas de heridos, el helicóptero realizó dos viajes y después las autoridades militares, el alcalde de Chinandega y la tripulación se dirigieron hacia las faldas del volcán. Don Erick Antonio Salgado le dijo a Miranda que él escuchó un ruido como de 12 helicópteros a la vez, después sintió que era el alud y vio que el volcán comenzó a derrumbarse.

Bismarck Espinosa lloraba desconsoladamente y se sentía impotente por no poder buscar los cadáveres de sus familiares. Espinosa perdió a su mamá, María del Carmen Hernández; sus tíos Encarnación, Norma y Pastora y sus hermanos José Ernesto, José Gabriel y Teresa, más tres sobrinos y siete primos de Bismarck.

Árboles, piedras y lodo es el escenario que se observa en las laderas del volcán. Los helicópteros sacaron gente de las comunidades Rolando Rodríguez, El Porvenir y Versalles, estos dos últimos lugares estaban urbanizados, había un ambiente comercial y sus calles eran adoquinadas.

La gente que trabaja en labores de rescate con los campesinos de la zona se organizaron y procedieron a concretar en determinados lugares a los enfermos para facilitar la evacuación.

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“Cuando estábamos sobrevolando por todas pares se miraban árboles, cañadas y ríos, de donde salían manos haciendo llamado al helicóptero”, dijo Miranda.

Miranda dijo que la gente que viajó en el helicóptero tuvo la oportunidad de estar a la orilla de las comunidades que fueron víctimas del alud y “nos metimos a pocos metros porque es imposible entrar por la gran cantidad de lodo. Vos ponés un pie y te hundís. La cantidad de lodo es increíble y eso es un factor que dificultará la sacada de los muertos”.

Los cadáveres están boca abajo, boca arriba, con los pies de fuera y de todas formas, según Miranda. “Más abajo de donde estuvimos había una madre y un padre que se aferraron a su hijito para protegerlo, pero los tres quedaron prensados en el lodo”, comentó Miranda.

Ahora, en toda esta zona no existen ni señales de que hubo casas. Los caseríos de Versalles y El Porvenir fueron arrasados con familias y poblados enteros. La dimensión del alud fue de más de 15 kilómetros de longitud y dos de ancho.

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Al parecer las fumarolas que tiene el Volcán Casita recogieron agua, que con el peso y la humedad la tierra cedió y luego se desbordó sobre los poblados.

Una vez más, la naturaleza que es la misma vida, mostró su inmenso poder dejando a su paso muerte y destrucción y tatuando su huella en cada uno de los corazones de los nicaragüenses que hoy lloramos la terrible partida de tantos seres humanos.

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